Palabras al azar

Por Denisse Cortes
Enviado el 05/12/2014, clasificado en Poesía
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Hace minutos atrás una atmosfera

De ocurrencias mi sentido ilumino

Haciendo crear consecuentes

Las respuestas de ese ser viviente.

Cuantas cosas oí escuchar y que otras presentes juraban manifestar que ese paraíso estaba en sus narices era obra del sonido del mar.

Yo lo escuchaba cada mañana, siento delante de ellos el polvoriento acero de sus bolsillos.

Mujeres contenidas en trajes de piel y maquilladas para el teatro o el ballet.

Hombres disfrazados de maridos, no me hagan enloquecer.

Para mi es más gratificante la llegada de una princesa vestida de plebeya.

Y un rey amargado figurando ser legendario.

Mirando tras sus cabezas se desmienten sus purezas y la sangre azul que sus hijos aprovechan yo ni las miro y ellas se quejan.

Se creen ser la luna, el satélite continental, las pirámides de Egipto o el amanecer fugaz.

Para eso precisamente no estamos.

Y ahora la vida se me hace igual cada día.

Hasta que vi la poesía en tu cara, reflejada en la pantalla de un vidrio llenas de gotas acidas terminando ya casi en las últimas semanas de invierno.

Desde entonces comprendo que tu honra no es ni la sombra de lo que mi madre conserva por cada peso en sus piernas ganando con miseria lo que a ti te dan por piedra sin excavar.

La vida es una maldita gloria en la que desee tu aroma y veo como lentamente desaparecen de mi memoria.

 

Cuando comenzó, tal vez como en un día como hoy. La luna fue testigo de que tomo el odio como un amigo y así espero que vaya conmigo, pues yo lo necesito ante tu soberbia manipuladora. Tú podrías tener todas las glorias todas las voces calladas, todas las almas sin sus cuerpos y todas las opuestas a este sentimiento. Tú podrías tener mis alegrías, mis energías, todas mis poesías, todas las cosas maravillosas que te niegas a recibir.

Pero es que ya casi no puedo ni escribir te llevaste mi ser y todas las palabras que describían mi mundo hostil cuando no estabas junto a mí.

Todas esas frases, y todos los lugares que recorrimos en las tardes.

Te llevaste más de algún momento que contemplamos en silencio y las risas en cada encuentro. Te llevaste mi vida, mi cuento, el aire que me envolvía, mi sustento la flor que no florecía, mi desaliento.

Todas las noches frías y yo sin argumentos.

Tú podrías tener más que todo mí ser pero te llevaste hasta mi piel en los recuerdos del ayer. Cuando ya lo sabias yo quería ser tu miel. Siempre a todo le falta algo y creo sinceramente que no valgo ni tampoco sé porque salgo buscándote en la suciedad del fango.

 

 

 


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