Despedida de soltera

Por Satine1991
Enviado el 24/01/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Tuvimos que conducir más de cuatrocientos kilómetros hasta la casa rural que habíamos alquilado en la sierra para celebrar la despedida de soltera de una amiga.

Me tocó quedarme en una habitación que tenía dos camas.

- Sara hemos llamado al chico y dice que llegará un poco más tarde, que con el temporal de nieve la carretera está fatal-dijo una de las chicas. Se estaba refiriendo al Boy que habíamos contratado y que para hacer la típica broma debía llegar vestido de policía.

- Vale, no hay problema, mientras la distraemos con cualquier juego-contesté.

Preparamos la cena y bebiendo un par de copas mientras hacíamos creer a la novia que iba a ser una noche tranquila. Recibí un mensaje en el que nuestro chico me decía que ya estaba esperando fuera. Me escabullí por el garaje.

Más que un hombre impresionante era imponente. Bastante alto, moreno y con unos increíbles ojos azules. Tenía barba de un par de días y una mandíbula cuadrada, y aquello le daba un aire misterioso y atractivo. Era irresistible. Parpadeé unas cuantas veces.

- Hola, soy Sara, una de las amigas.

- Hola. Soy David- dijo dándome dos besos.

- Bueno, ella ahora está distraída. Si te parece bien llama al timbre dentro de unos minutos.

- Perfecto-y abrió la puerta del coche para ponerse una gorra de policía y completar el disfraz.

Volví a entrar en casa y en el salón la música estaba muy alta. Hice un gesto a los demás para avisarles de lo que iba a suceder. Todos sonrieron cómplices. Sonó el timbre. Nos callamos y nos miramos fingiendo perplejidad. Nuestra amiga nos miró con los ojos entrecerrados pero fue a abrir la puerta. Se quedó pasmada con la copa en la mano.

- Buenas noches. Están haciendo demasiado ruido. ¿Quién es la responsable aquí?-preguntó con voz autoritaria muy metido en su papel.

- Eeeemmm......¿yo?-dijo dubitativa.

- Esto es una despedida de soltera ¿verdad? Pues que empiece ya-y acto seguido sacó un pañuelo para atarle las manos.

Nosotras reíamos y preparamos una silla en el centro del salón. El chico lo hacía muy bien. Movimientos atrevidos, cuerpo de escándalo y muy profesional. No podía evitar devorarle con los ojos.

Cuando llevaba puestos ya tan solo los pantalones se aproximó donde yo estaba y tiraba de mi mano para llevarme al centro de la habitación pero me resistí, con lo que desistió y continuó con la novia.

Una vez terminado el espectáculo se quedó un rato hablando con nosotras. Apenas crucé palabra con él, simplemente le escuchaba. Su voz me hacía vibrar.

Cuando miré por la acristalada terraza me di cuenta de que el temporal había empeorado a pasos agigantados. Salimos a la calle y el hielo cubría la calle empedrada y muy inclinada.

- Vas a tener que quedarte aquí a dormir-dijo una amiga sonriendo maliciosamente.

- No, en serio, no quiero molestar, me iré-dijo mientras se ponía la chaqueta.

- No molestas. No puedes irte con esta nieve. Hay espacio de sobra. Ya te irás mañana. En la habitación de Sara hay dos camas-dijo la novia. Esa última frase pareció cargada de significado.

Él dudó un momento y me miró.

- ¿De verdad no te importa?-me preguntó.

Todas las miradas se dirigieron hacia mí.

- Por supuesto que no-respondí intentando sonreír sintiéndome muy acalorada de repente.

Tras ese nuevo arreglo David bajó una mochila de su coche y se cambió de ropa en mi habitación. Unos vaqueros y una camisa azul eran ahora su atuendo. Puse una manta en la que iba a ser su cama. Mientras él doblaba su disfraz.

- Espero de verdad que no te incomode.

- No te preocupes. No pasa nada-le dije saliendo al salón de nuevo para continuar de fiesta.

Pasaron un par de horas en las que él fue prácticamente acosado por todas. Querían bailar con él, hablar con él y en definitiva, acercarse lo máximo posible. Me mantuve en un segundo plano y no me lancé a su cuello como el resto. Poco a poco el ánimo fue decayendo y cuando iba a empezar a amanecer la gente fue acostándose.

Decidí ir a ponerme el pijama mientras él continuaba hablando con otra de las chicas. Cuando vi el pantalón blanco con corazoncitos rosas sentí vergüenza de que él me viese así vestida. Apenas acababa de terminar de ponerme mi camiseta de tirantes cuando abrió la puerta y entró.

Me miró intensamente. Noté que la tensión invadía la habitación. Yo tenía el pelo suelto y me pasé la mano por él colocándolo detrás de mi oreja. David caminó hacia mí y me arrinconó contra la pared.

- Hay dos camas pero si quieres podemos utilizar solo una- su respiración caía sobre mi boca.

No dije nada, simplemente empecé a desabrochar su camisa y tiró de mi camiseta.

- Ponte de rodillas- me ordenó quitándose la camisa y abriendo sus vaqueros.

Su polla era realmente enorme, me moría por sentirla dentro de mí, de que me follase pero de manera dura. La cogí por la base y le lamía la punta mirándole a los ojos. Me agarraba del pelo dirigiéndome, haciéndome que me la metiese entera en la boca. Estaba muy cachonda.

Me puse de pie y le empujé sobre la cama. Me quité esos ridículos pantalones y me subí encima suya. Notaba mi tanga mojado contra su polla y me enardecía. Su punta me rozaba el clítoris y me hacia gemir mientras él me quitaba el sujetador y se hacía con mis tetas.

- Quiero que me folles-le dije mordiéndole el mentón-. Quiero notar esa polla que me acabo de comer dentro de mí.

Se puso sobre mí y me quitó el tanga colocando su polla en la entrada de mi coño. Resbalaba, lo hacía a propósito, me ponía más cachonda. Metía la punta y la sacaba de nuevo. Volvió a meterla hasta la mitad y la sacó. Llevé mis manos a su culo y cuando me la metió le empujé hacia dentro. Sentí como me atravesaba, como sus huevos chocaban con mi culo.

Me follaba con embestidas fuertes y me encantaba. Me estaba volviendo salvaje, quería más.

- Ponte a cuatro patas- me dijo echándose hacia atrás. Me di la vuelta y le miré sobre mi hombro.

Se puso sobre mí y me penetró de nuevo. Su pecho estaba apoyado sobre mi espalda y su polla entraba y salía de mí lentamente. Llevó una de sus manos entre mis piernas y me acariciaba el clítoris despacio y suavemente. A la vez me mordía el cuello y no podía evitar que se me erizase la piel.

Se retiró y se tumbó en cama. Me subió sobre él y me empujó para que me quedase totalmente recta. Yo subía y bajaba mientras él continuaba con su mano entre mis piernas. Me corrí gritando y me dejé caer a su lado. Se colocó de nuevo encima de mi.

- ¿Crees que hemos terminado?-preguntó besándome y penetrándome de nuevo. Me aferré a su espalda. Le estaba arañando. Me había vuelto a encender. Esta vez me follaba más rápido y le escuchaba gemir. Con dos embestidas fuertes se corrió y yo también volví a hacerlo.

Sonreí como una gatita satisfecha. Él se tumbó a mi lado. Me miró de reojo y me besó de nuevo...


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