Pintar, rezar, pasear y amar a una mujer

Por cclecha
Enviado el 14/12/2014, clasificado en Varios / otros
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Hace un par de semanas que he alquilado una pequeña casita con un huerto trasero y con vistas a la montaña de Montserrat. He escapado un poco de la gran ciudad porque tengo la intención de pintar a todas horas y no distraerme innecesariamente.

Además las ciudades limitan mucho nuestra visión. Nuestra vista está condicionada por los altos edificios que nos rodean, por el asfalto gris bajo nuestros pies y sobre todo, por nuestra incapacidad de ver el firmamento, arriba nuestro. Vemos un ámbito creado por el hombre y muy limitado. El plano del universo encima de nuestras cabezas nos está vedado. Esto puede provocar una sensación (engañosa) de creernos falsamente infinitos.

Ahora, desde mi casita puedo acceder a maravillosas vistas del cielo, las estrellas, los bosques, la naturaleza y la montaña de Montserrat que como el poeta Verdaguer decía parecía un monte serrado por los ángeles, de aquí su nombre. Esta montaña puede provocar en quién la contempla una verdadera sensación de estar contemplando una montaña sagrada, sobre todo por la peculiaridad de sus curvas y la distorsión de sus formas de piedra, provocadas por los movimientos tectónicos, terremotos, erosión, viento…o quizás fuerzas divinas.

Sea como fuere estas contemplaciones me estimulan como artista ya que busco en mis cuadros la belleza y la bondad en sí. Intento extraer lo que hay de bello en un paisaje cualquiera. Claro está que todo está tamizado por mi espíritu y la visión que hay en mí. Esto no puedo ignorarlo… yo como intérprete de esta naturaleza plasmo mi propia visión del tema. Sin embargo intento extraer en cualquier paisaje lo que hay de eterno de belleza y otros valores. Ni que decir tiene que no estoy contento con mi trabajo… pero en eso estoy.

Como hace un rato que trabajo, me veo en la necesidad de salir al sendero a moverme un poco y despejarme. Allá a lo lejos, en una estrecha pista de tierra bordeada de tomillo y romero se ve un punto negro que avanza con celeridad hacia mí. Poco a poco, se haciendo reconocible la silueta de un monje de la abadía de Montserrat que va avanzando por el sendero. Parece que no ha advertido mi presencia…va mascullando alguna cosa…salmodiando algo y su concentración en sus propias palabras le hacen ignorarme.

Como que vamos a cruzarnos y parece que no se da cuenta de mi presencia, me dirijo a él

-Buenos días, padre

- Oh, perdona, como iba ensimismado en mi oración y ni siquiera te he visto. Muy buenos días.

       Como me intrigó su canturreo, quise saber algo más, así que le pregunté

       -Me he dado cuenta de que iba rezando, salmodiando o canturreando algo que le absorbía toda la atención.

         -Si, si…. Correcto, concretamente iba rezando. Repito incansablemente una oración breve para tener presente a Dios y tratar de olvidarme de lo demás.

         -¿? No sé si le entiendo demasiado.

         -No sé si has oído hablar de lo que en la espiritualidad ortodoxa se denomina la Filocalia del Corazón

           Me encogí de hombros, mostrando ignorancia

           -Te explico. Se trata de un ejercicio que presupone la repetición simple de una oración absolutamente elemental…por ejemplo: “Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”. Hay que repetir constantemente esta oración…inspirando en la primera parte de la oración y expirando en la segunda.

           Todo ello te lleva a un estado de concentración. Este estado de concentración produce un momento de participación; todas la facultades del alma reflejan el contenido santo de la formula, se trae el espíritu al corazón. La repetición obsesiva de la plegaria, permite encontrar nuestro reino interior.

           -Creo entender…

           -Además, otro efecto, absolutamente positivo, nos ocurre con esta repetición incansable de la frase… Acontece la famosa hesykhia, que no es otra cosa que la tranquilidad pura. La repetición se vuelve espontanea y sin esfuerzo…esta repetición, lleva a la quietud absoluta.

           -Veo que la quietud de la que habla no está contrapuesta al movimiento del paseo

           -¡Vaya! Buen comentario. Parece usted mi apreciado abad. El es partidario del recogimiento y de lograr la paz interior con motivos fuera del paseo. Yo, al contrario soy un fan del paseo. Soy partidario de este como San Ambrosio que lo consideraba semejante al rumor de las olas…al ir y venir de estas cargadas de infinito. El suceder de la marcha, su constancia, la veía similar a las olas. Se produce un efecto de repetición y constancia. El paseo te sume en un proceso de participación o permanencia con lo que te rodea…los arboles, el aire, los pájaros…

           Mientras terminaba de hablar el sacerdote, llegaba por el camino Ingrid, mi novia alemana que había venido a pasar unos días.

           -Hola cariño. Vengo cansada. Si no te importa pasaré hacia casa a empezar a preparar la comida. ¿Vienes?

           -Enseguida voy. Acabo de hablar con el sacerdote y vengo.

           Ingrid se retiró hacia casa. Como siempre, su proximidad me turbaba, me alteraba físicamente y emotivamente…aproveché para decirle al sacerdote

         -Me han llegado hondo sus maneras de aproximarse a Dios, es decir la oración y el paseo. Le quisiera preguntar si mis maneras de buscar la eternidad pueden ser también validas.

         -Tú dirás, te escucho

           Le conté como intentaba pintar y trasmitir en mis cuadros la Belleza y la Bondad eternas. Buscaba lo que hay de verdadero en la trascendencia… le conté que no estaba muy contento con mi trabajo, pero que lo seguiría intentando. Aproveché para decirle

           -La que ha marchado es mi novia. Tengo que decir que estoy loco por ella. Cuando estoy en su proximidad, mi personalidad tiende a diluirse… y cuando hago el amor con ella mi yo desaparece dando lugar a un fondo cósmico en el que aparece algo parecido a la divinidad.

           Callé en seco, pensando que a lo mejor estaba diciendo tonterías

           -¿Cree usted que pintar y amar a mi novia, pueden ser maneras de buscar la divinidad?

           El sacerdote sonrió abiertamente y contestó

           -Hay muchísimas maneras de buscar a Dios. Las tuyas seguro que son igualmente validas.

 

 

 

 

       -

     

 

     


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