Natario Cortés, curandero.

Por chirimías
Enviado el 01/11/2014, clasificado en Humor
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Desempeñaba Natario Cortes su oficio de curandero con maestría, y tan pronto desenquebrantaba un hueso como rezaba una verruga. Nada escapaba a sus santas manos: ni el reúma, ni las jaquecas, ni tan siquiera los males de amores. Para todo un remedio, para todo una solución.
Los más viejos decían que había devuelto al mundo de los vivos a gente que había cruzado ya la macabra frontera, y que había logrado sanar a muchos que volvían desahuciados de visitar a médicos de prestigi...o.
- ¿Qué se le debe, Natario?.
- Rézale una novena a la virgen. Y la voluntad...
Era un hombre místico pero afable, de manos huesudas y dedos largos. Profundos ojos vivaces en un rostro poco expresivo, casi hierático.
Las viejas, tan dadas a la devoción aparatosa, le besaban las manos en prueba de agradecimiento. Aseguraban que obraba milagros desde que se le apareció la virgen siendo un niño, allá por los riscos de las sierras vecinas.
Tanta era la veneración que el pueblo sentía por el sanador que en prueba de agradecimiento, una vez muerto, le fue dedicada una placa en la fachada de su casa.
Por la puerta de Natario pasan todos los días Tío Antonio Chirimías y su compadre Marcial Cascorro el teniente. Hoy se han detenido ante la placa, como si quisieran hacerle al curandero un particular homenaje. En voz alta reflexiona Cascorro:
- Compadre, cuando tú falteh, ¿Qué creeh que pondrán en tu casa?.
Se piensa Chirimías un ratito la respuesta, mezclando en su silencio retranca y reflexión, y espeta:
- Poh qué va a poneh, Cahcorro, pondrá SE VENDE...
Y los dos amigos siguen calle abajo mirando al suelo circunspectos..


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