Lujuria en el coche con una maniática sexual.

Por Takenlit
Enviado el 24/11/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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De hace tiempo que no nos veíamos, aproximadamente tres años, y desde aquel tiempo no había dejado de pensar en ella.

En una cena con unos amigos le dábamos la bienvenida a Paulina que recién regresaba de Barcelona, yo vivo en Tijuana. Estábamos en un restaurante comiendo, bebiendo y platicando, bebíamos más que comer. Paulina era morena clara, de pelo rizado y oscuro, estatura normal ni alta ni baja, con una sonrisa increíble, tetas y culo hermoso. Se sentó a mi lado unos momentos antes de la cena. De pronto comenzó a tocar mi rodilla para seguir subiendo cada vez más, yo no sabia que pasaba pero mi verga ya tenia una idea de lo que iba a ocurrir, sin evitar nada siguió subiendo hasta llegar a su destino donde ya la esperaba una verga con una mediana erección. El calor que nacía de mi cuerpo resultaba abrumador. No podía controlarlo. Apenas terminamos de comer nos separamos del grupo, y nos besamos en el subterráneo del local. Nuestros besos cada vez se volvían más rudos. Más húmedos. Más necesitados y plagados de jadeos contenidos. Sentimos pasos bajando la escalera, nos separamos y volvimos al punto de encuentro.

Terminada la reunión me ofrecí a llevarla en mi carro a su casa. De camino contemplaba como la conformidad rodeaba a los niños disfrazados que se les veía que no aspiraban a que les dieran muchos dulces. Iban rondando de una calle para otra y si se cruzaban con alguna persona que ya les había dado, se daban cuenta enseguida, por eso no le volvían a pedir. Entonces recordé que el otro día había comprado dulces para el cumpleaños de mi sobrina. Le dije a Paulina que me esperara cinco minutos en el carro y salí a repartir dulces a los niños que me encontrara.

Ya habían pasado más de siete minutos. Entonces siento como la puerta del automóvil se abre y la diviso a ella encendiendo un cigarrillo apoyada en la puerta del carro. Al verme comenzó a tocar su cabello para luego tocarse los senos . La noté desesperada y hambrienta de sexo. Me separé del grupo en busca de satisfacción sexual, tratando de cobrar el derecho de sus caricias, me acerco a ella y la beso. Entramos al automóvil y reanudé el recorrido. Mientras seguía el camino ella iba mamando mi verga. Cambio de ruta y me dirijo hacia un camino oscuro cruzando un bosque. Reclino el asiento hacia atrás, antes de que ella se abalanzara sobre mí, mostrando sus pechos y su empapada vulva. Se sonríe complacida. Ambos nos desnudamos apresurados sin poder calmar las ganas que nos estaban matando. El deseo entre nosotros era demasiado grande, e hizo que el fuego presente en el auto no se fuera a apagar. Tocar su cuerpo despertaba en mí una emoción gigantesca, y sin desaprovechar tocaba su culo y sus tetas cada vez que podía. Estas últimas se rendían fácilmente a mis caricias fuertes y decididas poniéndose tensas al ser presionadas por mis dedos ya decididos. Entonces se subió arriba y comenzó a cabalgar sobre mi. Toda la pasión y el placer que me estimulaba Paulina eran adictivos. Nuestra respiración se agitaba más y más, mientras nuestros besos se volvían más intensos. Me sentía más caliente y la tomé del cabello para dominarla, para someterla. Percibí los latidos en su clítoris y los fluidos lubricantes humedeciendo su vagina, hasta que finalmente se entregó a la consumación de su orgasmo. Entonces comenzó a sacudirse de una manera desbocada pegando sus manos al vidrio de la ventana, y limpiando lo que ella y yo habíamos empañado con nuestra respiración. Los gritos descontrolados de ella retumbaron en el carro, mientras el resto de la ciudad dormía.

Para esa noche se pronosticaban temperaturas bajas, pero nuestra pasión encendió el ambiente y generó la calefacción necesaria para mantenernos sin frío dentro del carro.

-Al parecer nunca olvidaste lo nuestro-le dije respirando agitadamente.

-No confundas las cosas, sólo llevaba sin follar cuatro días-Me respondió.

Me resquebrajo como el hielo en primavera, desilusionado ante lo que me había dicho, quedando atrapado en su constante recuerdo. Entonces comprendí que ella sólo quería consumar su deseo, y yo lo único que quería era recordar la pasión vivida hace tiempo. Distintos propósitos que se podían cumplir de una forma: Teniendo sexo.

La pasión de ella todavía no se había extinguido. Estaba en llamas deseando que la tocara de nuevo. Tanto ella como yo estábamos preparados para hacerlo de nuevo.


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