EL SECRETO DE ISABEL (parte 2)

Por Federico Rivolta
Enviado el 14/01/2015, clasificado en Terror
488 visitas

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-– Últimamente en mis sueños aparece una mujer igual a mí, solo que llena de maldad. La otra noche me pidió que te preguntara a ti acerca del asunto; fue muy extraño.

La anciana la escuchaba mientras bebía una taza de té. Tenía ochenta años, pero conservaba la elegancia de siempre. Se tomó todo el tiempo del mundo para terminar la infusión antes de responder.

–- A veces sucede que alguien escucha cierta información y luego la olvida, solo para luego recordarla en los sueños. Debiste haber escuchado hace mucho tiempo algo acerca de mi hermana y ahora lo estás recordando, te lo contaré nuevamente.

Isabel abrió sus cálidos ojos como si estuviese a punto de escuchar el secreto más grande de su familia; y lo era.

-– Tuve una hermana gemela, fuimos siamesas.

La anciana desnudó su hombro izquierdo mostrando a su nieta una enorme cicatriz.

-– Siempre me cubro, ¡oh, vanidad! Cuando eras una niña, por un descuido viste mi cicatriz, y me preguntaste qué me había ocurrido. Yo te mentí, te dije que me había lastimado andando en bicicleta.

Isabel observó que el lugar de la cicatriz de su abuela era exactamente el mismo en el que ella sintió ese profundo dolor, pero prefirió no decirle nada y dejar que terminara de contar su historia.

–- Al separarnos, a mí me quedó esta horrible cicatriz. Hoy en día la cirugía ha evolucionado y podría corregirse fácilmente, aunque de todas maneras en aquella época la ropa era mucho más discreta, por lo que me era fácil disimularla. Mi hermana no tuvo la misma suerte, ella nació con su rostro unido a mi hombro y cuando nos separaron al nacer, le quedó el lado derecho de la cara completamente deformado.

–- ¿Y ella vive aún? -– preguntó Isabel.

–- No -– dijo seriamente –-, falleció poco después de nacer. Ahora ya sabes la verdad. Quizás escuchaste el rumor y es por eso que tuviste esas pesadillas, como un recuerdo de aquello que oíste.

Isabel sintió que había más secretos, pero no se animó a seguir preguntando.

Por la noche las pesadillas regresaron, y fueron mucho más realistas esa vez. Soñó que algo crecía junto a su cuello y al tocarse, una mano salía de allí. La sujetó y entonces una mujer entera surgió de su hombro:

“"Isabel...… Isabel…... yo me haré cargo, Isabel. Tú duerme tranquila”"

En el sueño se dirigía al trabajo y allí asesinaba a su jefe con una navaja. Lo hacía como suele suceder en los sueños: de un modo inevitable, sin poder controlar su propio cuerpo.

En medio de la noche despertó y sintió nuevamente el dolor en su hombro. Se tocó y efectivamente tenía algo allí, algo bajo la piel.

Aquella mañana pidió turno con el médico para hacerse revisar. Las pesadillas continuaron durante la semana y el dolor en su hombro seguía allí, pero el día en que fue al médico, no tenía nada junto a su cuello.

–- Le juro, doctor, hasta ayer estaba allí. Era algo incrustado en mi hombro. Estoy muy asustada.

El médico sonrió amablemente:

-– No tienes nada, probablemente sea todo producto del estrés. De todos modos te haré unos análisis para quedarnos tranquilos.

Los estudios no encontraron ninguna anomalía, pero Isabel no se quedó tranquila.

Por la noche los dolores regresaron junto con aquello que sobresalía en su hombro; era como si se escondiera durante el día para aparecer cuando oscurecía. Isabel pensó que lo mejor sería ahondar más en el asunto de la hermana de su abuela, por lo que volvió a visitarla ese fin de semana.

-– Debes contarme la verdad, abuela; sé que hay algo más, algo que no me has dicho.

La anciana la escuchaba mientras bebía una taza de té. Se tomó todo el tiempo del mundo para terminar la infusión antes de responder.

-– De acuerdo, lo haré, te contaré todo lo que sé.

Isabel abrió sus cálidos ojos como si estuviese a punto de escuchar el secreto más grande de su familia; y lo era.

-– Mi hermana murió, pero no hasta muchos años después de haber nacido. Fue conmigo al colegio, ¿te la imaginas junto a mí, tan glamorosa? Los niños se reían de ella… espera, te mostraré su fotografía.

La anciana sacó de su enorme billetera una fotografía destruida por las décadas, era de color sepia, y en ella podía verse a dos niñas vestidas exactamente iguales, con vestidos claros cubiertos de moños. Una de ellas era preciosa: su abuela. La otra también lo habría sido si no fuera porque la mitad derecha su rostro estaba afectado por una enorme cicatriz. De todas maneras, la mitad izquierda no era más agradable, ya que cargaba con un odio producido por las risas de sus compañeros de escuela.

-– Un día, mi hermana cobró venganza. Mató a tres de nuestros compañeros con una navaja. La internaron en el Instituto Psiquiátrico Dra. Banach. A pesar de todo seguía siendo parte de nuestra familia, e íbamos a visitarla todas las semanas. Un día nos avisaron que había fallecido por una reacción a su tratamiento con pastillas.

Isabel sintió que su abuela le había contado todo lo que sabía, pero por la noche tuvo un sueño que le indicó que la historia era aún más compleja.

“"Isabel...… Isabel…... no me encierres. No estoy muerta, Isabel… ¡y tampoco lo está tu tía!”"

La joven se despertó de un sobresalto, como ya era de día, tomó el teléfono y llamó a su jefe.

-– Hoy no iré a trabajar, estoy enferma.

Lo dijo sin titubear y sin más explicaciones; fue como si otra persona se hubiese puesto en su lugar para realizar esa llamada. Finalmente usó su día libre para ir al Instituto Psiquiátrico Dra. Banach. Quedaba a más de doscientos kilómetros de su casa y tuvo que conducir durante horas para llegar allí.

 

 

Continúa en la tercera y última parte...

http://www.cortorelatos.com/relato/16185/el-secreto-de-isabel-parte-3-y-ultima/

 


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