El deseo cumplido (después de El deseo y El deseo crece)

Por Pitanga
Enviado el 26/09/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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MIEDO. Es miércoles y no cogemos desde el día de campo. Me meto en la cama y busco arrimarme a mi mujer. Estoy cansada, me dice. No insisto, yo tampoco tengo gana. No tenemos libido para polvitos. Vamos derecho a los fiesteros del finde. Es así desde que nos confesamos mutuamente y mientras cogíamos, nuestra calentura con Martín, el pendejo, como le gusta llamarlo a ella cuando se entrega por completo a la fantasía.   

Otra: de eso no se habla. Cuando acabamos caemos en el silencio. Nada, ni palabra sobre lo que acabamos de hacer. A mí me da vergüenza. Creo que a ella también. Y miedo.

VARIANTE. Es viernes. Volví temprano. Nos sentamos en el sofá. ¿Vos cómo crees que se pasa? ¿Qué? Pregunto sin entender. ¿Qué va a ser? La calentura que tenemos con él, aclara. Me quedo callado. No sé, respondo al fin. Nunca me pasó. ¿Nunca te agarraste una calentura de puta madre? No con un tipo, confieso avergonzado. No importa con quien, calentura habrás tenido más de una. Y sí. Pero nunca me pasó que alguien se me montara entre ceja y ceja así. ¿Te pajeaste? Además de disfrutarlo conmigo ¿te pajeaste? Demoré, pero le contesté la verdad. Sí. En estos días me pasó más de una vez que si no me pajeaba no podía ni trabajar. No me puedo concentrar. Pienso en él todo el tiempo. Pero nada más que para coger, obvio. ¿Y vos? Le pregunto. ¿Yo qué? ¿Te pajeaste? Me pasa lo mismo que a vos. Me vienen los pensamientos en cualquier momento y en cualquier lugar. Las calenturas son así, te invaden, no piden permiso. ¿Y entonces? ¿Entonces qué? ¿Te pajeaste pensando en él? Más vale. Creo que no hay rincón de la casa donde no me lo haya garchado. La miro con disgusto. Lo mismo que te pasa a vos, me dice y tiene razón. Pero igual me molesta. Si te ponés así no lo vamos a poder resolver. ¿Así cómo? Enojado. No me enojo. Entonces aceptá que estamos los dos metidos hasta acá con el pendejo. Para mí tampoco es fácil, pero lo asumo y quiero resolverlo. ¿Cómo? Le pregunto. Hay que enfrentarlo. Los dos, para que no haya traición ni culpas. Vos querés decir… Quiero decir que tenemos que probar, a ver si es pura fantasía o qué. Es la única manera de que se pase una calentura como esta. Y no arriesgarnos a que nos agarre por separado y nos coja, y el que quedó afuera se quede con los cuernos. No, le digo, si uno no quiere no lo coge nadie, digo. Sí, pero no me digas que si te avanzaba en la ducha no te cogía porque no te creo. No sé. ¿No sabés? ¿O no lo querés admitir? No sé. Bueno si no sabés te lo digo yo, si te avanzaba en la ducha te cogía como el mejor. Y es así, hay situaciones que se dan y no las podés parar. Yo en el campo cuando me subió a los hombros y rocé la concha contra su cuello me empapé. Es así, lo veo y me meo. Me lo quiero comer. Pero siempre en situaciones imposibles, lo que quiero ver es qué pasa si se da donde se puede. Y te digo más, cuando vos estás me calienta mucho más. Es morbo a full, saber que los dos lo queremos coger y tenerlo ahí, sabiendo que vos pensás lo mismo que yo, me re calienta. ¿Entonces? Llamalo. ¿Cuándo? Ya. Decile que te traiga fumo y que lo invitamos a comer y a tomar una cerveza. Dale, llamalo.


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