Juguete a placer

Por Malu Ramírez
Enviado el 26/12/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Ya no recuerdo casi nada de ti… mi mente se ha forzado a ya no recordarte, a no sentir tu aroma, a no desear tu presencia junto a mí.

Cada día que pasa sin ti ha sido un martirio, castigo por amarte con locura, por desear ser algo que desde un principio estaba destinado a no ser… qué más da lo que sienta, nada de lo que hice fue suficiente para despertar en ti el amor, nada de lo que viste en mi fue suficiente para que me amaras, nada de lo que dijera o escribiera fue suficiente para que sintieras por mí más que aprecio.

Duele tanto recordar lo que mi piel sentía a tu lado que cualquier intento de tocarme es más que frustración, el llanto invade mi existencia desde que nada ni nadie ha sido capaz de llenar mi vida y mi mundo como tú lo hacías… y no es que dependiera de ti para existir, sólo que tu presencia en mi vida hacía la diferencia de vivir feliz y vivir muy feliz… me acostumbré tanto a ti, a la incertidumbre del no sé qué pasaría en tu presencia que volver a la monotonía de mi vida ha costado más que llanto y soledad.

Si, soledad. Palabra que a simple vista se piensa que es porque se acostumbra uno a la compañía de alguien, de quien sea…  y no, la soledad es ese estado en que te encuentras rodeado de gente y sabes que la ausencia de esa persona especial que hace más bello tu mundo cala más hondo de lo que debería…

Rodeada de gente, de amigos y familia y añorando tu presencia. Irónica sigue siendo la vida llevándome a sentir la necesidad de ti, a no saber qué no he aprendido y seguir sintiendo el dolor de tu ausencia, añorando tu presencia, tu aroma, tu sabor, tu mente, tus caricias…

¿Acaso volverme la fría mujer sin deseos sexuales no ha sido suficiente para sobrevivir sin ti? ¿Acaso no querer recordar los instantes de pasión a tu lado no ha sido suficiente para matar el deseo? Cualquiera que me lea diría que estoy más que loca por amar de esa manera, la locura invade mi mente, mi cuerpo, mi razón… tan es así que no soy capaz ni de mirar a otro hombre, no permito que ni en palabras toque alguien más mi mente, mucho menos mi cuerpo; mis ojos no desean mirarse en otros ojos, mi piel no desea sentir la piel de nadie más, mi boca sólo añora besar la tuya, mis manos no son capaces de tocar más que en un soso saludo a cualquiera…

Si algo recuerdo de ti es aquella vez, esa cuando tú y yo ya no éramos amantes, esa cuando me retaste a masturbarme en tu presencia, a mostrarte  lo que era capaz de hacer, esa vez que terminé llorando semidesnuda, tumbada en la cama llena de frustración porque el hombre que ya amaba no era capaz de desvestirse y tumbarse al lado mío y sólo fue capaz de tomar el dildo y colocarlo entre mis piernas, jugar con mi clítoris y no soportar mis lágrimas, levantarse de la cama y decir “yo no te forcé a nada”.

Juguete en tus manos fui… y nunca me importó serlo, que bien que me divertía a tu lado, y tú al mío… ¿o esos momentos en que estuvimos juntos acaso nunca fueron de tu agrado? ¿Ahora vas a decirme que si estuviste conmigo así sólo fue por compromiso? ¿O por lástima a la mujer enferma? ¿Ahora vas a negar que te gustaba lo que hacíamos? ¿Las revolcadas y cogidas que nos dimos mutuamente?

Esa última vez que estuvimos divirtiéndonos… ¿la recuerdas? ¡¡¡Esa vez que dejaste mis pechos marcados, ésa vez que estuviste a punto de hacerme el amor sin restricciones, esa vez que casi terminas dentro mío y que si no es porque te miré a los ojos y viste el amor en los míos te hizo salirte de mí… esa tarde donde fue mágico poseerme!!!

Tu juguete fui, y seguiría siéndolo a placer si así lo quisieras… y no sé si lo que debo aprender es a estar sin ti, o a vivir siendo solo el juguete del hombre al que amo, o a ya no desear ser el juguete que está a mano para cuando lo quieras usar…

Y me verás ir perdiendo el brillo en los ojos, los verás oscurecerse cada vez más, perdiendo la vida, muriendo lentamente y no serás capaz de decir nada, de hacer nada; y seguirás con tus silencios matando lentamente la alegría y la ilusión. Y la única culpable de ello seré yo, por darte el poder de destruirme, por amar sin condición y en total entrega, por desear ser tu juguete, juguete que a la larga aburre y se deshecha.

Seré esa mujer… aquella que a pesar de saber que no la amas se emociona al recibir de ti migajas, una palabra, de vez en cuando una mirada, esa que dará lo que sea y esperará que llegue ese “se podrᔠsabiendo que sólo es un juguete y que nunca la amarás.

 

Malu Ramírez


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