ATRAVESANDO EL TUNEL (PARTE 1 DE 3)

Por cclecha
Enviado el 26/12/2014, clasificado en Intriga / suspense
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                                                         ATRAVESANDO   EL   TUNEL (PARTE 1)

 

     La noche era densa y la luna inexistente. Tan solo contaba la luz de aquel manto inacabable de estrellas. Multitud de pequeños puntos luminosos parpadeaban desde las alturas. En el cielo el silencio era absoluto y sus leyes parecían inmutables Todo lo contrario sucedía aquí abajo. Infinidad de improperios y voces de los soldados, llegaban en medio del caos más absoluto.

     Otras innumerables luces, nos acosaban desde el suelo. Una aglomeración de pequeñas fogatas, alumbraban el campo de batalla y la infinidad de soldados y arqueros que se movían de aquí a allá. Las catapultas, también vomitaban piedras envueltas en fuego contra las murallas del castillo. Unas pesadas torres de madera, envueltas en pieles mojadas avanzaban hacia las almenas.

       En el castillo, se intentaba defender los muros de piedra, muy diezmados por los impactos y sobre todo la puerta principal. Las saeteras lanzaban saetas sin parar, pero poco a poco iban acabando las existencias. Arriba, desde las almenas tiraban de todo, incluso agua hirviendo, pero los defensores sabían que no podrían defender por mucho tiempo la fortaleza.

         El Sr. Berenguer observaba desde su puesto la debacle. Iba vestido de guerra, con su malla metálica y un yelmo que le cubría la cabeza. La espada, sin poder entrar en acción, lucía como un elemento decorativo más en espera de mejor ocasión.

         -¡Berenguer! ¡Berenguer! -Bramó uno de sus ayudantes- acaba de llegar un mensajero que dice que el castillo de nuestro aliado Ferrán ha caído hace un par de días…que lo dejó envuelto en llamas.

       Berenguer, bajó la cabeza derrotado, había confiado que las fuerzas de Ferrán vendrían en su ayuda…

      -Por favor-sugirió el mismo ayudante- escoge a un hombre de tu confianza y utiliza el túnel que construyó tu bisabuelo e intenta escapar. Sino irremediablemente morirás.

       Berenguer se acordó del túnel. Su bisabuelo lo hizo construir y sabía que iba a parar a un par de kilómetros aproximadamente del castillo. Su bisabuelo era una mala pieza y había hecho sepultar en vida a dos individuos que creía enemigos suyos, precisamente en este túnel. Habían sido sepultados en vida. Su bisabuelo había hecho fama de carnicero déspota.

       Berenguer se dirigió a su ayudante y le dijo

       -Rápido, haz que se presente a mí, Jaime, preparado para partir.

       El jefe del castillo, en ese momento, escuchó un sonido ensordecedor, proveniente de un impacto que había dado de lleno en la puerta principal. Esta se estaba desmoronando y el peligro arreciaba.

         Jaime, el guerrero más preparado de castillo, era mitad cura y mitad soldado. Tenía tan cultivados tanto la mente como el cuerpo.

     -Señor, ¿me habéis mandado llamar?

     -Sí, partimos sin demora. Intentaremos avanzar por el túnel y salir del castillo.

 

     Desde la torre del homenaje, la principal de castillo, se bajaban unos escalones empinados de piedra que llevaban directamente a una puerta por la que se accedía al túnel. Esta puerta, recia de roble y con argolla y esquineras de hierro negro, no había sido abierta desde los lejanos tiempos del padre de Berenguer.

       Este inspiró fuertemente antes de abrir la puerta, como si tuviese miedo de carecer del suficiente oxigeno, detrás de ella. Pasaron de un mundo luminoso a otro oscuro, completamente desconocido, en un santiamén. Las antorchas que llevaban, les sirvieron para que sus ojos se acostumbraran a aquel medio desconocido y hostil. Inmediatamente, una estrecha galería de tierra se desdibujaba entre sombras, marcándoles el camino a seguir.

       Berenguer iba delante, apartando con la antorcha multitud de telarañas que se habían formado y viendo como un par de ratas huían asustadas de la luz de los intrusos. Detrás iba el cura-soldado, pensando que su jefe había mantenido una vida no adecuada basada en el egoísmo y la crueldad. Por ello se encontraba en esta tesitura. Si no se hubiera opuesto al rey, por ambición…no se hubiera visto en aquellas circunstancias… El rey, era el más grande…no como aquellos pobres campesinos, a los que Berenguer había sometido a la fuerza y que se veían abrumados de impuestos…

     Iban descubriendo un mundo nuevo. Un mundo oscuro y sin humanos. Las sombras y la negrura deformaban la realidad haciendo que la imaginación, pudiera aventurarse a creer cualquier cosa. El impacto de las antorchas, su reflejo, deformaban las caras, las figuras y daban a todo un aspecto siniestro.

     Jaime, pensó que aquel túnel era parecido a los ritos iniciáticos, que había escuchado de niño a su familia y a los que se ven sometidos los jóvenes de tribus antiguas que querían pasar a ser hombres. La misma falta de luz, de privación, de pruebas de razón dudosa… Lo único diferente es que Berenguer y él, dependían de sí mismos para salir…no de terceras personas. El cura-soldado también pensó que su jefe no creía que cambiase…el ya estaba formado…el ya era un hombre. Nadie formado, cambia sí como así.

     Berenguer avanzaba lentamente…sabía que los enemigos de su bisabuelo, estaban enterrados en vida en algún punto del recorrido. Esto le agobiaba y empezaba a pensar que todo aquel engranaje de terror en el que se veía envuelto, este coqueteo constante con el Mal, quizás a lo único que le llevaba era a un nerviosismo y malestar continuo.

 


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