¿ESTÁ USTED CONFORME CON EL MUNDO? (segunda y última parte)

Por Federico Rivolta
Enviado el 24/12/2014, clasificado en Ciencia ficción
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III

 

“"Estás muy linda, ¿acaso no te das cuenta de que podrías romperle el corazón a alguien viéndote así?”"

Natalie jamás olvidó aquellas palabras de su abuela; era la típica frase de vieja, pero tenía toda la razón. El Edicto 5 había sido removido por el nuevo líder, pero el sentido común aún indica que arreglarse en demasía es una falta de consideración hacia los demás. Nadie debe llamar la atención en un mundo en donde todos los adultos poseen un control remoto, nadie debe tener derecho a decepcionar ni a hacer sufrir, ni a hacer desear ni a hacer sentir.

“"Si me abandonas… ¡apretaré el botón!”"

"“¡Acuéstate conmigo o nos mataré a todos!”"

Natalie fue martirizada numerosas veces debido a su aspecto pero, lo intentara o no, siempre fue muy atractiva.

 

IV

 

Ayer fui al hospital a ver a mi madre en pleno horario de clases; sí, soy de faltar seguido. Falto porque da lo mismo si uno asiste o no al colegio, de todas maneras el Edicto 8 indica que no debe haber calificaciones y que todos deben aprobar.

Natalie me dijo que me acompañaría al hospital, pero ayer cambió de opinión y fui solo. No es la primera vez que cancela una cita conmigo a último momento; algo le sucede.

No quiero ni considerar la posibilidad de perderla, aquello me destruiría. No dejo de pensar en ella, ninguna otra mujer me gustó tanto; claro que son pocas las que se ven así de lindas.

En la clase de historia aprendí que hace muchos años el nuevo líder dictaminó el Edicto 5 sobre la prohibición de verse atractivo, pero pronto lo removió por ser demasiado difícil de juzgar; además, algunos se ofendían si no se les llamaba la atención por no cumplir con este mandato. Mientras estuvo en vigencia, los desfiles de diseñadores, la producción de accesorios y en general todo lo que tenía que ver con la moda desapareció; luego de la remoción de este edicto, la falta de interés en el aspecto físico se mantuvo por costumbre.

En medio de una de mis tantas reflexiones llegué al hospital. Mi madre estaba bien, se trataba tan sólo de una operación de vesícula; nada por lo qué temer. La gente me preguntaba preocupada por su salud, no por ella en sí, sino por la posibilidad de que pudiera sentir que todo estaba perdido y apretara su botón.

Desde que se dictaminó el Edicto 13, nada causa más miedo que una persona que no tiene ganas de vivir. De todos modos no había riesgos de que mi madre hiciera estallar el mundo, sin importar que tan enferma estuviera ella jamás haría algo así. Pero la Señora Z, ubicada en la cama adjunta, atravesaba una situación completamente diferente y, a decir verdad, su afligido gesto era inquietante:

– Aquí están sus pastillas, Señora Z – dijo la enfermera – Y por favor cuente hasta diez, siempre cuente hasta diez antes de tomar cualquier decisión.

La Señora Z tenía apoyado el pulgar en su control remoto. ¿Por qué? Porque nadie jamás la había querido ir a visitar al hospital ¿Por qué? Porque nadie jamás la había querido.

Su pellejo gris pesaba demasiado como para fingir una sonrisa. De repente, sus labios secos y cuarteados dejaron salir un hálito de ultratumba:

–- Uno, dos, tres, ...…

 

V

 

Natalie secaba sus lágrimas con un pañuelo mientras los rostros silenciosos del autobús la apuntaban. Parecía cuestión de tiempo para que ella metiera la mano en su cartera en busca de aquello en lo que todos estaban pensando.

El tiempo se detuvo cuando abrió el cierre, introdujo la mano y comenzó a revolver entre sus cosas.

"“¡No lo hagas!, ¡por favor!"” pensó más de uno, pero el Edicto 21 prohíbe entrometerse en los asuntos de los demás en lo que respecta al uso de los controles remotos.

Finalmente Natalie encontró lo que estaba buscando: un nuevo paquete de pañuelos descartables con el cual seguir secando sus lágrimas.

El autobús entero respiró.

 

VI

 

Odio estas charlas motivacionales de fin de curso, ¿qué sentido tienen? Intentan aconsejarnos sobre la elección de nuestras carreras pero todos los que trabajan tienen el mismo salario, y los que no trabajan… también. No hay razones para sobresalir del resto, de hecho eso es lo que todos quieren, que seamos iguales, de ese modo nadie siente envidia y nadie se siente disconforme con lo que la vida le dio.

No sé qué pensaran mis compañeros, pero a mí no me sirven en absoluto estos debates que impuso el nuevo líder.

Pronto terminaré mis estudios y no tengo ni la menor idea de lo que haré; es más, ni siquiera sé que haré en mi cumpleaños y es dentro de una semana. Sólo sé que el 2 de diciembre seré mayor de edad, justo ahora cuando no estoy de humor para festejos. Mi mente está demasiado ocupada en Natalie. Desde que me abandonó, no puedo dejar de pensar en ella… ni en el control remoto.

 

FIN

 


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