Despertares (I)

Por François Lapierre
Enviado el 24/01/2015, clasificado en Ciencia ficción
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Despierto de mi letargo lenta, muy lentamente. Lo que veo a mi alrededor me resulta ignoto y, aunque me esfuerzo por recordar qué es lo que me ha ocurrido, soy incapaz de averiguar de dónde vengo. No puedo hablar y, créanme, lo intento, pero de mi boca no sale palabra alguna.

 

Varias personas me están observando. Tan solo miradas fugaces que se intercambian, miradas preocupadas. Nada bueno cabe esperar de ellas. Finalmente, uno de ellos decide preguntar.

  • ¿puede entenderme? ¿me oye?

 

Asiento levemente con la cabeza. También me cuesta trabajo moverme.

  • Ha entrado usted en la segunda fase, y esperamos que pronto recupere su capacidad de hablar, porque lo estará deseando. Para nosotros no es importante, más adelante lo entenderá y dejará, asimismo, de hacerlo. Por lo demás sus constantes vitales se mueven dentro de la normalidad. Debe tener paciencia.

 

Debo tener paciencia... ¿para qué? ¿Qué me está ocurriendo? ¿Cuánto tiempo más debo permanecer así?... Ojalá pudieran responderme a todas estas cuestiones que me atormentan... Se marchan, ¡no! ¡quédense conmigo! Charlen sobre mí, que pueda oírles y saber. ¡Por favor...!

 

Lo último que recuerdo es que caminaba hacia una luz. Por mi mente circulaban imágenes a una velocidad de vértigo, retazos incomprensibles. No veía nada a mi alrededor y, por tanto, la luz del fondo era el único referente. Tenía que ir hacia ella por toda respuesta posible. Y, sin embargo, tras esa luz, este absoluto estado de ignorancia... Definitivamente hay que intentar decir algo, llamar su atención. Necesito que vuelvan. Pero de mi boca solo salen sonidos, sonidos que, además, deben llegar a ser inaudibles para ellos, porque nadie viene. Seguiré probando, aunque no tengo la paciencia que se me demanda. Si se vieran en mi situación comprobarían que es muy fácil decirlo.

 

Al cabo de un rato consigo decir un “si”, un gran logro para mí, porque me da esperanzas. Repito la silaba una y otra vez. Los sonidos son ahora más fuertes, tanto que alguien me ha oído y se ha acercado curioso. Me mira y sonríe a la par que asiente. ¡Me entiende! Llama a alguien. Sigo diciendo mi “si” incansable. Llega una segunda y, tras él, una tercera persona. Los tres me miran esperando que pronuncie algo más que un “si”. Intento un “no” pero no puedo. Habrá que resignarse.

 

Y ¿qué es eso de la segunda fase? ¿Qué pasó en la primera? ¿Habrá más fases?... Las preguntas se amontonan en mi mente y no puedo formularlas. Mi ansia por saber me desborda ¿Cuánto tiempo tardaré en poder hacer una única pregunta, la que resuma todos mis temores y dudas? ¿Nadie puede decirme nada?...

 

Me he debido quedar dormido. Ahora no hay nadie conmigo, pero estoy en otra habitación, no la conozco. Lo primero que cruza por mi mente es el haber podido decir “si”. Lo intento de nuevo y, si, sigo siendo capaz de pronunciarlo ¿Y el no?... Tras varias tentativas de mi boca sale un claro, aunque débil, “no”. Y como con el “si” insisto hasta lograr que se oiga bien alto, pero no viene nadie. Alterno el “si” y el “no”. Perfecto. Continúo hasta que aparece alguien, aquel que me pidió paciencia, lo recuerdo bien.

  • Está usted avanzando a un ritmo rápido. Tómese su tiempo y pronto podrá hablar
  • Si no... si no... si no...
  • No se impaciente. Lo está logrando antes que otros. Tenga calma.

 


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