¿Libres?...si, pero no tanto

Por cclecha
Enviado el 23/11/2014, clasificado en Reflexiones
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                                            ¿L I B R E S?   S I. . .P E R O   N O   T A N T O

 

     Indaguemos en las formas de libertad que tenemos. La libertad de carácter físico es evidente que no está a nuestro alcance. Nadie elige cuando nacemos; no tenemos libertad para decidir si nos apetece venir a este mundo o no, nadie nos pregunta nuestra opinión al respecto. Venimos y ya está. Otro tanto sucede con la opción de morir, nadie tiene la facultad de la libertad de desparecer (salvo una minoría en forma de suicidas). Morimos cuando no toca, por vejez, enfermedades, accidentes…pero nadie decide cuando, ni lo sabe, no tenemos la facultad de elegir.

     Es evidente que la libertad física que tenemos es muy limitada. Todos sabemos que no tenemos libertad para no envejecer; la vejez, sigue su curso, por mucho que nosotros no estemos conformes. Tampoco tenemos libertad para no respirar, para que nuestro corazón no bombee sangre, para que nuestra digestión se pare, para que el pelo y las uñas sigan creciendo, etc.,etc. Quiero decir que estamos completamente limitados por nuestra biología y esta nos determina para lo que podemos o no hacer.

     Vivimos en esta galaxia, en este sistema planetario, en esta tierra… en un tiempo limitado, en un país, en una familia… lógicamente, tampoco tenemos nada que decir sobre este tema…como en casi ninguno…pero sí que podemos decidir sobre nuestras actuaciones, o por lo menos eso creemos.

       Qué duda cabe que interiormente tenemos libertad para elegir. ¿Tenemos libertad moral para elegir? ¿Tenemos libertad intelectual? Yo creo que sí, pero no tanto como creemos. Todo nuestro sistema de derecho, está basado en nuestra aptitud de diferenciar el Bien del Mal. Mi actuación, para ser aceptada por la sociedad, ha de tender hacia el Bien y desechar el Mal. Todos los condicionantes de la familia, escuela, sociedad y religión, nos empujan hacia el Bien. Este nos dará tranquilidad delante de la sociedad. Si no mato a mi vecino, su familia no actuará contra mí y por lo tanto no habrán nervios. Si no robo en el súper de abajo, no me pillaran y así podré mantener mi tranquilidad…si miento a todas horas, mi vida será un lio, no me interesa actuar de ese modo, etc. O sea que hacer el Bien, aparte de mi predisposición para hacerlo, me conviene a largo plazo; o sea que tengo libertad para hacer cualquier cosa, pero esta también está condicionada por las consecuencias que acarrea.

       Está claro que podemos ser del Real Madrid y pasarnos un buen día a ser hinchas del Barça…cosa muy improbable porque nuestros condicionamientos de familia, de origen social y lugar de vida, así nos condicionan. Podemos hacerlo pero nuestras determinaciones son tan fuertes que es difícil que esto suceda. Lo mismo acontece si toda la vida hemos formado parte de las juventudes del PP y hemos vivido dentro de sus enseñanzas, es posible que podamos pasarnos a Esquerra Republicana, pero también es más que improbable este cambio.

         Las consecuencias determinan y mucho nuestro libre albedrio. Está claro que podemos estampar nuestra cabeza en la pared de casa. Pero sabemos que las consecuencias serán desastrosas…luego preferimos no hacerlo. También sabemos que podemos ir en dirección contraria en la autopista con nuestro coche…pero las consecuencias pueden ser terribles…luego nos abstenemos de usar esta libertad.

       Pero más que las consecuencias, lo que está en el origen de encontrarnos libres, es si conocemos o no, las causas que nos determinan a actuar. Lo que realmente nos condiciona a actuar son las causas internas que todos nosotros tenemos. Ejemplo: Yo puede que no soporte mi trabajo y decida libremente dejar esta obligación. Pero lo que realmente me lleva a esta decisión final impregnada de libertad, son las causas implícitas. Mi jefe siente tirria por mí, estoy a disgusto con mis compañeros de oficina, siento una monotonía aplastante en todo lo que me relaciona con mi trabajo…Estos motivos, el saberlos, me empujan a actuar de una determinada manera, hacen explosión en mi libertad de actuar…pero lo que realmente activa mi capacidad de actuar es conocimiento de todas estas causas que he descrito.

       Las causas determinan nuestra conducta. Nos podemos separar de nuestra mujer…porque nuestras hormonas se han cansado…porque creemos que aportamos más que ella en todos los sentidos, porque ella, creemos que no hace lo que debería, porque… (Podemos creer cualquier cosa) pero realmente estas causas empujan a nuestra libertad a actuar. Estamos determinados por ellas.

       Nos dicen que nuestra opinión libre está condicionada por la prensa, radios, Tv, opinión pública, entorno, modo de evaluar de la sociedad, prejuicios, certezas recibidas, creencias absurdas…etc., etc. Pero lo que verdaderamente nos lastra es nuestra opinión personal…nuestros propios juicios, que creemos que son auténticamente libres…pero a lo mejor no hay para tanto

       Dicen que nuestra libertad serviría si realmente conociéramos todas las posibilidades de lo que vamos a escoger. Este sería el caso de un Dios hipotético. Como no conocemos todas las posibilidades, nuestra elección está condenada al fracaso. Echamos mano de la emotividad para elegir…no de la razón. Nos podemos probar en una tienda cuarenta tejanos diferentes…racionalmente puede haber una razón adecuada por optar por cada uno de los tejanos que nos probamos…pero al final echamos mano de la emotividad para escoger uno solo de los pantalones. El sentimiento decide, no la razón. Aún así, estamos muy contentos con la libertad de elegir.

           Platón dijo que lo que está claro es que hay un camino entre el nacimiento y la muerte. Tenemos la libertad de salirnos de camino unos metros…pero con la condición de volver de nuevo al camino.

     

     


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