Fantaseando con el jefe

Por Esmeralda
Enviado el 26/11/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Llegué a la entrevista de trabajo 30 minutos antes de la hora a la que estaba citada, así que tuve que esperar bastante ya que encima me atendieron con retraso. La decoración de la sala de espera era austera, se componía de tres sillones de piel de color marrón, una mesita con varias revistas caducadas y un reloj de pared que aumentaba mis nervios con cada tic tac.

Por fin salió uno de los empleados a indicarme que podía pasar al despacho de quien si me contrataban iba a ser mi jefe, me temblaban las piernas y sudaban las manos, pero hice todo lo posible para que no se me notara, respiré profundo y entré.

El despacho estaba impregnado de su fragancia, un olor a perfume caro, fresco, sexi y varonil, aquel aroma resultaba excitante, era como si en el ambiente flotaran feromonas capaces de estimular y despertar los más oscuros y básicos instintos.

Agradecí cuando me invitó a que tomara asiento porque me fallaban las piernas, no sé si hubiera aguantado un segundo más sin desmayarme delante de aquel hombre, su presencia era imponente, tenía una mirada penetrante y cautivadora que resaltaba aún más sus hermosos ojos claros, su rostro de facciones bien definidas perfectamente afeitado me resultó tremendamente atractivo, tenía las manos grandes, cuidadas y suaves, espalda ancha, brazos fuertes, la camisa le quedaba ligeramente pegada, aunque su cuerpo no llegaba a ser escultural a legua se veía que lo cuida y entrena en el gimnasio, el traje de paño azul marino que llevaba era caro, muy caro, la camisa y la corbata de seda fina fueron elegidas con un gusto exquisito.

Su voz sutilmente aterciopelada terminó por tranquilizarme, la entrevista transcurrió con normalidad, me hizo las típicas preguntas, pero en realidad era yo quien deseaba preguntar, quería saberlo todo de él, deseaba preguntarle si estaba casado, -que hobbys tenía, -si creía en el amor a primera vista, todo!, Pero me contuve e intenté seguir atenta a la entrevista, cosa que me resultó muy difícil, ya que con cada sonrisa que me regalaba me sentía desfallecer y con cada palabra que salía de sus labios carnosos sentía que me derretía dejando un charquito en la silla.

Concluida la entrevista, nos levantamos, nos estrechamos la mano a modo de despedida, y me dio dos besos, casi me da un vuelco el corazón, justo antes de que yo cruzara la puerta me dijo, -espero volver a verla srta. Quintero-, a lo que respondí con una de mis mejores sonrisas y añadí, -si usted así lo desea estaré encantada.

Durante el resto del día no pude quitármelo de la cabeza, deseaba volver a verle, en realidad deseaba algo mas que eso, pensaba en como sería tenerlo en mi cama, deseaba sus besos, sus caricias, deseaba fundirme en su cuerpo, tenerlo dentro de mi, embriagarme de su delicioso aroma.

Con estos pensamientos me metí en la cama, pero no conseguí conciliar el sueño, mis pechos turgentes reclamaban caricias, mi sexo estaba húmedo e hinchado, deseaba masturbarme, así que despacio deslicé la mano buscando el clítoris y los pétalos de mi vulva, la froté frenéticamente mientras imaginaba al protagonista de mi fantasía comiéndomela entera, con la mano que me quedaba libre me acariciaba y pellizcaba delicadamente los pezones, oh!, estaba excitadísima!, entonces abrí el cajón de la mesilla para sacar mi consolador, me acomodé en dirección al espejo de cuerpo entero que tengo en la habitación, encendí el vibrador en un modo suave, lo chupé varias veces para humedecerlo, y me dispuse acariciarme con el, mirándome enteramente desnuda en el espejo aparté los delicados pliegues de mi sexo, y sube y lentamente introduje el consolador en mis cavidades húmedas y oscuras, imaginando que era el hombre que me entrevistó en la mañana el que me penetraba, jugué con el vibrador a mi ritmo, lo metía y lo sacaba con sensualidad como si él me estuviera observando, las vibraciones me causaban pequeños espasmos de placer, oh!, que excitante!, todo mi cuerpo se retorcía anhelante de caricias, entonces en una deliciosa convulsión me llegó el orgasmo, jadeé y grité su nombre mientras me corría, deseando enormemente volver a verle.


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