Cuando el hambre aprieta

Por Cortez
Enviado el 15/12/2014, clasificado en Terror
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Por el oscuro camino, se mueve con torpeza buscando una luz o una persona a quien pueda solicitar ayuda. Las pesadas cadenas de sus manos y pies hacen más difícil el viaje. Sin embargo, continúa avanzando en línea recta porque intuye que encontrará algo o alguien que pueda ayudarle.

Su cuerpo encorvado, su cabeza echada hacia uno de sus hombros, su mirada perdida y lagrimosa  asustaría a cualquiera que lo viera. Pero él no piensa en eso. Se acaba de soltar y ha eliminado a la única persona que lo custodiaba. Y que lo tenía encadenado de brazos y piernas. Y que lo alimentaba en la boca, quién sabe con qué alimentos que ya lo tenían harto.

Siempre lo mismo. Sin poder dedicidir lo qué comer. Por eso, cuando mordió su mano por accidente, le agradó el sabor de la sangre... y de la carne humana. Tanto, que disfrutó comerse a su carcelero. Pero sólo lo abasteció durante 10 o 12 días. Ahora que sólo quedaban los huesos, tenía que buscar más alimentos.

Aunque parecía que la ciudad estaba muy lejos. ¿Por qué lo habían mantenido encadenado en esa cabaña del bosque, tan lejos de la gente? Tan lejos de los demás. Ahora tenía hambre, mucha hambre. Sería capaz de comer lo primero que se encontrara. ¡Pobre vaca que estaba cerca de la carretera!


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