Chivas y zorras

Por Mesonikis
Enviado el 12/10/2014, clasificado en Cuentos
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Manolo dejó escapar un estruendoso y maloliente eructo al que la ucraniana de ojos claros, apenas una cría de diecisiete años, respondió con una risilla de conejo asustado.

“-¡Hey, chist, tú, nene, ponnos a mí y a estos señores otra botella de Chivas- espetó Riquelme con aire chulesco y pretenciosamente gracioso al nene, que era un joven de unos treinta y cinco años que aparentaba más de cuarenta.

“-Pues sí, Riquelme,- añadió Perfecto, retomando una conversación perdida a la que Manolo apenas seguía desde su particular universo de whisky y adolescentes- yo no digo, ni mucho menos que el idiota ése que hemos visto esta tarde tenga razón. Si por mí fuera me cargaría de un plumazo a esa panda de “enchufados” a los que tú, yo y todo el mundo les estamos dando de comer. Y que no me vengan con oposiciones ni leches. Ahora, que las cosas han cambiado, y otra cosa es lo del personal ése de confianza y no se qué.

Sin ir más lejos, el hijo de mi primo Asensio se ha afiliado al partido. Y ahora, como un Pepe: su sueldecico, sus pagas… ¿Ves? Eso sí que es de ley y no los muertos de hambre estos que por estudiarse cuatro chorradas y hacer no sé qué pruebas ya se creen con derecho a todo. Porque, eso sí, el hijo de mi primo como su padre: de puertas para fuera tan de izquierdas como el “Monsetún”, el chino ése que era comunista, pero más de derechas que tú y que yo. ¡Que hay que ser prácticos y tener amigos hasta en el Infierno!.

-¿Y lo lleva bien? Me refiero al puesto.

-Riquelme, majo, ¿y para qué crees que están los gilipollas estos como el de esta tarde? ¡Que muevan el culo y que trabajen ellos! No querrás ahora que el pobre chaval aprenda informática, contabilidad, mecanografía y a bailar la jota extremeña. Es lo que le dice su padre: “tú no seas tonto y pregunta, pregunta y pregunta, y, siempre que te sea posible, al funcionario, que para eso está”.

La verdad es que es un chaval majísimo. Si es lo que le dije al imbécil aquel de la Universidad, aquel que se empeñó en fastidiar a la pobre criatura por cuatro o cinco asignaturas, que su buen nombre y el de su padre estaban presentes en todas partes. Y fíjate qué pronto cambiaron las cosas: matrícula de honor. Vamos, que en seguida empezó a “ver claro”, por la cuenta que le traía. Je, je, je.

-En fin- dijo Manolo, que no había abierto la boca en toda la noche sino para eructar, beber e intentar lamer a las chicas del club- esto es vida: Chivas, zorras y tontos que nos trabajen.


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