Una historia de tres (1a parte)

Por Alina
Enviado el 21/10/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Iba yo a Buenos Aires, hacia una reunión muy importante con dos de los altos ejecutivos generales de la empresa que había comprado la mayoría de las acciones del consorcio donde trabajaba. Una reunión realmente importante pues de ella dependía la permanencia de muchos ejecutivos con muchos años de servicio y también mi permanencia en la jefatura de Recursos Humanos. Entonces todo debía ser muy planificado y coordinado pues el riesgo era muy alto. Pero también aprovecharía este viaje para unas cortas vacaciones y eso me hacia sentir un poco mas fresca y libre.

Estaba yo divorciada hace algunos años y el trabajo había absorbido mucho mi tiempo, no volví a tener vida sentimental. Sentía que estos días en la capital Argentina podían ser prometedores. Iba con la idea que algo realmente nuevo y diferente iba a experimentar.

Cuando me disponía a buscar sentarme, pude sentir la mirada de un hombre muy seductor, me preguntó si deseaba ir al lado de la ventana o en el pasillo y le agradecí con una sonrisa y le dije que prefería la ventana y el sonrió y me cedió su lugar. Una vez ya sentada con aquel hombre de mirada tan perturbadora y voz de encantador, era como tener un volcán en mi piel sentir su perfume y con la cola del ojo miraba sus manos tan varoniles y para mis ojos y mi piel un sin fin de sensaciones que jamás había experimentado en un lugar tan peculiar como ese. Un avión. De pronto llegó una rubia muy sensual y con una sonrisa hacia mi y hacia él se sentó en el lugar que faltaba, era muy hermosa y la hacia aun mas graciosa su sonrisa fresca y su libre manera de mirar. Se acercó a él y casi sobre sus piernas me dijo: a donde vas?, entonces era muy atrevida también; pero, su atrevimiento no sobrepasaba ningún límite pues tenían algo ellos dos que me permitían no sentirme lejana de esa complicidad de pareja.

El tenia la mirada fija en mi, me sonreía siempre que nuestras miradas cruzaban, la aeromoza nos ofreció algo de tomar y con gesto muy caballero me ayudó alcanzándome el pequeño vaso con refresco, sus manos tocaron suavemente las mías y fue como una explosión de seducción. Ella sonrió al ver mi rostro y con jugueteos de miradas me dijo: es un hombre muy atractivo mi marido verdad? Y no supe que responder. La sentí sincera pero atrevida mas y mas cada vez. Lo raro era que, en lugar de asustarme o alejarme, ese jugueteo me gustaba cada vez más.

Nos esperaban 2 horas de vuelo. Llegábamos a las 9 de la noche directamente a una hermosa habitación de un lujoso hotel que el consorcio había reservado para mi pero durante el vuelo no pude ser indiferente a mis compañeros de vuelo.

Las luces de la nave fueron apagadas después de media hora y ellos dieron rienda suelta a sus deseos contenidos, no se contuvieron ni aun sabiendo que a escasos centímetros yo presenciaba esas caricias sexuales, besos y pequeños gemidos placenteros. No pude evitar sentirme excitada. Era todo el ambiente que hacia a esos amantes tan ardientes y lujuriosos se entreguen al sexo sedientos de placer y el deseo de la carne.

Entonces, algunos largos minutos después de tanto previo romance carnal vi como ella metía en su boca un grande y jugoso pene, lo mordisqueaba, acariciaba, lo masturbaba, lamia y chupaba sin descanso, el sumergido en el placer solo emitía muy suaves suspiros y su aliento se mezclaba con el mío cuando de pronto ella, después de un largo y muy caliente sexo oral ella se preparaba para poder sentarse sobre él. Con un movimiento suave pero seguro, lo hizo y logro penetrarse el hermoso y enorme pene de su compañero. Fue un gemido seco el de ella, un gemido dentro de su pecho. Podía yo sentir la respiración de ambos, el deseo y el olor a sexo que emanaban.

Yo, no sabía que pensar, sentir o decir. No pude evitar quedar en shock observándolos. Eran tan hierogamos haciéndolo, cómplices, únicos. No me espantaron, ni asustaron por su atrevimiento y desfachatez, por el contrario ese par me cautivó. Fui seducida por el encanto de su forma de hacer el amor tan locos, animales... la locura de no importarles las demás personas aunque no eran visibles para los demás, solo ante mis ojos, pero el solo hecho de sentir a los otros pasajeros tan cerca era una sensación de morbo tan grande que nunca había experimentado. Estaba yo atónita, como un fantasma en medio de los vivos.

Derepente, ella irrumpió mi observación con su mirada juguetona y me sonrió mientras hacia movimientos ascendentes sobre su hombre, el permanecía en silencio pero también me miraba fijamente. Me estaban invitando a participar de ese festín. Estaba siendo aludida para entrar en su intimidad. No pude evitar sonrojarme cuando ella tomo mi rostro con dulzura y me preguntó nuevamente: Te gusta mi hombre? No pude evitar una respuesta que hasta hace unos minutos antes podía ser tan absurda y loca de escucharme, le dije: me gustan los dos.

Fue una puerta abierta a lo inimaginable, un salto a lo desconocido y una fuente de placer inagotable.

El volteó la mirada y sin decir mas, me besó mientras ella estaba sobre el sin darle descanso a ese perfecto pene, no dejaba de brincar sobre su hombre y sentir como se clavaba esa hermosa estaca en su vientre. Yo aun un poco perturbada respondí a sus besos, con caricias y mas besos. El tomo mis manos y las llevó hasta ella, pude sentir entonces unos hermosos y redondos senos. Igual ella acarició mis senos con los pezones muy duros por el placer de ese loco momento.

De pronto las luces del avión prendieron poco a poco y ella con otro movimiento certero pero muy suave dejo salir de sus entrañas el grueso pene humedecido, de aquel hombre que sin saber su nombre ya me llenaba de deseo.
Se acomodó la falda y siguió sentada en su lugar hasta el aterrizaje.

Fueron largos minutos muy excitantes, una hora de mucho placer que jamás pude imaginar. Pero faltaba mas, muchos mas...


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