Re - conociéndose II

Por Annbethquim
Enviado el 22/01/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Ana sentía como entraba en calor, como se excitaba y se estremecía con aquellas caricias. Él, por su parte notaba como sus pezones se endurecían con el rose de sus dedos. A pesar de estar notando aquello sobre la ropa, siguió manoseando como si entre ellos no existiera ningún tipo de barrera. Ella, con los ojos cerrados, respiraba profundamente cada vez que notaba aquellos suaves pellizcos sobre sus pezones. Bajó una de sus manos por el vientre de ella hasta el comienzo del pantalón, y notó como ella metía su estómago y aguantaba la respiración. Él, al ver que su amante se excitaba tanto, retiró sus manos y paró ante el asombro de ella. Le susurró al oído que esperara un momento que tenía que ir al baño y la dejó sola en aquel sofá. Las dudas comenzaron a asaltar la mente de Ana, creyendo que él había perdido el interés, y no quería continuar con aquel juego excitante. Él, no tardó en regresar.

- Coge las copas y sígueme – dijo él cogiendo la botella de vino.

- ¿Si quieres que nos vayamos solo tienes que decirlo? A lo mejor venir aquí no ha sido una buena elección – intentó disculparse ella

- No digas tonterías – respondió él con una sonrisa – vamos, entra.

Ana cogió las copas y obedeció. Atravesaron el comedor repleto de mesas, pero él no se instaló en ninguna. Ana estaba descolocada y no sabía que tramaba. Entraron en un pasillo y se paró frente a una puerta. Sacó una llave de su bolsillo y la abrió. Era una pequeña habitación de hotel. Ana no entendía nada, conocía aquel lugar desde hacía años, pero no sabía que tras su remodelación hubieran hecho un pequeño hotelito para escapadas. La habitación era un pequeño paraíso, con una cama de matrimonio, una cómoda y un gran ventanal con una bañera justo delante. Impresionaba la vista del horizonte que se veía anaranjado con un sol a punto de caer en él. Ana, que se había quedado inmóvil en la puerta, sujetando las dos copas, miraba asombrada por la ventana. Él, después de dejar la botella sobre la mesa, le quitó las copas e hizo lo mismo que con la botella. Luego la ayudó a quitarse el abrigo y lo dejó sobre una silla. El también se quitó el suyo y la cogió por la cintura. A ella se le volvió a erizar todo el cuerpo con su tacto, y él, consciente del efecto que producía en ella, levantó poco a poco su camisa y se la quitó suavemente, dejando al descubierto aquellos pechos cubiertos por un fino sujetador de satén. Con ambas manos, a un tiempo, tomó cada uno de sus senos y los acarició y comprobó que sus pezones volvían a tornarse duros y apetitosos. Deseaba verlos, descubrirlos, saborearlos, comprobar que eran tan maravillosos como los que había imaginado en sus fantasías. Buscó los corchetes de la prenda y se deshizo de ella. Al verlos al descubierto, Ana se ruborizó y el entornó los ojos y mordió sus labios intentando reprimir un “Ufff” de satisfacción.

- Son una maravilla Ana, no sabes como he deseado que fueran míos, que me dejaras probarlos y tenerlos en mi boca y en mis manos – dijo mirándola a los ojos mientras sostenía aquellos senos grandes y hermosos.

- Yo deseaba que te gustaran, son tuyos y quiero que disfrutes tanto como lo hago yo cuando siento tus manos calientes sobre ellos. – añadió Ana

Él hundió su cabeza entre ellos, y comenzó a lamer con su lengua todo su perímetro, alternando entre uno y otro, sin dejar de tocarla al mismo tiempo. Al llegar a los pezones, los chupó y les dio pequeños mordiscos que la estremecían… no podía reprimir unos gemidos, casi lamentos de placer. Ana musitaba tímidos “sies” que pedían a gritos que siguiera haciendo aquello.

Mientras él se afanaba en no dejar ni un solo milímetro sin lamer, ella comenzó a desabrochar los botones de la camisa de él hasta quitársela por completo. Con su torso desnudo, ella lo acarició y arañó suavemente su espalda con sus uñas.

Luego bajó las manos hasta sus pantalones, los desabrochó y los dejó caer al suelo. El, al comprobar que Ana tomaba la iniciativa, la dejó hacer y la ayudó a terminar de desnudarse. Una vez desnudos los dos, se miraron y disfrutaron reconociendo cada una de las partes que antes habían imaginado… adoraban la perfección de sus imperfecciones. Él ansiaba recorrer todas sus curvas y ella deseaba tocar todo su cuerpo. La vergüenza inicial había dejado paso al deseo y ambos se fundieron en un beso y juntaron la desnudez de sus cuerpos, disfrutando del calor y del olor del otro. Mil veces habían hecho aquella primera vez. Ana lo empujó hasta la cama y lo tumbó con un suave empujón. Él se dejó caer y la observó. Ella se metió la mano en su sexo, sacó sus dedos mojados y se los acercó a la boca para que él saboreara su deseo. Luego, se subió sobre él y puso sus rodillas en la cama, una a cada lado del cuerpo de él, y se sentó a la altura de su miembro erecto, que parecía buscarla desesperadamente. Con unos suaves movimientos de cadera, acompañado de unos tímidos gemidos, ella dejó que su polla entrara hasta el fondo. Él no podía creer lo que estaba pasando, tenía miedo de que tanta excitación le jugara una mala pasada y no pudiera aguantar tanto placer. Ella era consciente de eso y cuidadosamente comenzó una danza ligera, suave y lenta. No quería que él terminara antes de tiempo. Su cuerpo se contoneaba haciendo círculos con su cadera, haciendo pausas estratégicas. Él levantaba las manos para sujetar sus pechos mientras ella seguía con sus movimientos. Ambos se compenetraban, cuando ella aumentaba el ritmo, él sujetaba sus caderas si quería cambiarlo y volvía a manosear aquellas tetas que deseaba y le volvían loco. Después de algunos minutos de juegos de cambio de ritmo, él la tomó por la cintura y marcó un ritmo rápido y constante. Ella no se hizo esperar y comenzó a cabalgar sobre él, con movimientos ascendentes y descendentes, mientras sus pechos se movían de similar forma. Sus respiraciones se habían sincronizado y sentían los mismos calambres. Ella sentía cada vez más, su miembro hinchado a punto de estallar en su interior. Él disfrutaba con el sonido del chapoteo de su coño bañado de placer. Tras unos cuantos movimientos, ella paró, contrajo su musculatura y lo retenía dentro mientras murmuraba un "Sí" interminable y él repetía un "ah" entrecortado. Permanecieron inmóviles unos segundos hasta que ella descansó su cuerpo sobre el pecho de él y lo besó suavemente. Él la abrazó y hundió su nariz en su cuello y los dedos en su pelo.

- Ha sido increíble - susurró él -mejor de lo que había imaginado.

- Yo también lo he disfrutado, nada que ver con las tardes a solas en casa imaginándote.- sentenció ella.- pero ahora me debes algo -

- ¿Qué se me ha olvidado? - replicó nervioso

- Un cigarro a medias.- dijo ella divertida.


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