2056

Por hero
Enviado el 18/12/2014, clasificado en Varios / otros
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2056

 Todos los días es un sueño diferente. Comienza con una visión idílica de una casa amplia y espaciosa situada en la montaña, con caminos adornados por coníferas y desde la cumbre se puede avistar las múltiples entradas a la ciudad que atraviesan plazas cuidadas y redomas con mucho tráfico. La casa de piedra, metal y madera, tiene un amplio corredor, puertas macizas, salón principal con sillas de resguardo y al frente un jardín. Los dormitorios arriba y las dependencias de servicio abajo, con diversos pasillos entrecruzados, innumerables ventanas con marcos de madera y puertas que comunican a estancias de uso y aspectos diferentes. La parte posterior se encuentra expuesta y abandonada, el caserón por ser tan grande no recibe ni la atención completa ni la vigilancia requerida, por lo que eventualmente el área es tomada por extraños, a los cuales hay que expulsar, a veces con violencia. El padre de familia se percata de las invasiones al intentar aparcar el vehículo biselado de cristal y cerámica, en un espacio abierto detrás de la inmensa construcción, desactiva la fuente de energía de la caldera de hidrogeno, mira a todos lados y en una serie de saltos, traspone los jardines, corredores y pasillos para llegar y juntarse con su familia en el espacio que habitualmente ocupa. Cada vez más, se le dificulta llegar sin novedad, los invasores demuestran su presencia, hostigando y tratando de originar algúna réplica que genere algun derecho. Miedo y nervios cada vez y el pánico atenazando la garganta es cada vez mayor en cada sueño. La recurrencia en dias diferentes, de diferentes sueños en el mismo sueño hace que esas diferencias  sean más visibles y mas reales, siempre acaban personificandose en el mismo dueño de la vivienda, tomando decisiones y ordenando, otras veces es el vecino, quejoso y criticón, otras más, el jardinero reclamando con impertinencia su salario, el velador que vigila pero duerme día y noche o la criada que hace la comida y se encarga de la limpieza, que le sirve al dueño de la casa y es molestada por su marido. Pero se vuelve peor, cuando soñándose hijo, se escabuye de noche por la ventana de su habitación, sin miedo y con frío, llegando hasta lo alto de la chimenea de la casa y espera la oportunidad para tocar con sus manos las naves voladoras gigantes que destellan con sus luces cegadoras y que se posan temporalmente encima del caserón, el cuerpo de los artefactos flotan lentamente, bamboleándose sobre su eje, no se ve afectado, mira arrobado y con atención todo aquello que puede vislumbrar a su alrededor bien parado sobre sus dos piernas, mientras el valle tranquilo se muestra ampliamente iluminado por las luces que surcan el cielo, anunciando la llegada de las naves nodrizas que en interminables columnas de gases iridiscentes rebotan una y otra vez contra el cerro del Ávila.


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