YO LO VIVI

Por agilius
Enviado el 04/10/2014, clasificado en Terror
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YO LO VIVI…

Seguramente hay artes ocultas y paganas de las que el ser humano no este al corriente, y que algún día saldrán a la luz para lo bueno o lo malo.

NOTA DEL AUTOR.


Ocurrió un verano de hace ya…, bastantes años de los que ya he vivido hacia adelante, y me parece que fuese ayer todavía, cuando la niñez me alumbraba con la chispa de la inocencia.

Nos alojábamos en un apartamento junto al mar. El gran azul, la belleza de la que siempre seré fiel amante: nunca traicionaría sus aguas por otras que fuesen sucedáneas al baño de salud y regocijo que estas siempre me han dado….

Fue allí donde viví junto a mi hermano y a una de mis primas la historia más fantástica y a la vez poco creíble que aquí describiré.
Seguramente me tomaran por un loco, pero he de decir que no me importa lo mas mínimo; yo se que fue real y después del paso de los años mis acompañantes (ya tan adultos como yo ) lo corroboran cuando nos juntamos.

Todos los días subíamos de pasar la mañana en la citada playa, para encaminarnos a la comida del mediodía y la siesta, que nunca se perdona en el lugar del que provengo.
No recuerdo, pero la verdad es que la habitación debía estar en una planta alta, pues el elevador era siempre nuestra herramienta para subir después de traspasar la puerta del edificio de apartamentos.

Siempre nos encontrábamos (no se si por casualidad) con un hombre enjuto, de mediana edad y chepudo. Sus ojos inteligentes siempre se fijaban en mi hermano pequeño que por entonces iba en su carrito junto a mis padres.
Recuerdo que el “chepudo” tenía una voz un tanto inquietante y macabra; no nos gustaba nada la manera que tenia de mirar al pequeñín de la familia y menos aun los gestos que acompañaban a sus articulados movimientos de manos….

La verdad es que a mi hermano mediano, a mi prima y a mi empezó a asustarnos todo aquel rito diario. Todos los días parecían iguales con respecto al tipo del ascensor.
Siempre estaba hay, su mirada tan pérfida y su sonrisa oscura nos ponía los pelos de punta.
Imaginábamos cosas de las que nuestros padres se mofaban. Éramos niños y como tal nuestras mentes iban más allá de la línea de lo anormal de las situaciones más normales.
Si, por entonces se nos metió en la cabeza que el siniestro personaje era una especie de brujo y que los apartamentos eran su laboratorio para experimentar con el ser humano: en concreto con los pequeños y gorditos niños que se cruzaban en “sus dependencias”….

Ya no queríamos toparnos mas con el, no queríamos que apareciese en nuestros sueños y nos persiguiese para siempre. No queríamos que nos pasara nada malo.
Intentamos convencer a nuestros mayores pero fue inútil. Las fantasías de los niños nunca son tomadas en cuenta; es una pena pero es así, muchas adversidades se podrían evitar si escucháramos a la inocencia que nos rodea a diario….

Aquel día lo quisimos cambiar; en vez de subir por el elevador subimos escaleras arriba para evitar así encontrarnos de nuevo con el “brujo”.
Antes de comenzar la escalada nos paramos ante una gran pantalla de cristal “translucido” el cual reflejaba unas sombras tras de si.
Nos llamo la atención las figuras que se reflejaban ante la pared inexpugnable que teníamos delante.
Si he de decir la verdad, yo juraría que en los días que llevábamos alojados en el recinto veraniego, nunca nos habíamos percatado de la inmensa pared acristalada del holl.

Debajo del pantallaje recuerdo que había una hendidura de unos pocos centímetros por la que nos agachamos a fisgar.
Nos quedamos helados al comprobar lo que nuestros pequeños ojos pudieron ver…; insectos gigantes: saltamontes, arañas, escarabajos….
Estos se encontraban suspendidos en el aire aparentemente quietos y probablemente sin vida aparente.

Aterrados corrimos hacia las escaleras para intentar salvar a la humanidad de aquellos experimentos que allí se estaban orquestando.
Pensé en mi hermanito pequeño y lo “rico” que estaría para esas criaturas de otro mundo más allá de nuestro sistema.

Cuando llegamos a un tramo de escaleras de una planta en concreto, recuerdo que nos topamos con un saltamontes gigante que nos cerraba el paso hacia nuestro destino.
Estaba quieto y pudimos saltarlo con una rapidez ávida de salvación hacia nuestras vidas.
Lloramos juntos de los propios nervios y nunca supimos lo que allí estaba ocurriendo.

Me tomaran por loco o por necio, pero hoy en día se lo que allí viví y estoy tan seguro como que ahora estoy escribiendo esta ultimas líneas….

 

 

 


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