Pasión Imperfecta

Por Leo Macarrón
Enviado el 29/12/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Llevaba viéndola mucho tiempo. La conocí en un mercadillo una mañana de domingo, por casualidad. A los dos nos gustan los libros y coincidimos en que queríamos comprar el mismo en un pequeño puesto que tenía algunos ejemplares curiosos.

 

Ella la verdad es que se puso muy seria cuando le dije que yo lo había visto primero y que llevaba mucho tiempo buscándolo. Me miró fríamente, pero no me contestó nada.

 

Yo, que en el fondo, soy un blando, no pude resistir la congoja que parecía que le abrumaba, y le dije que bueno, que se lo podía llevar, que ya lo buscaría por otro lado. Ella sonrió y rápidamente lo atrapó y se lo pagó al vendedor.

 

Me di la vuelta y me alejé, diciéndome una vez más que como se puede ser tan gilipollas, cuando oí su voz que me decía: “Oye, ¿quieres al menos un café como compensación?”

 

“Vale”, contesté. El café se convirtió en una copa y luego en otra y estuvimos casi toda la tarde juntos, hablando. Resultó que era muy simpática, aunque ella decía que no solía hacer esas cosas de invitar a un café a un extraño.

 

“A mí tampoco me suelen invitar”, le contesté. Desde entonces nos hemos visto mucho, nos hemos contado muchas cosas y nos hemos hecho buenos amigos.

 

Un día me atreví a invitarla a cenar y ella aceptó. Coincidía con un fin de semana en que nuestras respectivas parejas no estaban en la ciudad.

 

Lo pasamos muy bien, ella es muy divertida y además siempre me da la sensación de que se siente a gusto conmigo. Al final de la velada, ¿quieres venir a mi casa?, le dije.

 

No, me contestó, mejor vamos a un hotel. Rápidamente, y antes de que cambiara de idea, busqué uno adecuado en mi móvil lo más cerca posible y nos dirigimos hacia allí.

 

Cuando llegamos a la habitación, no esperé siquiera a que pudiera arrepentirse, y me acerqué por detrás y la besé en el cuello, con suavidad y ternura, pero deleitándome y recreándome en la acción.

 

Ella se volvió y me devolvió el beso con una pasión y desenfreno que hizo que me olvidara por un instante de todo lo demás. La envolví con mis brazos y mientras la abrazaba no dejaba de acariciarla.

 

Nos dirigimos hacia la cama. La besé delicadamente, como si pretendiera aprenderme de memoria cada pliegue de su piel, cada centímetro de su cuerpo, que fui recorriendo lentamente, sin prisa alguna con mis labios, con toda la ternura de la que fui capaz de dedicarle.

 

Luego, mirándola a los ojos, le hice el amor, como hacía semanas, meses quizás, que ella no lo vivía y como yo no lo hacía desde mucho tiempo atrás. Cuando ella me sintió dentro, se abrazó a mí sin querer soltarme.

 

Llegamos al orgasmo y nos quedamos tendidos el uno junto al otro, abrazados durante largo rato, sin hablar, hasta que ella se levantó de repente y empezó a vestirse.

 

Yo hice lo mismo, sorprendido, y al ver que se iba, corrí tras ella hasta lograr alcanzarla poco antes de llegar a la calle. Le pregunté qué le pasaba, pero sólo podía ver sus lágrimas.

 

La llevé hasta su casa, pero no dijo nada en todo el trayecto. Se despidió de mi con un beso en la mejilla.

 

He seguido viéndola. No hemos hablado de aquella noche porque presiento que ella se siente mal al hacerlo. Es por su pareja... aunque sé que él no la quiere.

 

Yo sigo recordando ese día y esperando volver a encontrarnos a solas para desatar nuevamente nuestros deseos.

 


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