UN REINO FELIZ (3ª PARTE)

Por YUSUF AL-AZIZ
Enviado el 11/12/2014, clasificado en Cuentos
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…Apareció un hada, era el HADA MALA que se había servido de sus poderes para aparecer en la fiesta de palacio.  Vestía de negro con su capa larga, y cuando extendía sus brazos parecía que tenía alas, era enjuta con una pronunciada nariz, y llevaba un sombrero negro en forma de cono. Nadie sabía dónde vivía esta hada, y nadie la había invitado a la fiesta, por eso cuando la reina se percató de su presencia, se lamentó no haberse acordado de ella, de no invitarla a celebrar dicho evento, porque sabía que el HADA MALA era muy vengativa. La reina cogió a su hija en brazos apretándola sobre su pecho, como para que no se la quitasen, el HADA BUENA se interpuso entre la reina y el HADA MALA para persuadí al hada, esta, el HADA MALA, giró como una peonza destellando estrellas negras que al momento desaparecían. Tocó al HADA BUENA con su varita mágica, y esta se quedó paralizada, después miró con rabia a los monarcas y dijo:

-Yo maldigo a este reino, lo maldigo en la persona de esta niña. MAXIMILIAN, JULIA, os acordaréis de mí mientras viváis por no invitarme a la fiesta, por ser el único miembro de este reino que no ha sido invitado.

-Perdonad, señora, -Dijo la reina acercándose al HADA MALA- por el olvido, por no haber pensado en usted. Creíamos que asistiría, puesto que un hada, no es humana, sabe todo lo que ocurre en el reino.

-Los animales del bosque no son humanos y los habéis invitado. Mi indignación es grande y os tengo que castigar. –Dijo el HADA MALA. Volvió a girar, las estrellas negras volvieron a aparecer y desaparecer.

El HADA MALA dejó de girar, se quedó frente a la reina que sosteniendo a su hija en brazos, y con su varita mágica en su mano derecha. Fue un instante de sordo silencio, de asombro de los presentes, miró a su rededor, intentó mover su varita señalando a la pequeña, pero la reina, rauda, le dijo al hada:

-Piedad para mi hija, señora. Ella no tiene culpa alguna.    

El HADA MALA captó sinceridad en aquella madre que pedía favor para su hija. Comprendió que estaba arrepentida, se quedó quieta, pero dijo:<<Seré benevolente con vosotros, pero no puedo dejaros sin castigo. He decidido hechizar a la pequeña>>. A la reina se le partió el corazón, pero ¿Qué le haría a la niña si había dicho que sería benevolente? El HADA MALA continúo diciendo:<<La niña no llegará a su mayoría de edad, ese misma día se convertirá en una estatua de brillante mármol blanco>>. Y tocó con su varita mágica a la pequeña. Hubo un fuerte murmullo de pena y asombro en los allí presentes, la reina tuvo un arrebato que se oyó en todo el castillo, y el hada prosiguió hablando:<<Este hechizo solo lo deshará cualquier persona de otro reino lejano de buen corazón y que no sepa del hechizo>>. Volvió a escuchase otro murmullo, pero esta vez de asombro. Después el HADA MALA se volvió hacia los presentes y les dijo con fuerte voz de advertencia:<<Vosotros, vulgo maldito, si este hechizo lo reveláis a cualquier caminante que pase por ese reino, caerá toda mi furia sobre esa persona y el hechizo nunca será deshecho>>. Diciendo esto desapareció de la misma forma que apareció, y el HADA BUENA recuperó todos sus movimientos. Todos quedaron muy tristes, y el HADA BUENA, cuando le comunicaron lo sucedido, se llenó de tristeza. Fue tan grande la melancolía que se expandió por todo el reino llegando a sus rincones más recónditos, y los reyes suspendieron toda celebración, ya que se quedaron sin fuerzas para el divertimento, y cada cual volvió a su lugar de residencia.

A la pequeña princesa la llamaron ALEXIA, y la futura reina crecía cada día con más vitalidad, con una belleza que por días se iba acentuando cada vez más. Los reyes habían dado orden, así lo habían comunicado al pueblo, que nadie le dijera a la princesa nada del hechizo, y que todo aquel que estuviese a su lado, o a su cuidado, no tenían que estar triste, tenían que demostrar a la princesita alegría y simpatía para que ella no sospechara nada. A su rededor solo había alegría, juegos y diversión, ella pasaba el día en los inmensos y bellos jardines jugando con otros niños de palacio. Era amante de los animales, siempre estaba rodeada por algunos de ellos, le gustaba mucho las aves, hablaba con ellas y le gustaba oír los bellos trinos de los pajarillos, montaba los ponis de palacio y deseaba de corazón adentrase en el bosque para estar junto a los animales. Se lo pidió al HADA BUENA, que la llevara al bosque, esta le daba evasivas y siempre estaba al lado de la princesa, pero ALEXIA insistía una y otra vez, más el hada seguía con las evasivas, pero la princesa, que era muy lista, le decía que cuando fuese mayor ella sola se adentraría en el bosque, el hada acachaba la cabeza en señal de acatamiento, pero se mordía los labios. La princesa se criaba feliz, ciega ante lo que le deparaba su destino, tenía a su alcance todo lo que deseara, todo menos entrar en el bosque, que era lo que más quería en su corazón. La víspera a la mayoría de edad, los reyes convocaron un consejo especial y extraordinario. Estaba la corte y los representantes de todas las entidades del pueblo, y también había representantes de los animales del bosque, con el único objetivo de intentar detener el hechizo. Se debatió intensamente, cada entidad representada sugería una solución, pero todas comprendieron que el HADA MALA era la única que podía parear aquello. El problema era muy agudo, ya que nadie sabía dónde vivía. Hicieron ofrendas, rogatorios para que el hada apareciera ante ellos, ni el HADA BUENA pudo hacer algo, buscó e imploró al HADA MALA su presencia, pero esta no acudió, y la tristeza y las lágrimas se apoderaron de todos los presentes. El día de su mayoría de edad la princesa ALEXIA, como cada día, jugaba en el bello jardín con los pájaros y montaba a los ponis, cuando se oyó un ruido ensordecedor seguido de un resplandor que dio paso a una siniestra oscuridad. Al volver la luz,, al volver la claridad, observaron, entre ellos el HADA BUENA, que la princesa ya no estaba, que ya no se la veía jugar, en su lugar había aparecido una estatua de mármol blanco reluciente, como una gran luz blanca de una belleza sin igual y con el rostro de ALEXIA.


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