Tras el cristal

Por Leo Macarrón
Enviado el 18/12/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Fuera la lluvía caía sin cesar. Al fondo se veían los árboles empapándose de la deseada agua, los bancos del parque mojados y solitarios, los charcos que empezaban a formarse por doquier y la gente corriendo buscando un sitio donde refugiarse.

 

Todo esto lo veía a través del cristal de la ventana, mojado por fuera y con danzarinas gotas de agua recorriéndolo de un lado a otro.

 

El ver como el agua se deslizaba a través de los objetos, a través de los árboles y a través de las personas le hizo recordar.

 

Pensaba en aquel fin de semana en que lo conoció. No podía evitar estremecerse cuando recordaba aquellos momentos en la ducha. Aquel salvaje encuentro en el que casi sin decirse palabras juntaron sus cuerpos por primera vez.

 

Cuando él la vió bajar del autobús casi no pudo articular palabra, pero fue con ese gesto en la ducha cuando le dijo todo lo que tenía guardado.

 

Volvió a mirar hacia fuera. Ya no se veía a nadie. El césped aparecía anegado y el húmedo suelo ya estaba vacío, sin que hubiera nadie que lo pisara.

 

Alzó un poco la vista y vió que el cielo seguía ennegreciéndose. Se adivinaba más lluvia. Hizo un gesto instintivo como de querer cobijarse a pesar de encontrarse a cubierto dentro.

 

Aquella noche del día de la escena en la ducha, habían vuelto a hacer el amor, pero fue de una forma reposada, como si quisieran conocerse poco a poco, nada que ver con aquel impetu inicial, fruto quizás de las ansías, sobre todo de él, por encontrarse.

 

Recordó también el viaje de vuelta. Cómo se fue contenta pero melancólica. Sentada en aquel autobús, pensando en que quizás aquella fuera la primera y la única vez en que se verían.

 

Pero ahora sonreía recordando aquello, porque se acercaba la fecha en que iban a volver a econtrarse de nuevo. Sin pretenderlo, sin buscarlo, había vuelto a sugir una nueva oportunidad y ambos estaban dispuestos a volver a aprovecharla.

 

Lanzó una última mirada fuera. Le gustaba la lluvia. Significaba que refrescaba el tiempo, que el calor se disipaba, que los días se disfrutaban de otra manera.

 

El sonido de la campana de la puerta, al entrar un cliente, la despertó de sus pensamientos. Con una sonrisa en los labios, como siempre hacía, se dirigió a atenderlo.


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