Venganza

Por cclecha
Enviado el 31/12/2014, clasificado en Intriga / suspense
677 visitas

Marcar como favorito

                                                                 V E N G A N Z A

 

     Vuelvo a estar en el bar del pueblo. Los hombres que no sabemos qué hacer, nos reunimos aquí para espantar la soledad.

      La historia que explico, la viví con A, hace cuatro noches y es alucinante. Como todavía tengo frescos los diálogos, me dedicaré a escribirlos en el block de notas que llevo, si bien la narración no debe ser conocida con los auténticos nombres de los personajes, utilizaré tan solo la primera letra de los mismos.

       El asunto es el siguiente…

       Acababa yo de salir de casa, había cogido mi furgoneta y la noche empezaba a caer. Las luces de las escasas farolas quedaban completamente amortecidas por una cortina de agua desacostumbrada. El limpiaparabrisas de mi vehículo, se veía impotente para expulsar toda el agua que estaba cayendo. Fui cogiendo la carretera de salida de mi pueblo…cuando de repente, entre la transfiguración del agua y la trémula y oscilante luz de las farolas, creí percibir, una figura embutida en un anorak negro con capucha calada, con una gruesa cuerda colgada del hombro y deambulando por la carretera…

       Me acerqué hasta su lado y bajé la ventanilla

       -¿Pero A, que haces a plena lluvia, sin resguárdecerte?

       - Voy al siguiente pueblo, a L. Es urgente. Voy andando porque tengo el coche estropeado.-me dijo inundado por un agua que parecía no importarle

       - Tengo que pasar por allí. ¿Si quieres te llevo?

       Y lo llevé. Entró, completamente calado de agua. Me pareció que esto no le afectaba en absoluto. Se bajó la capucha, tiró la cuerda al suelo del coche y se limpió el agua de las manos…unas manos fuertes que no acababan de mantenerse firmes, unas manos que temblaban.

       -Pero A, ¿es que pasa algo?

       A no contestaba, su mirada estaba distraída mirando a través de la cortina de agua, escrutando hacia la difuminada carretera, como si quisiera percibir algo en ella. De repente murmuro algo inaudible

       -¿Qué dices? ¿Qué estás diciendo?

       -Mi mujer, mi mujer…la han herido e intentado violar. Ahora la he dejado hace un buen rato en el hospital…los médicos dicen que se recuperará de las heridas. No hemos dicho nada, ni siquiera a los médicos, del intento de violación…

       A, volvía a murmurar, no parecía consciente de lo que decía, finalmente consiguió retomar su relato

       -…la agredió con un garrote…la golpeó en la cabeza, piernas, espalda…hasta que ella empezó a sangrar con profusión…entonces cuando ella pensó que iba a violarla, el delincuente descubrió una de las heridas en la pierna, por la que sangraba profusamente y eyaculó en ella…

       Yo, no sabía que decir, la situación me sobrepasaba. Sin embargó añadí

       -Sabes quién ha sido. ¿Te ha dicho algo tu mujer quién la ha agredido?

       A, continuaba sin mirarme, parecía que no me escuchaba, estaba traspuesto, pero continuó hablando

       -Ella empezó a gritar con todas sus fuerzas pero no pudo impedir que el agresor consiguiera sus depravados fines. Cuando alertada por su gritos acudió la vecina de la casa de al lado, el aprovechó para escapar. Estoy seguro de que la hubiera matado. Mi mujer le reconoció- en los pueblos pequeños nos conocemos todos- me dijo que se trataba de M que vive en pueblo de al lado, en L. ¿Lo conoces?

         -Si, creo que sí. Es un joven que vive solo, junto a la gasolinera.

         -Bien, llévame hasta su casa.

         -Pero aguarda, piénsatelo bien, es mejor avisar a la policía y que ellos se ocupen. ¡Por favor, no vayas! No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano.

         A, continuaba ausente. No me escuchaba o no me quería escuchar…a las afueras del pueblo, entre la lluvia, la noche y los nervios que me embargaban, casi atropello a un escuálido y empapado perro que se me cruzó por la carretera. Aproveché para clavar el freno y dirigirme con el semblante serio a A.

         -¡Por favor, no vayas! Lo único que harás es complicarte la vida. No estamos en el oeste, aquí hay leyes que regulan todo esto. Si actúas contra M, la justicia seguro que recaerá sobre ti, como único sospechoso.

           A, continuaba callado y abstraído, al final, como bajando de una nube y un mundo extraño me dijo

           -Llévame…continua la marcha hasta la gasolinera

           Aminoré la velocidad por si se lo repensaba. Las farolas del pueblo iban pasando a velocidad constante, la luz oscilante, deformaba la cara de A, hasta que al final entramos en la carretera que nos llevaba a L, una carretera oscura que en la noche se parecía a otra cualquiera, pero que nos iba a llevar a un destino funesto. Nada estaba claro…no sabía lo que tenía que hacer. Sin embargo A, sí tenía muy lúcidas las cosas.

           -Lo voy a matar…

           -¡Por el amor de Dios! Si haces eso te cogerán y te pasarás el resto de tu vida en la cárcel.

           -¿No lo entiendes? Precisamente eso es lo que no quiero, que ese individuo pase unos años en la cárcel y nosotros mientras tanto estemos aguardando que lo pongan en la calle, esperando con el alma en un puño, que vuelva a cometer la fechoría. Mi mujer, en todos estos años, no podría dormir tranquila esperando la salida de ese tarado. Ni siquiera es un violador corriente…necesita sangre para excitarse…solo puedo que liquidarlo…tengo que preservar a mi mujer y a mí mismo.

         No atinaba a decir nada…me hubiera gustado hablar de los derechos humanos, de que Europa había conseguido la anulación de la pena de muerte, de no podíamos actuar usando la ley del talión…teníamos que actuar humanamente, con compasión. Seguro que era un pobre enfermo o que biológicamente está predestinado así. Pero me di cuenta de que él me estaba leyendo el pensamiento

         -No puedo dejarlo vivo. No lo veo como una persona recuperable…no podemos pasar la vida pensando en él. Es mejor destruirlo. Es una persona alejada de cualquier valor.

         Se hizo el silencio hasta la gasolinera. Aminoré la velocidad cuando vi las luces de la gasolinera. Entonces paré. A, se bajo del coche y se encaminó hacia domicilio de M.

           Vi como M, le abría la puerta de su casa y como A, se colaba dentro con determinación.

           Estuve esperando un rato dentro del coche a ver qué sucedía, pero mi espera no tuvo recompensa. Me fui lentamente, despacio y mirando por el espejo retrovisor por si A, salía, pero no sucedió nada. Retomé con preocupación la oscura carretera.

             Al cabo de una par de días, en el periódico comarcal, venía una pequeña reseña en la que notificaba que M. L. O. apareció muerto colgado de un árbol frutal en el patio trasero de su vivienda. La policía daba por seguro que se trataba de un suicidio.

 

        

 

 


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com