LA MAGIA DE LOS LIBROS

Por Federico Rivolta
Enviado el 07/10/2014, clasificado en Fantasía
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En una vieja y olvidada biblioteca, Oscar halló un libro muy llamativo. La tapa estaba forrada en cuero, con caracteres en relieve y llena de colores brillantes. Lo abrió, pero al instante el texto se cerró solo. Volvió a intentarlo pero éste no se lo permitía; cada vez que conseguía abrirlo unos centímetros, el libro regresaba a su posición original.

Como era un ávido lector, Oscar no se rindió fácilmente y, haciendo uso de todas sus fuerzas, logró ver su contenido.

El libro temblaba en la mesa y Oscar debía mantenerse apoyado en él para que no se cerrara nuevamente. Comenzó a leer y encontró un montón de palabras rimbombantes (como por ejemplo: rimbombante), y esas palabras rimbombantes se repetían una vez y otra vez y otra vez. También abundaban las palabras largas e inusuales, las cuales le ocasionaban intensos dolores en su músculo esternocleidomastoideo, debido a que Oscar sufría de hipopotomonstrosesquipedaliofobia.

Al terminar la página se dio cuenta de que no podía recordar nada importante en todo lo que había leído hasta entonces, pero a pesar de ello planeaba continuar haciéndolo. Quiso dar vuelta la hoja pero ésta pesaba unos cincuenta kilos, era realmente muy difícil leer aquella obra.

En la segunda página se encontró con una lectura aun más densa que la de su predecesora. No había diálogos ni nada que hiciera una pausa entre medio de los largos y densos párrafos; ni siquiera halló una frase que le contara qué era lo que los personajes sentían de una manera concisa.

-– ¿Todo esto tengo que leer? -– pensó desanimado.

Decidió entonces no perder más tiempo y cerró el libro sin saber siquiera de qué se trataba.

Cuando lo volvió a poner en su lugar, sin querer derribó un tomo cuya tapa estaba totalmente opacada por el tiempo y cuyo título se había borrado. A pesar de tratarse de un texto que a nadie le habría llamado la atención, Oscar lo abrió y vio que se trataba de una novela fantástica; su género favorito.

La historia le encantó desde el principio. En segundos recorrió el enorme castillo de piedra y sus cuatro altísimas torres, pero se interesó aún más cuando unos enemigos del reino aparecieron con intenciones de asesinar cruelmente a todo aquel que se cruzara en su camino.

Oscar esquivaba alegremente los ataques de los malhechores, pero uno de ellos clavó su lanza sobre el lado izquierdo del libro, ocasionándole un agujero a la página que estaba leyendo. Debido a esto, algunas de las palabras ________, y Oscar debía detenerse unos segundos para descubrirlas. A pesar de este inconveniente, siguió entendiendo la trama, con excepción de una frase que quedó inconclusa, justo cuando parecía que ________

En la siguiente hoja apareció Sir Ícarus, el héroe de la historia, quien protegió a Oscar con su escudo indestructible, permitiéndole continuar con la lectura. Así, Oscar pudo liquidar el primer capítulo exactamente al mismo tiempo en que Sir Ícarus liquidó a sus enemigos.

Al momento en que empezó a leer el segundo episodio, Sir Ícarus ya se había convertido en uno de sus mejores amigos, y éste lo llevó en su corcel para mostrarle las verdes praderas que rodeaban al castillo.

El largo cabello del héroe se movía por el viento y le daba a Oscar en la cara, dificultándole la lectura. Su cabellera era dorada y brillante como el Sol, y estaba llena de trenzas hechas por jóvenes enamoradas del apuesto paladín. Pero a Oscar no le interesaban en absoluto aquellos detalles; él buscaba una trama, buscaba acción.

–- ¿Buscas acción? -– preguntó Sir Icarus mientras se ponía el casco. Luego, sin esperar la respuesta de Oscar, lo llevó a toda velocidad para mostrarle el Monte de la Triste Historia, un lugar frecuentado por arpías y dragones.

De pronto llegó volando una horrible arpía, su piel era escamosa y repulsiva, sus ojos eran rojos como las llamas del infierno, sus alas…, sus alas no importaban, Oscar salteó el resto del párrafo que describía el físico de la criatura.

Por no leer toda la descripción se perdió partes importantes, como el momento en que la arpía esquivó a Sir Ícarus e intentó atacarlo a él. De todos modos aquello no fue un peligro para Oscar, quien ya había leído todo sobre esos seres en muchos otros relatos y supo cubrirse del ataque con el libro.

Sir Ícarus le dijo que no se preocupara, que él tenía un método infalible para matar arpías, y le pidió que continuara leyendo. Oscar intentó hacerlo, pero a la hoja le faltaba un pedazo, ¡justo en aquella parte tan importante!

Oscar miró a la arpía, pero la alada monstruosidad yacía muerta en el suelo y, clavado en una de sus uñas, se encontraba el trozo de hoja que ella había arrancado del libro.

–- ¿Cómo la mataste? –- preguntó anonadado.

Sir Ícarus se quitó el casco y giró su cabeza de un lado al otro, permitiendo que su larga cabellera, dorada y brillante como el Sol, se moviera libremente con la brisa. El héroe le guiñó un ojo al lector mientras le regalaba una hermosa y perfecta sonrisa, la misma sonrisa que había enamorado a tantas jóvenes del reino. Oscar lo miró asombrado, tanto que hasta casi le dieron ganas de hacerle una trenza más al apuesto caballero.

El protagonista de esta historia continuó su viaje al Monte de la Triste Historia junto con el protagonista de la historia que él leía mientras leía que en la historia el protagonista iba a caballo hasta el Monte de la Triste Historia.

Una oración larga y sin puntualización (y hasta un poco estúpida), lo desconcentró. Se sintió obligado a releer la ridícula frase para poder comprenderla y al hacerlo perdió tiempo valioso, por lo que no pudo reaccionar debidamente cuando el caballero gritó: “¡Dragón!”.

Oscar cayó al suelo ante el brusco movimiento del asustado corcel, quedando expuesto al fuego que exhaló el enorme reptil. Por suerte pudo cubrirse a tiempo con el libro, pero éste quedó reducido a cenizas ante la llamarada, y los trozos de hojas se deshicieron en sus manos.

El cielo volvió a convertirse en estantes llenos de libros, y el verde desapareció dando lugar a un antiguo piso de madera. Oscar se quedó pensativo, sorprendido por lo que acababa de leer, lamentándose por no saber qué ocurrió con el dragón ni con su gran amigo Sir Ícarus.

 

FIN


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