Un poco de "amor" al hombre de los risos. Parte I [Para leer con paciencia]

Por Desha
Enviado el 15/01/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Y entonces se encontraba sola viendo la vegetación del parque, bebiendo un té natural frío como acostumbraba al terminar su hora de ejercicio. Era una chica sin complejos con su cuerpo, hacia ejercicio para mantenerlo lindo y eso le agradaba. Fue dotada con grandes caderas y una estrecha cintura, sus nalgas y piernas también grandes y carece de senos voluminosos, pero lo suficiente para acentuar su linda y femenina figura de 1 m 70 cm. Tez morena y ojos entre pequeños y agrandes. Labios carnosos y un cabello lacio como la seda.

En el parque estaba con una camisa de mayas sin mangas que llegaba a las caderas y de cuello en “v”, y un mono ceñido a las piernas negro de material de licra deportiva, que la dejaba mover a su antojo. Podía sentir el viento acariciando su piel y su cabello moviéndose al ritmo del mismo, se deleitaba del canto que las aves hacían, de algunas mariposas que volaban encima de unos arbustos con flores, y del líquido pasando por su garganta, entonces lo vio.

Su prototipo de hombre estaba justo delante de aquel paisaje, a unos 80m de ella, pasa trotando aquella figura de contextura entre gruesa y fina. Era un cuerpo típico de futbolista. Medía 1m 80cm aproximadamente, su cabello era largo hasta los hombres y rizado, cejas gruesas pero estilizadas, unas cejas con personalidad y expresión, y ojos entre grandes, hasta donde alcanzó a ver. Su piel era de un color Latte si se le puede decir, era como blanco quemadito. Y de ella se deslizaban gotas de sudor que le hacían ver tan sexy como provocativo.

La hermosa chica podía sentir como su piel se erizaba, el corazón se aceleraba y su vagina se dilataba un poco.

Día tras día la chica visitaba el mismo lugar. Al terminar su rutina de ejercicios, disfrutaba de un descanso en la misma banca, con su vaso de té, y el sol que le acompañaba hasta el ocaso. Pudiendo además disfrutar del coqueteo de segundos con el colirio para cualquier mujer, el hombre de los rizos. El pasaba, ahora caminando por el sitio, y se veían, él se la comía con la mirada, la deseaba tanto como ella a él. A veces Samanta llevaba un libro, que leía esperando hacerse la interesante y algo dura.

Un día fue a comprar un vaso de té como acostumbraba e iba a tomar un popote del envase cuando una mano se atravesó tocando al suya, su corazón se aceleró y:

– Lo siento – dice el personaje quitando la mano, y ella tomando lo que buscaba le mira. Resultó ser una chica desconocida. Se desanimó un poco, pues deseaba con ansias que fuese aquel hombre, dice:

– Descuida, cariño – Samanta se va tomando el té cuando se tropieza con alguien partiéndose el labio con el pitillo (popote). Se echa para atrás y lleva su mano a la boca y a continuación la mira, tenía sangre.

– De verdad disculpa – sube la mirada y era una amiga que hace mucho no veía. No sabía si sentirse bien o triste, Esperaba ver a otra persona en esas horas.

– ¡Elisa! (elige alegrarse) no te preocupes, no es nada – se abrazan y hablan un rato –

(Sugerencia: sigan leyendo)

– Bueno debo irme, fue un placer verte de nuevo. Llámame cuando quieras y cuadramos para salir – sonriente.

– Está bien. Cuídate. Nos vemos – respuestas automáticas.

Ya había pasado la hora donde se encontraba con el hombre. “Lo deseo tanto” piensa.

Se toma el té en el lugar y se dispone a ir a casa. Cuando a lo lejos nota que tres personas con gorras tapándose el rostro que tumban a un hombre al suelo y se van corriendo. No tarda en divisar que se trataba del chico de los rizos.

Sale corriendo hasta él saltando los obstáculos encontrados en su camino y se percata de que tiene sangre en el torso y en la frente, pues su cabeza se había golpeado con el concreto. Se arrodilla y pone la cabeza de él en sus muslos.
– ¿te encuentras bien? Aguanta por favor – El chico estaba casi desmayado. Pero pudo percatarse de la hermosura de aquella mujer. Llama a emergencias y la ambulancia no tardó en llegar.

Rápidamente fue atendido en el hospital. La herida del torso fue por una apuñalada, pero por suerte no onda, y el golpe en la cabeza solo lo aturdió y cortó un poco su frente. Sin peligro de sufrir hemorragia en cualquier parte su parte de su cuerpo es llevado a su casa por la misma ambulancia. Parecía ser conocido en la clínica.

Ella es dejada con él.

– Procure hacer que tome sus medicamentos señora Recovsky, no está grave pero la lesión en la cabeza le hará marearse de vez en cuando. Procure que duerma. – dice el paramédico.

– Está equivocado. No soy su señora. Solo me lo encontré en el parque.

– Es un hombre desafortunado. Entonces ¿aceptaría ir salir a cenar conmigo?

– Ha sido muy amable. Será otro día – se dan los números.

– Buenas noches, hermosa – dice el chico con sonrisa morbosa.

El hombre de los rizos ahora se encontraba acostado en el sofá de su sala. Cabe destacar que eran unos suburbios. Uno de los mejores por ahí.

– ¿Cómo te sientes? Creo que no ha dado mucho tiempo de presentarnos. Mi nombre es Samanta. Dice arrodillando frente a él.

– Me llamo Ricardo Recovsky. Has sido muy amable, gracias. Desde que me mude no he encontrada tanta ayuda. La gente de por aquí vive hacinada – y plasma una sonrisa burlona. Que sonrisa tan hermosa tenia, dientes blancos y muy derechos. Ahora que lo veía mejor, sus ojos eran de color miel, con pestañas promedio. Nariz perfilada y labios semi carnosos. Él se da cuenta que la mirada de Samanta ha cambiado

– ¿Pasa algo? – le pregunta con sonrisa pícara.

– No, nada (sonríe). Me han dicho que debes dormir. Y… – Busca un vaso de agua, y se la trae junto a dos pastillas – Debes tomarte estas. –

– Gracias. ¿Por qué te has quedado? Podría ser un loco, un violador, o un sádico. – como quisiera que me violaras ahora mismo. Se sentía realmente excitada. Piensa ella.

– Pareces buena persona. Y el de la ambulancia te ha reconocido muy bien. La verdad si debo estar loca. Creo que debería ir a casa, mi perro debe estar muerto de hambre (sonríe) – aunque la verdad ella sólo quería cogérselo. Pero un sentimiento o necesidad de cuidarlo también empieza a surgir de ella. Samanta hace para pararse pero él le toma la mano un poco débil, eran pesadas y grandes, sus dedos eran largos. Que encanto.

– Quédate por favor. Creo que necesito ayuda para subir a mi recamara y con los medicamentos. – y se le queda mirando fijo haciéndola sumirse a sus ojos.

Samanta le sonríe, y se levanta para ayudarle a sentarse. Casi se va hacia adelante pero justo la tenía en frente usándola como freno, posando ahora su rostro en el torso y sus manos en los muslos de ella. Ahora la chica podía sentir una explosión de sensaciones en su cuerpo; el corazón y la respiración irregulares, su sexo excitado y sus pechos empezaban a endurecer sus pezones.

Dentro de poco la segunda parte, comenten :3


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