De repente, un extraño (capítulo 1/3)

Por EvaManiac
Enviado el 30/11/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Me sentí algo perpleja cuando mi reciente novio Santi, con el cual aún no había consumado, me arrastró a casa de Akim, un chaval del que yo no había oído hablar nunca, pero que parecía ser su mejor amigo. Es precisamente por eso que me dejé llevar hasta la casa de ese desconocido.

Al entrar en el piso, de decoración mudéjar, exótica, y olor a incienso, no pude evitar fijarme en nuestro anfitrión. Era un tío grande, de origen árabe quizás, peregrino, tez oscura y semblante circunspecto, al estilo gigante de Tim Burton y, como primera impresión, distante y frío. Santi nos presentó y él mostró poco interés por la “nueva novia de su mejor amigo”. Ni un solo comentario de cortesía. Enseguida me sentí incómoda. Intenté hacerme la simpática y, mientras nos ofrecía un té, nos apalancamos en unos cojines de una sala que estaba completamente cubierta de adornos marroquíes aquí y allá. Era un espacio acogedor, pero aún no sé qué hacíamos ahí.

“¿Cómo dices que se llama tu novia?” le soltó Akim a Santi mientras se sentaba con nosotros bandeja en mano, sin osar mirarme siquiera.
“Ella es Eva, nos conocimos hace unas semanas en el Hora Cero. ¿A que es guapa?”, le preguntaba mientras me acariciaba la espalda.
“Sí, vas mejorando en gustos, ja ja ja”, se carcajeó.

Nada, como si yo no estuviera. Me parece a mí que Akim creyó que yo era la sierva de Santi, o vete a saber qué exactamente. No es que tenga prejuicios contra nadie, pero ahora mismo me estaba demostrando que para este tipo yo era un objeto más de la sala. Mala educación sistemática, machismo cultural... Me quería ir ya. Además, tenía ganas de estar a solas con mi nuevo novio. Llevábamos 2 semanas juntos y aún no había demostrado que me deseaba. Dos semanas sin sexo, sin pajas, sin estímulos... hacía que anduviera casi siempre excitada a todas partes. Pero con Akim en la habitación la libídine había muerto.

Charlaron durante casi media hora ignorándome por completo. Pero, inteligentemente, yo hacía casi el mismo tiempo que decidí jugar con mi iPhone, los Whatsapps y el Palabras Cruzadas... No estaba atenta en absoluto a lo que ellos decían, hasta que de repente Santi se levantó y me estiró de la mano hacia él para acompañarlo. “Menos mal, ya nos vamos” pensé aliviada.

“Te equivocas ‘Aki’, Lucía no estaba tan buena como Eva”, soltó el tío mientras me mostraba como un maniquí a la venta.

Yo alucinaba. El moro ahí tirado en su puff mirándome como si apreciara un saco de dátiles. Joder, qué humillante. Santi no dudó en tocarme el culo sobre mi falda de raso mientras me “vendía” al tipo más feo que he conocido en mi puta vida. Como si me interesara lo que opinara de mí el Akim este de los cojones... Los toqueteos disimulados de Santi en mi retaguardia sirvieron para relajarme un poco, así que decidí integrarme en el cachondeo levantando los brazos y doblando las rodillas a modo de expectación, como el movimiento final de una cheerleader en una peli yankee de pubescentes. Solo me faltó decir “tachánnn”.

Para mi sorpresa, Santi ocupó enseguida una plaza justo detrás de mí. Se movió de forma que, decididamente, ahí, estando los dos en pie, parecía que vendía una mercancía concupiscente, un producto lujurioso, objeto de deseo epicúreo y sensual. Y no iba muy desencaminada porque, aunque Akim solo sonreía desde su pedestal de plumas sintéticas, mi pareja empezó a acariciarme los muslos usando una posición que le permitía susurrarme fácilmente todo tipo de obscenidades, intrascendentes, que apenas recuerdo. Los movimientos que ejercían sus manos sobre ambas partes de mis muslos hacían que la tela de la falda se moviera sedosamente. Mi excitación acumulada durante estas últimas semanas empezó a aflorar cuando Santi besó mi cuello consiguiendo que, a pesar de mi resistencia inicial y el mal rollo que me transmitía Akim, me predispusiera a ser poseída ahí mismo, delante del coloso norteafricano.

“Sí que está buena, hermano”, dejó ir Akim mientras sorbía el té de su taza.
“Ya te he dicho que mi Eva es mi mejor adquisición”.

¿Adquisición? Estos tíos son peligrosos... me invadió una especie de inseguridad en ese momento. Tal vez dos semanas no eran suficientes para conocer bien a alguien. Pero sí se antojaba un espacio de tiempo más que intolerable para no follar teniendo novio. Es lo que decidí pensar para seguir adelante con el plan de mi guardaespaldas momentáneo. Si quería joderme ahí mismo, delante de Akim, yo no aportaría objeción alguna. En realidad, hasta me daba morbo que nos mirara alguien.

En total silencio Santi me tenía acorralada físicamente desde atrás. Sus caricias ya no solo abarcaban los muslos, también los hombros, los brazos, el cuello, todo mientras me besaba en un lateral del cuello primero, y luego en el otro. Yo evitaba la mirada directa con nuestro espectador, incluso cerré los ojos varias veces aprovechando el clímax que se estaba formando en la sala. Muy pronto acaparó mis senos con sus dos manos, encima de la blusa, y enseguida se vislumbraron mis pezones duros bajo la misma. Ni el sujetador pudo disimular esa vesania.

“Estamos poniendo a tope a Akim”, me cuchicheaba Santi al oído.

Yo seguí disfrutando del abrazo libidinoso de Santi que, lentamente, se atrevía con zonas más sensibles de mi geografía. Primero introduciendo una de las manos dentro de mi blusa a través de una apertura que ya se había encargado de construir; y después, al colocar la misma extensión entre mis piernas, levantando discretamente mi falda para abrirse camino. Llegó un momento en que yo ni siquiera era consciente de que había un golem de 2 metros admirando de qué forma Santi acrecentaba mi satisfacción. De vez en cuando recordaba ese detalle y abría los ojos para resituar a Akim en la habitación. Él seguía sentado en el suelo, con su espalda en la pared, mirando y escuchando con absoluta pasividad todo lo que estaba a punto de ocurrir ahí. La idea en sí me ponía tan cachonda que muy pronto empecé a respirar de forma abrupta, suspirando por el placer impuesto, anhelando ese espectador silente y desconocido.


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