Hermes

Por Fede Frisach
Enviado el 17/01/2015, clasificado en Varios / otros
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Veía monstruos por todos lados aun sabiendo que salian solamente de mi cabeza. Nose si era la locura, o el alcohol, o la imaginacion, o todos esos años de locura y alcohol e imaginación. Era una buena mezcla si te ponías a pensar. Lo suficientemente buena como para mantenerse entretenido el tiempo de toda una vida. Pero yo no habia elegido vivir así. Esa era la forma en la que había venido mi cabeza, y no parecía tener otra opción. Por eso estaba leyendo mucho a Hermes. Alquimia. Transmutar la mente. Y no es que desprecie mi locura, pero la verdad es que aveces se hacía dificil vivir con tranquilidad. Todo anda masomenos bien hasta que aparece la violencia, la tristeza, los desbordes emocionales. Y todo lo que habias construido durante tiempo desaparecía derrumbandose de un segundo a otro.

Una persona podía ser abusada de mil formas distintas. Emocionalmente, psiquicamente, fisicamente, sexualmente. Y también uno podía ser abusado un poco de todas esas formas. Pero no podía quedarme con eso y en cambio quería revertir la situación y poder tener al menos una vida placentera. ¿Cuantos años me quedarían de vida? ¿30, 50, 70? En fin. Tarde o temprano vendría el vacío de la muerte, y lo que uno quería es simplemente vivir lo que le toque de una buena forma y poder irse con la tranquilidad de que el mundo ahora es un lugar mejor. Yo creía puramente que el motor de la existencia es el amor, y que el sufrimiento es una carencia. Por eso luchaba contra esos mounstruos que aparecían en mi alrededor. La vista se expandía, escuchaba ruidos, y ahí estaban esas figuras horribles, hombres llenos de mugre, de mierda, casi robots, lo que fuera, ahi. Aparecían en mis sueños, en mis horas de cansancio, en mis momentos de duda. Se llevaban trabajos, mujeres, poesias, lagrimas. Eran los asesinos de mi obra. Y estaban ahi, cuando menos lo esperaba, una vez por día, dispuestos a deborarlo todo. Vi a un amigo psicologo. Le pedí medicación.

-Vos no necesitás medicación.

-Lo se. Pero la quiero.

-¿Para qué?

-Estoy loco.

-No estas loco.

-Estoy ansioso.

-Estas a un paso de dejar de serlo.

-Sufro.

-Todos sufren.

-Quiero estar dopado porque no quiero perder a una mujer… todo iba bien, pero la locura me alejó de ella. Y no puedo dejar que esto me pase de nuevo.

-¿Y ella? Ella tiene que acercarse a vos.

-Pero mi locura es terrible…aleja a todo el mundo.

-No estás loco.

Lo miré fijamente.

-Porfavor, ayudame…

-Bueno, llamame mañana y te respondo.

No me dió ninguna medicación, pero me deribó a un amigo psiquiatra al que nunca llamé. No tengo dinero para hacerlo. Y de todas formas tarde o temprano iba a perder a esa mujer porque ella se perdía sola dejando a cualquier hombre sea como sea. Y si bien yo sentía que estaba perdiendo a un alma irrepetible, aprendí a confiar en la fuerza y la voluntad del destino que une y desune a las personas, y safé de medicarme, aunque esos mounstruos siguen ahi en mi interior, aunque cada vez aparecen con menos frecuencia.

¿Y si la locura fuera sólo un camino de ida? ¿Cuanto dolor, cuanta soledad, cuanta tristeza podía sentir un humano? Empecé a dudar: ¿Uno hace arte porque está loco o se vuelve loco haciendo arte? Quizás ambas vengan juntas como en un paquete o un combo. Y no hay mucha forma de solucionarlo. Sólo queda hacer arte y hacer arte y hacer arte y tomarlo como un oficio y un desafío y tragar la soledad, y transmutar el dolor, y revertir el sufrimiento, y hacer algo con lo que nos hicieron, y dibujar en el techo una sonrisa con las lagrimas del vacío.  Así las cosas se acomodan y uno puede hacer algo interesante con toda la mierda que hay dentro y fuera. Mientras tanto sigo leyendolo a Hermes, el alquimista-Dios egipcio que descubrió la vida eterna y la capacidad de moldear a voluntad la mente y la emoción y la materia. En fin. Quizás él también estaba completamente loco, pero creyó que podía hacer algo con esa locura. A lo mejor él y yo tengamos algo en común. O mejor: Quizás vos y yo tengamos algo en común. Algo más que la piel y la carne y la sangre y neuronas y ojos y cerebros. Quizás tengamos algo más, algo que nos une, y aun así estamos distraídos y no podemos verlo del todo.


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