Génesis

Por César Cibeles
Enviado el 11/11/2014, clasificado en Fantasía
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- Abuelo, ¿tu sabes de dónde vienen las todas las cosas? - dijo mientras contemplaba el cielo.  

- Bueno Elya, es una pregunta difícil. Nadie puede estar seguro del todo, pero a mi me gusta creer en una vieja leyenda de nuestro pueblo.   

- ¡Cuéntamela abuelo! por favor, por favor - le interrumpió impaciente la niña.   

- Está bien, está bien. Verás, esta historia sucedió hace mucho, mucho tiempo. En aquel momento solo existía un lugar en el universo. Y en ese lugar, vivía en soledad Génesis, la diosa de la madre naturaleza. Era similar a los árboles que puedes ver ahora. Tenía ramas que se elevaban hasta tocar el cielo. Un tronco grueso y nudoso que la mantenía firme en el suelo. Y también una frondosa copa de hojas verdes como las esmeraldas, que de noche brillaban, reflejando la luz de  la luna.   Pero Génesis se sentía sola. Así que decidió crear nuevos lugares donde más árboles pudieran crecer. Ya sabes Elya, que los árboles se comunican entre ellos sin palabras. Aunque nosotros no podamos oír lo que dicen, siempre están hablando.   

-  ¿Y qué dicen los árboles? - le interrumpió empujada por su curiosidad.  

-  No lo sé. Cuando volvamos a casa se lo preguntaremos a Flap. - dijo el abuelo Grondo.  

- ¡Abuelo! Flap no habla, ¡es un árbol! - rieron juntos durante unos segundos antes de que Grondo continuara la historia.  

- Como te decía, Génesis comenzó a crear nuevos lugares para que vivieran más árboles. Así creo Neptuno y Saturno. Pero eran demasiado fríos y allí no pudieron crecer. Luego creo Mercurio y Venus. Pero hacía tanto calor que ardían sin remisión. Volvió a intentarlo con Marte, pero no había aire, y los árboles pronto morían asfixiados.   

- Génesis se puso muy triste por sus fracasos. Ya casi había perdido la esperanza de tener nuevos compañeros con los que hablar y entablar amistad. Pasó días llorando de pena, desconsolada. Hasta que un día vio a una cierva embarazada. Se fijó en su vientre y en la cría que crecía en su interior. Se fijó en que la madre proporcionaba todo lo que la cría necesitaba hasta que la cría se desarrollara.   

- Y así fue como Génesis concibió la Tierra. Fue creciendo en su tronco. Alimentándose de la tierra y el agua que absorbían las raíces de su madre. Y del aire y la luz que recolectaban sus hojas. Y creció hasta que pudo abandonar el tronco de Génesis. Más tarde pudo albergar tantos árboles que cubrieron la Tierra entera.   

Continuaron caminando, cogidos de la mano durante unos minutos en silencio. Finalmente Elya se detuvo y tiró de la mano de Grondo para llamar su atención.   

- Abuelo, esa historia te la has inventado, ¿verdad?

- Él la miró fijamente a los ojos con gesto ofendido. Entonces los dos estallaron en una carcajada.


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