El fin del mundo

Por Esta es mi version
Enviado el 22/11/2014, clasificado en Varios / otros
325 visitas

Marcar como favorito

Hoy, como cualquier otro ayer y como cualquier otro mañana,  antes de irse a trabajar a la oficina, Lucas llamará con dos leves  golpes, apenas audibles, a la puerta; acto seguido, se adentrará en el dormitorio. No habrá precisado de ninguna aquiescencia en voz alta desde el otro lado para entrar; no espera una negativa a contracorriente del eterno y tácito consentimiento: toda la casa amaestrada a un silencio de televisiones ciegas, radios mudas y vajillas a resguardo del polvo y de la espuma. A no ser que suene el teléfono sin que nadie lo descuelgue, como no sea por el alboroto al mediodía de los escolares del colegio cercano, a menos que se escuche de madrugada, cosas del insomnio, las arcadas de los cubos de basura vomitando sus desperdicios en los camiones de recogida, poco más podrías escuchar en este piso de cien metros cuadrados útiles con vistas a una plaza de renombre en una capital de provincias con río y catedral.

En aquella alcoba, cripta tenebrosa, sobre un mullido cenotafio yace  encogido un bulto que raramente habla y que responde, cuando lo hace, al nombre de Adela. La  ropa de cama  más que entallarlas, amortaja sus formas menguadas y en desuso. En el ambiente enrarecido, impregnado de nicotina y sudor, está suspendida una atmósfera de bar de copas después de una madrugada de garrafón. Es un espacio del que se ha enseñoreado una perpetua dejadez, abandonado a tenaces persianas bajadas, cortinas corridas y armarios clausurados donde se han pasado de moda zapatos de tacón alto, vestidos descocados y muchos más restos arqueológicos de antiguas cenas y fiestas nocturnas que nadie tiene ni las fuerzas ni las ganas ni el propósito de retomar. Oscuridad desasosegante que solo alumbran, a veces, los vatios lóbregos de la diminuta lámpara de noche de la mesilla sobre la que se dispersan  cajas de medicamentos, una cajetilla de tabaco y un libro cerrado.

Lucas se acerca lento a ese lecho asténico y una vez que ha depositado la bandeja con el desayuno en la mesilla, se hace un hueco y se sienta en el borde de la cama inclinándose hacia ella. En un primer momento, no habrá podido vislumbrar aquel rostro hundido de bruces en la almohada hasta el instante en que Adela, tras sentir su mano en la nuca y los buenos días susurrados al oído, y pasados unos breves segundos de duda, resignación, tedio, malhumor, raramente ternura, volverá hacía él una pelambrera de canas incipientes y puntas abiertas a juego con un rostro demacrado al que solo hidratan las lágrimas. Una vez incorporada, el recurrente beso impersonal sobre esos labios resecos donde ni ruinas quedan de su antigua  carnosidad apetitosa.

 

—Cariño, me tengo que ir.

— ¿Ya es la hora?— preguntó como cada mañana por preguntar, sabedora que sí, en efecto, sería la hora: la misma de ayer y la de mañana, siempre la misma, las ocho y media; la hora en la que su marido le habrá preparado el desayuno: un vaso de zumo de naranja que no apurará, un café con leche que se quedará frío, unas cuantas galletas que se reblandecerán.

—Hoy se me ha hecho un pelín tarde: son las nueve menos cuarto. 

— ¿A qué estamos?

—A veintiuno. Mañana el sorteo de lotería. luego Nochebuena y...

—Nochebuena—le interrumpió con un voz apagada, semejante al murmullo de quien dice que no somos nadie en un velatorio—, enciéndeme un cigarro antes de irte, anda—le pidió mientras con la mano en la boca intentaba controlar un ataque de tos.

—Deberías levantarte que ventilemos un poco la habitación.

—Mañana, te lo prometo…

Sabía de sobra que esa promesa nunca la cumpliría. Tampoco otras. Tras una honda calada, le pasa el cigarrillo.

— ¿Sabes? Ayer me llamó tu madre. Está muy preocupada, dice que no sabe nada de ti, que no le coges el teléfono, que no le llamas. Me ha preguntado si este año nos decidiremos a ir a su casa a pasar la Nochebuena. Va también tu hermana con Manuel y los niños.

—¿Y qué le has dicho?

—Que lo tenía que hablar contigo. Que hoy le diría si sí o si no

— Pues dile que no, que no me apetece. No me había hecho a la idea de ir  cenar a Madrid. Estoy muy pero que muy cansada, además. En otra ocasión, para Año Nuevo si acaso...

—¿Año nuevo? Si puede que no lleguemos a Navidad. Según los mayas,  hoy se acaba el mundo —se aventuró a contestarle con una sonrisa vacilante de quien intenta recuperar el sentido del humor perdido y procura obviar que ya nada hace gracia, que  ya nadie conjuga risas en esa casa.

Adela permanece silenciosa y cabizbaja, con su semblante desvaído, replegado todo su ser en un hermetismo inescrutable hasta que de pronto le clava una mirada de odio mientras aplasta nerviosa la colilla contra  el cenicero.

—Cuando ese borracho hijo de puta se estrelló contra nosotras con su puto Ferrari  ese sí que fue el fin del mundo— profirió con un reproche lleno de hiel y amargura —. Ahora déjame sola.

—No tuviste la culpa, ya no podemos hacer nada, tienes que retomar tu vida, volver a la terapia, seguir con la rehabilitación, no te puedes encerrar, no puedes seguir viviendo de esta manera: en la cama, a base de pastillas, sin hacer nada; han pasado casi dos años yo no aguanto más, crees que yo no pienso en Lucía, también era mi niña, te crees que para mí es fácil, te crees que yo...

—Yo no creo nada, Lucas. Sal, es que no me oyes, que te vayas de una vez, ¡vete, por favor te lo pido!

Apesadumbrado, con su rostro de pésame se aleja cerrando la puerta tras de sí, con la misma tristeza que cada mañana, desde hace casi dos años, antes de irse a trabajar a la oficina, se escabulle de aquella alcoba de tinieblas donde yace un espectro. Resignado a que su mundo no levantará cabeza, aún le queda una esperanza y se ha hecho ilusiones: ojalá fuera cierto y llegase, hoy, por fin, de una vez por todas, el fin del mundo.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... FarmaToday
TvReceas - Videos de recetas de cocina Cristina Callao