El paseo. Parte 2.

Por Borja Odriozola
Enviado el 26/11/2014, clasificado en Reflexiones
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Mark estaba encantado con su nueva guitarra. Se sentó en un banco que encontró un par de manzanas más adelante y comenzó a tocar. La guitarra respondía bien. Las cuerdas era muy duras, más de lo que el acostumbraba. No obstante el escozor de las marcas de las cuerdas en los dedos le hizo sentirse vivo. Cada “bending” era un reto. Dejo que todo fluyera  y después se fumó un cigarrillo. Caminó de regreso al centro, de nuevo al corazón del bosque. Las aceras volvían a estar impolutas y las alcantarillas limpias. Entró en un supermercado. No encontraba ningún estanco. Bajó unas escaleras mecánicas y se dirigió al puesto de información. Una chica joven  y atractiva subida en unos tacones leía el periódico. Mark se acercó con la guitarra en la mano y le sonrió y le preguntó si sabía dónde podía encontrar un estanco. La mujer lo miró de arriba abajo inspeccionándolo. Unos ojos verdes y penetrantes a penas se percibían entre una maraña de pelo salvaje que parecía lavarse sólo en años bisiestos. Allí parado un chico con una guitarra raída asida del mástil, vestido con una camisa de cuadros encima de una camiseta negra y con unos vaqueros que seguramente no habían pasado por una plancha por no hablar de unas zapatillas cuyo color original no se podía adivinar y con la suela colgando, le preguntaba por un estanco. La mujer torció la mandíbula y le respondió que allí no había estancos, quizá en la siguiente manzana encontraría alguno. Mark le agradeció su atención, le sonrió de nuevo y se fue.

Encontró un estanco en el siguiente bloque tal y como la mujer le había indicado. Compró un paquete de Philip Morris y una bolsa de M & M`s.

Mark se dirigía de nuevo a casa cuando percibió a lo lejos un ritmo de blues de una harmónica. Rastreó el sonido hasta su origen. Sentado en el borde de un bordillo estaba un hombre  que había visto muchos inviernos y muy de cerca. El pelo había pasado de su cabeza a su barbilla. Llevaba unas gafas de sol con una sola patilla, unos vaqueros atados a la cintura con una soga, unos zapatos que parecían que se iban a poner a hablar en cualquier momento y una chaqueta de cuero raída remendada con trozos de diferentes tejidos. Cortinas, manteles, otras prendas, quién sabe. Mark se quedó a escuchar. Era puro blues, lo llevaba en la sangre. Terminó con un “bending” de medio tono desde La a Si bemol. Mark aplaudió.

¿Sabes cómo tocar eso, muchacho?- le preguntó. Me gusta pensar que sí. ¡Demuéstralo entonces! Toca conmigo

Allí sentados en un bordillo tocaron juntos. La gente pasaba y los miraban pero no los veían, seguían su camino. El señor llevaba el ritmo airadamente con los pies, alternando un compás con cada pie de una manera muy graciosa.

Parece que sabes manejarte. ¿Cómo te llamas muchacho? Me llamo Mark. ¿Cómo se llama usted? ¡Wuau! Me llama de usted. No hagas eso muchacho, llámame Doug. Bien Doug. Ha sido un placer tocar contigo. El placer ha sido mío muchacho.

Mark caminó de regreso a casa, con la guitarra cogida por el mástil. El cielo empezaba a oscurecerse y las luces de los edificios brillaban en la oscuridad como estrellas incandescentes. Un fuerte viento  silbaba entre las hojas de los árboles y doblegaba el césped a su merced. Mark llegó al barrio residencial donde viviría a partir de entonces. Abrió la pequeña verja de madera y recorrió el camino de piedra que llevaba hasta la entrada. Algunos camiones de la mudanza seguían aparcados en la calle. Tocó el timbre. Su madre abrió la puerta y sus voces retumbaron en el inmenso porche blanco con pilares de piedra que parecían sostener el cielo.

¡Mark, cariño! ¿Qué tal ha ido tu paseo, lo has pasado bien? ¡Fíjate, si has comprado una guitarra! Pero parece un poco vieja. Cariño si necesitabas una guitarra podrías habérmelo dicho y te habría dado dinero para comprarte una como Dios manda. Gracias mamá, pero me gusta ésta. Tiene carisma. Bueno… si a ti te gusta, eso es lo importante. Vamos pasa que te vas a resfriar. ¡Tenemos invitados! Ha venido el jefe de papá. Dice que no nos acomodemos mucho tiempo, que puede que le asciendan otra vez. ¿No es genial?

Mark entro en la casa y dejo la guitarra en la entrada.

Sí, es genial- Mark sonrió. Papá dice que quiere ir mañana contigo al concesionario. ¡Quiere comprarte un coche nuevo, un coche de verdad! ¿No es genial? Mamá, me gusta mi coche. Bueno, bueno ya lo hablaremos más tarde. Ve a tu cuarto a cambiarte. Por Dios hijo mío, ponte algo decente que tenemos invitados. Sí mama.

Mark subió a su cuarto, se quitó los zapatos. Miró por la ventana y pensó que estaría haciendo Doug en ése momento.


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