LA DAMA DE SHANGAI (PARTE 1)

Por MORRIS
Enviado el 26/09/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Después de pasar seis horas en un horrible vuelo aguantando como la honorable anciana del sitio de al lado me relataba sus venturas y desventuras de la guerra, por fin llegamos a destino.

Esta vez mi trabajo me lleva a Shangai; la verdad es que hubiera preferido un destino algo más occidental, pero como en esto y en otras muchas cosas no soy yo el que decide. Así que más vale resignarse y completar con éxito lo que se me manda.

Lo mío es quejarme de vicio, no se trabaja tan mal: hoteles de mil estrellas, coches de lujo, buenas compañías femeninas….

Lo único es no poder tener una residencia fija por mucho tiempo, pero así lo elegí yo.

Una ducha en el hotel, ordenar la ropa, un poco de descanso y preparado para salir a hacer un poco de turismo. Es sábado y hasta el lunes no tengo la reunión.

Mi mirada va perdida entre tanto palacete y templo religioso. La suntuosidad de las construcciones hace un claro contraste con la pobreza reinante en las calles. Aquí el que es rico, es muy rico, y el que es pobre… mejor no contarlo.

Los cientos de puestos ordenados caóticamente en las estrechas calles de la ciudad, llenan de color y aromas extraños todos los recovecos de la misma. Aquí se puede encontrar de todo. Desde adornos para la casa hasta...llamémosle comida exótica.

Con tanta distracción no me he dado cuenta de que ya se ha hecho de noche y estoy perdido en una ciudad extraña. No se cómo he ido a parar a los bajos fondos de la ciudad, justo al lado del puerto.

Callejones sin salida, mala iluminación y ese inequívoco olor a pobreza reinante en el ambiente que te llega a poner los pelos de punta.

En cualquier momento puede ocurrir algo no grato para mi persona pues parezco una fresa en una tarta de nata… ¡paso totalmente desapercibido!

Al final del oscuro callejón puedo vislumbrar el contorno de una mujer que parece me observa bajo la tímida luz de una farola asediada por decenas de mariposillas nocturnas.

Me voy acercando y cuando parece que la tengo a mi alcance, desaparece entre las sombras como si quisiera que la persigan.

Intrigado, hago lo propio. Desafiando a todos los miedos racionales, me introduzco aún más en el laberinto de estrechas y húmedas callejuelas siguiendo a una sombra.

Cansado y temeroso, me doy cuenta de que estoy completamente perdido en medio de una plazoleta rodeada de soportales y balconcillos en la parte superior de las casuchas.

Al final, bajo un potente foco de luz una dulce voz de mujer me llama en un idioma totalmente desconocido. Su figura se contonea bajo la luz y hago acopio de todo el valor del que soy capaz para enfilar los viejos escalones de madera que crujen a mi paso hacia las alturas.

Como si estuviera hipnotizado, mis ojos son incapaces de retirar la vista de aquella perfecta extraña, el perfume que emana de su piel anula todos mis sentidos. Solo alcanzo a ver muy fugazmente que lleva los ojos escondidos tras un antifaz de raso negro que se camufla entre su larga melena oscura.


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