Mi masajista

Por Karmina
Enviado el 12/11/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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A mis 27 años hago mucho ejercicio para mantenerme saludable y en forma. Y tanto trabajo da su resultado, pues resulto una mujer delgada de piernas esbeltas y cintura pequeña. Soy piel clara, de cabello largo y castaño.

Un día asistí a una clínica de belleza pues tenía una cita para un facial, es uno de esos lugares donde hay de todo (masajes, sala de belleza, terapias quiroprácticas y todas esas cosas para la salud física y embellecimiento). Cuando salí de mi sesión y fui a cancelar estaba en la recepción un tipo de aspecto joven tal vez tendrá alrededor de unos 35 años, alto, moreno, cabello muy corto y físicamente de buen cuerpo, me pareció un tanto atractivo, me saludo y me ofreció sus servicios como masajista (lo vi ligeramente así como escaneándolo) me dijo todo lo que podía hacer, me dio su tarjeta e hice como que no me importaba, puesto que tenía prisa por salir.

Al salir una cosa extraña pasaba en mi cabeza, me imaginaba como sería un masaje de aquel hombre, tocando todo mi cuerpo semidesnudo, acariciándome muy íntimamente. Pasaron varios días hasta que decidí llamarlo para hacer una cita, estaba nerviosa puesto que ya tenía en mente lo que podría pasar y aunque parezca extraño nunca lo había hecho antes, pero la solo idea que me estuviera tocando un extraño me excitaba tanto. Llegué al lugar a la hora establecida, ya que sabía quién sería que me atendería me fui vestida muy relajada (unos shorts cortos y una blusa entallada que acentuará mi figura, unas sandalias bajitas cómodas y por dentro llevaba una tanga muy pequeña y un sostén de encajes iba totalmente depilada por si acaso).

Cuando me vio me saludó y dijo que como todo había sido por teléfono no se imaginaba lo bonita que era, me dijo que este masaje no sería un trabajo para el que al igual que yo lo iba a disfrutar, yo solo sonreí y me dirigí al cuarto que él me sugirió. Al entrar me dijo: - Quítese todo y se queda con la ropa interior pero se quita el sostén también, luego se acuesta boca abajo, ya regreso.

Salió del cuarto para que yo me desvistiera, lo hice, me quite todo solo me deje la tanga que traía y me acosté boca abajo como él me dijo y al poco rato toco la puerta para entrar. No lo vi pero me imagino que se ha de ver deleitado la vista cuando entró y me vio ahí semidesnuda acostada boca abajo con la espalda descubierta y puesta solo una tanga que dejaba al aire mi culo redondo y bien parado, me dijo que me relajara que iba a comenzar.

Empezó masajeándome los pies muy despacio. Sentía como cada vez iba subiendo más y más por mis piernas, tocándolas más que masajeándomelas como si fueran caricias, yo tenía todos mis sentidos bien despiertos aunque el pensara que yo estaba casi durmiendo. De modo suave llego a mis glúteos, los tocaba como pidiéndome permiso y yo no hacía nada, dejaba que el hiciera lo que quisiera. Al ver que yo ni siquiera que me inmutaba empezó a atreverse un poco más, como midiéndome hasta donde ver podía llegar. Tocaba con más confianza mi trasero, lo acariciaba, lo apretaba y de vez en cuando me daba unos pequeños golpes que hacían que me excitara más. Siguió por mi espalda y me sentía genial, pero a la vez nerviosa por si notaba lo excitada que me estaba poniendo.

El masaje continuaba por la parte superior de mis piernas pero no se acercaba a mi sexo, aunque sé que en el fondo él estaba igual de excitado que yo. Mientras tanto yo deseaba que se propasara que se atreviera a más, que me metiera los dedos en mi raja depilada y que por supuesto ya para esa hora estaba tan mojada y palpitaba de deseo, que creo que se notaba por encima de mi tanga.

Cuando terminó me dijo que me diera vuelta. Al hacerlo mis pechos quedaron al descubierto. El me observaba fijamente, y haciendo un gran sacrificio decidió taparme con una toalla, me cubrió los ojos también y siguió su trabajo. Masajeaba mis pies y mis piernas pero estas vez me habría abierto más, se nota que disfrutaba verme, cuando estaba entre mis piernas rozaba con delicadeza mi vulva como haciéndolo sin querer y me abría más de piernas para tener mejor visibilidad. Al ver que yo no hacía ningún movimiento tocaba cada vez con más frecuencia y más descaradamente. Siguió hacia mi estómago y subió por mi cuerpo hasta llegar a los hombros. La toalla que me cubría poco a poco se iba deslizando por los movimientos del masaje. Yo disimulaba como haciendo que no me importaba hasta que quedó un seno totalmente descubierto. Continuó masajeándome bajando hasta mis piernas y volviendo a rozar mi vulva una y otra vez, mientras me miraba mi reacción, yo disimulaba pero creo que el entendió lo que yo quería y se atrevió a más. Terminó de bajarme la toalla, me acariciaba los brazos y por fin me toco una teta. No reaccioné, así que toco la otra y en forma circular y constante. Tocaba y acariciaba mis pechos ya totalmente descubiertos, yo gozaba!

Me abrió de piernas, hizo a un lado mi tanga y sin pensarlo sentí como su boca me succionaba mi vulva y chupaba mis jugos que salían de lo excitada que estaba, seguía así yo gemía suave pues estábamos en un lugar donde hay muchas personas y en cualquier momento podrían entrar y vernos. Me quito la venda de los ojos me miro y me beso, se arrimó a la camilla, se quitó la camisa y se bajó los pantalones estaba tan erecto que sin decir palabra me embistió metiéndome aquel pene que llevaba sufriendo un buen rato queriéndome coger, entro de una, me cogía, metía su pene y lo sacaba con locura como queriéndome atravesar, apretaba mis senos con fuerza y me decía lo hermosa que era, lo mucho que le había gustado al verme y que a primera vista me deseo con fuerza, que nunca había tenido una mujer como yo, con ese cuerpo fino, delicado, frágil y tan bien formado, a mi sus palabras me excitaban mas y me vine en un orgasmo, el siguió metiendo su pene en mi pequeña vulva me decía que estaba tan apretada que se sentía tan caliente y le gustaba que estuviera depilada, sentía como los líquidos que salían hacían que la penetración fuera con más facilidad que no aguato más y se corrió dentro de mí, yo sentía como su leche caliente llenaba mi interior y se quedaba pegada en mis paredes vaginales.

Terminamos, Mientras se limpiaba dijo para el mismo “¡que loco esto!” me vestí y no dijimos palabra alguna, al salir me dijo: me llamo Edgar ojala te haya gustado espero te vuelva a ver, la próxima vez será gratis…….


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