El monitor de Spinning

Por Satine1991
Enviado el 12/01/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Todos los días igual. Me levanto y preparo las cosas para ir al gimnasio.

Llego y camino hacia el vestuario. En la sala de spinning las luces están encendidas. Me asomo para poder ver al monitor.

Recordaba el primer día que le vi. Cuando entré en la sala, él estaba de espaldas y agachado colocando probando la música. Al escuchar pasos se giró.

- Hola. Soy Alex-dijo con una sonrisa.

- Sí. Soy nueva. Me llamo Natalia.

Yo parecía estar más concentrada en sus hombros, sus piernas y sus manos que en pedalear y seguir el ritmo. En un par de días tenía revolucionadas a todas las chicas. Parecía que aquel moreno no pasaba desapercibido.

Y allí estaba yo día tras día babeando. Intentaba disimularlo un poco porque ya creo que era bastante obvio. Un lunes todo cambió.

Al entrar le vi solo.

- Buenos días-dije. Y empecé a ajustar el sillín.

- Buenos y fríos días- contestó dándose la vuelta.

Pasaron unos diez minutos y nadie llegó.

- Alex, en serio, si no viene nadie no te preocupes. Yo me salgo fuera.No pierdas el tiempo solo por mí- le dije.

Él continuó pedaleando.

- Anda no digas esas tonterías Natalia, yo contigo nunca perdería el tiempo-me contestó sonriendo.

Pronto llegó más gente y terminamos la clase una hora después.

- ¿Te vas a quedar en la sauna?-preguntó mientras se acercaba con su toalla azul colgada de un hombro.

- Sí.

- Ahí nos vemos- y salió cruzando a mi lado.

Si dijese que me derretí me quedaría corta. Un escalofrío recorrió mi espalda. Me puse el bikini, me enrollé en una toalla bastante grande y fui hacía la sauna.

Abrí con cierto miedo.

- Se ha estropeado la luz- escuche decir a su profunda voz.

No esperaba que ya estuviera allí.

Entré sin decir nada. Cerré la puerta y noté demasiado agobio. Puse la toalla en las tablas de madera y me senté. Lo único que veía era su perfil. Estaba sentado a unos metros con la espalda apoyada contra la pared y las piernas estiradas hacia donde yo estaba.

- Puedes hablar, no te voy a comer-susurró.

-Si crees que te tengo miedo estás muy equivocado-intenté parecer “valiente”.

- ¿Ah no? Y yo que me pensaba que sí. Con esas miradas que me esquivan…

- Que va. ¿Se supone que debería mirarte más?-le pregunté abanicándome un poco con la mano.

-¿Quieres mirarme más?

Fue el colmo. El calor me oprimía el pecho. Tampoco sabía lo que pretendía él. ¿Qué debería decir? Me levanté cogiendo la toalla. Y agarré el picaporte.

- Creo que es mejor que me vaya. Acabo de recordar que tengo que ir a ….un sitio-dije titubeando.

Se acercó a mí. En dos segundos noté su aliento en la nuca y su mano apoyada sobre la mía en el picaporte.

- No te marches-me susurró al oído.

Sus manos fueron ahora a mis caderas para apretarme contra él. Yo continuaba de espaldas a él y la toalla se resbaló de mis manos al notar que debía llevar un bañador tipo slip. Una tela muy fina nos separaba y notaba toda su polla que reposaba en mi culo. No hablé, no me atrevía.

Una mano se quedó en mi cadera mientras la otra me acarició el borde de las braguitas del bikini. Fue girando alrededor de mi cintura hasta que se paró en la parte delantera. Paró ahí y la mano que estaba en mi cadera ascendió por mi espalda hasta llegar a mi cuello. Me incitó a inclinar la cabeza para atrás y así tuvo un mejor acceso a mi cuello. Me lo lamió de manera lenta para después morderlo suavemente.

- Puede pasar alguien-fue lo único que acerté a decir.

Me giró despacio y me apoyó contra la puerta. Ahora podía mirarle a los ojos.

- Eso es poco probable porque hay un cartel fuera anunciando que la sauna está averiada-decía desabrochando la parte de arriba de mi bikini y pegándose de nuevo a mí. Me besó. Y menudo beso. Si antes tenía calor ahora sentía que ardía. Me provocaba tanto que cada vez le ofrecía más y más.

Me mordió la barbilla y fue bajando hasta quedarse de rodillas. Le acariciaba el pelo mientras él comenzó a bajar mis braguitas. Me hizo flexionar la pierna y apoyar mi pie en el banco de madera mientras yo continuaba de pie y él de rodillas. Ahora estaba totalmente expuesta.

Sentía su aliento muy cerca. Me acarició con la yema de un dedo. Obviamente estaba empapada. Quería hacerme sufrir. Siguió con esa caricia superficial y suave por mi coño mojado. Noté como paró justo a la entrada y comenzó a hacer círculos.

En ese momento comenzó a introducir un dedo de forma lenta. No pude evitar gemir y mojarme más. Aquello era una tortura. No aguanté. Me puse de rodillas también y le empujé en el pecho hasta que se quedó tumbado sobre las tablas de madera.

Me subí encima de él. Todavía llevaba puesto el bañador. Mi coño mojado le empapaba la polla. Esa tela suave que apenas nos separaba me ponía cada vez más cachonda. Le besé y el puso sus manos en mi culo para apretarme más contra él. Empezó a incitarme a que me moviese de arriba abajo como si de verdad estuviese follándome. El roce me encendía y él se daba cuenta. Me cohibía un poco pensar que me estaba restregando contra él de manera descarada buscando el orgasmo pero cuando algo se encendió definitivamente dentro de mí olvidé esa idea.

- ¿Eres capaz de correrte así? Hazlo, quiero que tu coñito esté bien mojado cuando te folle-dijo interrumpiendo el beso y ayudándome a moverme más rápido.

Me corrí y le mordí un hombro para evitar gemir muy fuerte. No me dio tregua. Se bajó el bañador y puso su polla en mi entrada. Yo intenté bajar las caderas para sentirla dentro pero no me lo permitió. Me penetraba apenas unos centímetros. Estaba tan mojada que notaba que en cuanto me dejase caer entraría sin esfuerzo.

La sacó y volvió a jugar como al principio. La punta rozaba mi clítoris y me hacía agarrarme a sus hombros. Intentaba que me penetrase pero él continuaba haciéndome sufrir.

Por fin lo hizo. Agarró mis caderas y de una embestida me la metió completa. Me follaba como ningún otro lo había hecho. Me transmitía fuerza y control. Me rodeó la cintura con un brazo y se incorporó. Me cambió de postura. Me tumbó sobre la madera y se colocó sobre mí. Ahora me penetraba con más rapidez.

Le coloqué las manos en el culo y en un par de embestidas más noté como algo me recorría entera y sentí el clímax. Él continuó. Me cogió los pechos con ambas manos y me mordía los pezones incluso de manera un tanto dolorosa pero no me quejé.

Volví a correrme y sabía que le estaba empapando. Unos segundos después él se corría también mientras me pegaba todo lo posible a él.

Me levanté y me rodeé con mi toalla. Se escuchaban voces en ambos vestuarios. Me miró en la oscuridad.

- Te veo mañana. Y cuidado, la clase será dura-dijo saliendo.

Me quedé ahí como un pasmarote mirando la puerta, incrédula ante lo que acababa de ocurrir.


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