En su despacho profesor...

Por Satine1991
Enviado el 19/12/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Caminaba nerviosa por el pasillo de la facultad y tan solo se escuchaba el ruido de mis tacones. Ese estado de inquietud me había invadido desde que me asignaron como tutor de trabajo final de carrera al que había sido el protagonista de mis sueños más tórridos durante tantos años de clase, Pablo. Estatura media, de pelo castaño y de complexión normal. Dos cosas habían captado mi atención desde el primer día: sus ojos y sus manos. Ese azul chispeante me ponía a mil y verle explicar mientras gesticulaba hacía que imaginase sus manos recorriéndome.

Era bastante obvio que me había arreglado para él: vaqueros ajustados, camisa azul y zapatos de tacón. Ya habíamos cogido bastante confianza, nos enviamos e-mails diariamente y había estado en su despacho en más de diez ocasiones. Lógicamente no había ocurrido nada, simples roces accidentales, sonrisas y confidencias sobre otros alumnos o profesores. Yo sabía que Pablo estaba casado y que al menos era doce años mayor que yo. Poco importaba eso, yo soñaba continuamente con que me tumbase encima de su mesa y me hiciera suya.

Llegué a la puerta y llamé discretamente.

- Adelante-le escuché decir.

Pasé con cuidado ya que vi que estaba hablando por teléfono. El despacho era compartido y la mesa de Pablo estaba de espaldas a la puerta, por lo que él no me había visto todavía. Vi que llevaba puesto un jersey verde y unos vaqueros. Me senté en la silla que había enfrente de su mesa y solté mi bolso y los papeles que llevaba en las manos.

- No, esa fecha no puede ser. El congreso podría ser más adelante-seguía hablando él hasta que me miró. Yo sabía que estaba diferente. Me había arreglado el pelo (no lo llevaba en coleta como siempre) y maquillado un poco.

- Vale, ya me comunicas lo que decidas. Adiós-colgó y después me sonrió.

- Buenas tardes. Ya te traigo lo que me pediste, a ver si te gusta- le dije mientras le daba unos papeles.

-Sí, seguro que sí. Te veo diferente. Me gusta- respondió mientras comenzaba a leer lo que le había dado.

Yo continuaba nerviosa, quería provocarlo, ver si era tan inmune e indiferente como parecía, así que me quité la chaqueta y desabotoné discretamente uno de los botones de la camisa. Me incliné hacia la mesa y apoyé los codos en ella mirándole.

- ¿Y bien?-pregunté en voz baja.

Él levantó la mirada y miró directamente mi escote.

- Pues está bastante bien la verdad. Cumples con mis expectativas-contestó mirándome ahora a la cara.

- Me alegro. ¿Hay algo que pueda mejorar?- intentaba mostrarme lo más ambigua posible.

- Sí. En esos estantes de ahí detrás hay una obra que me gustaría que consultases. ¿Puedes cogerlos? Es el tercero de esos grises, el de arriba.

Me sentí decepcionada pero me levanté y me giré hacia los libros. Tampoco es que el despacho fuese muy grande, apenas tuve que dar dos pasos. Miré los libros detenidamente y notaba su mirada en mi espalda, o quizás mejor, en mi culo.

- Ya se que parezco un poco lela pero no se a cuál te estás refiriendo-le dije sin girarme y fingiendo mirar los libros.

Escuché como se levantaba y se aproximaba. Se colocó justo detrás de mi, tanto que casi me rozaba. Alzó su brazo y tocó el lomo de uno de los libros pero no lo cogió. Se quedó así. Era mi oportunidad, me giré y le miré a los ojos. Pablo se acercó un poco más pero continuaba sin tocarme.

- ¿Por qué me provocas?-susurró contra mis labios.

- Yo no hago nada-respondí todo lo inocente que pude.

Fue demasiado. De repente se pegó a mi con tanta fuerza que me empotró contra la estantería. Poco me importó. Me besaba con pasión a la vez que me agarraba de las caderas y me rozaba con su paquete. Yo no perdí el tiempo y puse una mano en su culo mientras con la otra le acariciaba la espalda por debajo del jersey.

- ¿Por qué te sientas siempre en primera fila a mirarme así? ¿Me querías poner cachondo? Pues lo has conseguido- decía contra mi cuello y empezó a desabrocharme la camisa. Mi sujetador era rosa y cuando terminó con los botones no me quitó la camisa, me la dejó puesta y se puso de rodillas. Me besó el borde del vaquero y comenzó a subir despacio. Llegó a mi ombligo y siguió subiendo lentamente.

Yo casi ni me lo creía y le acaricié el pelo mientras volvió a bajar y me desabrochaba el botón del pantalón. Bajó la cremallera y tiró de ellos para quitármelos mientras se ponía de pie. Me deshice de los zapatos como pude y terminé yo de quedarme en ropa interior. El tanga iba a conjunto con el sujetador y él me dio la vuelta hasta que yo quedé mirando los libros.

Dirigió su mano a mi coño por debajo de la tela. Yo estaba muy cachonda y lo mojada que estaba no dejaba lugar a dudas.

- ¿Notas mi polla? Lleva queriendo follarte desde el primer día que te vi sentada con carita de buena- decía mientras se apretaba contra mi culo.

Me dí la vuelta y le desabroché el cinturón y después el pantalón.

- ¿Y a qué esperas?- pregunté dejando libre una polla de tamaño considerable.

Volvió a besarme y me cogió una pierna. Me la puso sobre su brazo y apoyó la mano en un estante para dejar mi coño expuesto. Llevó hacia el su polla caliente y me provocaba sin llegar a penetrarme. Cuando lo hizo gemí. Me encantaba sentirlo dentro de mi, notando como empujaba y cada vez me ponía más y más cachonda.

- ¿Te gusta? A mi sí, es mejor de lo que me imaginaba. ¿Notas como entro en tu coño? Sé que lo estás disfrutando-decía morboso mientras me mordía el cuello.

Me iba a correr, lo notaba, las piernas me flojeaban. Él también pareció notarlo porque en ese momento agarró mi otra pierna, me levantó y continuó follándome contra la estantería. Yo tenía las manos en sus hombros y él me penetraba más rápido ahora. Cuando me corrí no pude evitar gritar y clavarle las uñas en la espalda. Apenas segundos después él embistió fuerte y se dejó caer contra mí y los libros. Noté como se corría y le mordí suavemente la oreja.

Me dejó que pusiese los pies en el suelo y se giró mientras se subía el pantalón. Yo me vestí rápidamente ya que me di cuenta que la puerta había estado todo el tiempo con la llave sin echar y cualquiera que hubiese abierto nos habría visto.

Él se sentó de nuevo en su silla y cogió los folios.

- Esto tiene posibilidades, habría que revisarlo con detenimiento ya que me tengo que ir. ¿Qué tal si nos vemos la semana que viene? Por la tarde, a eso de las 7- dijo sin levantar la mirada de los papeles.

Yo me senté mientras me ponía los zapatos.

-Sí, me parece bien- contesté mirándole sin saber como actuar.

- Bien, pues hasta la semana que viene. Y trae falda si puedes-pidió sin mirarme.

Yo sonreí, asentí, recogí mis cosas y me marché.

El silencio continuaba en el pasillo.


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