La vieja sonrisa

Por Bycks
Enviado el 13/01/2013, clasificado en Drama
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Día de lluvia, es que acaso no me va acompañar ni un rayo del sol, misma lluvia, mismos problemas, trafico abarrotado, montones de paraguas sin cuidado alguno al pasar por la acera, hoy nada me va acompañar, maldita sea porque no puedo volver a ver su sonrisa, ¿Por qué colgué el móvil?

Acaso me hizo algo malo, simplemente se preocupó por mí y yo estúpidamente la rechace sin más, ¿Acaso no se merecía una respuesta? Probaré una última llamada más, la lluvia acariciaba mis manos temblorosas, como si de mi propio sudor se tratara, cógelo... cógelo... solo existía estas palabras en mi mente, nada más, empezó a sonar, cada pitido hacia latir mi corazón más fuerte, hasta que se detuvo, pip pip pip, mierda, la he perdido.

Donde irán mis palabras, ¿Habrá espacio para todas las palabras perdidas en el viento? Será mejor entrar en la cafetería de en frente, siempre me ha sorprendido esta cafetería, el contraste del color de la madera, de cara al exterior con un tono claro y por dentro un tono oscuro, ¿Acaso es una recreación del cuerpo y alma de las personas condenadas?

No creo que me encuentre lo suficientemente estable como para reflexionar las cuestiones de la vida, mejor cogeré la mesa del fondo la derecha antes que llegue nadie, bien concentrémonos en ella, que podría escribirle. Tengo que ser sincero pero no puedo ser dramático, no puedo dejarla entre la espada y la pared. No me la merezco pero la quiero, asco de dilemas moralistas, perfecto en la mesa hay servilletas, supongo que con una tendré para escribirle algo... Era extraño, pese a mis pensamientos siempre llevaba un bolígrafo de color verde, color de la esperanza, como si fuera a curar mis pensamientos pesimistas, supongo que será mejor que empiece a escribir aun que sean unas frases:

"Paseando por las calles vacías como si tratara de buscar el viejo corazón roto, ríos llenos de llantos donde en el fondo se encuentran las promesas, sueños y recuerdos ahogados por el peso de la pena, tierra desértica donde los sueños no volverán a florecer, viento, dueño de las palabras perdidas, tengo un mensaje para ti, pase lo que pase: te quiero"

Pasó una hora y aun no sabia que más escribir, supongo que con tanta mierda en la cabeza nada va a salir, mejor dejemos de escribir por hoy. La lluvia a empezado a detenerse, perfecto, salir a tomar el aire será lo mejor que puedo hacer, no me apetece pensar más, quizás si fumo conseguiré que el humo ahogue mis ideas. Antes de salir comprobaré que llevo todo encima, cartera, cigarros, móvil y lo mas importante la servilleta, es hora de salir a la calle, bien, cigarro encendido y paseo sin rumbo. Ella volvió aparecer en mi cabeza, su sonrisa aquella que calmaba mis latidos, andaba, andaba y andaba sin rumbo, el semáforo se puso en rojo.

Bajé la mirada por unos segundos, dios deja de pensar o la cabeza estallará. En fin que remedio, supongo que el humo de los cigarros no han hecho el efecto que deseaba, alcé la vista al cielo, una, deseo una ultima vez ver su sonrisa, es lo único que necesito, centré la mirada a la otra calle, el corazón se detuvo por completo, ella, ella estaba pasando justo delante mio, ¿Será que Dios existe y me habrá mandado una señal?

Debo atraparla mierda, piernas no me falléis ahora, empecé a correr tanto como pude para cruzar la calle y ella se giró, nuestras miradas se clavaron, mi cuerpo se detuvo, mi corazón dejo de latir, la respiración se corto, el tiempo dejo de existir.

Pasaron siete minutos, la calle se lleno de gente formando un círculo, empezaron a sonar de fondo las sirenas de una ambulancia y de la policía, había pasado un fatídico accidente de tráfico, el fin de una vida, el fin de una historia, trágica quizás o simplemente fue el capitulo de una vida que seguirá mas allá.

Transcurrido cinco años de aquel accidente, en un día cualquiera, en un parque cualquiera, había un niño jugando en el parque, oyó la voz de su madre y se giró, aquel hombre que murió pudo volver a contemplar la sonrisa de aquella mujer a la que amó a través de los ojos de la inocencia y así  volver a sonreír en paz.

Las palabras que se dedicaron a través del viento, se perdieron, pero los recuerdos y las últimas palabras escritas que él le dedicó se quedaron grabadas en la eternidad...

 

Jordi Quintanilla Borràs


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