Despertares (II y final)

Por François Lapierre
Enviado el 24/01/2015, clasificado en Ciencia ficción
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Algo han debido darme en la bebida porque he vuelto a dormir, no se cuanto tiempo. Y como en la anterior ocasión, me lanzo a pronunciar mis primeras silabas. Sin ningún problema. Veamos si puedo con algo más complejo. De mi boca sale un “nada”. Sonrío. Quizá pueda... “decir... algo... más”. Alto y claro. ¡Sí, ya-puedo, hablar! Inmediatamente se personan en la habitación dos individuos. Uno de ellos, por desconocer su nombre, el 'paciente'.

Vaya, se ha esforzado, ¿eh?

Quiero... que-se-me-diga... como-he... llegado-a... este-estado, por favor.

Ha cambiado de fase, ya se lo dije. Usted tenía una vida anterior de la que, con toda seguridad, no recuerda nada. Esa era la primera fase.

¿Quiere... decir que... estoy muerto?

No exactamente amigo. Ha muerto en la primera fase, es cierto. Pero ahora está usted vivo, en una segunda, muy superior a la que ha dejado.

Entonces.. ¿hay-que-morir... más-veces?

No en el sentido que usted ha experimentado hasta ahora. Pero, por favor, céntrese en vivir esta segunda fase. Disfrute de ella. Verá que hay cambios muy sustanciales respecto de la anterior. Todo el mundo cuando llega aquí quiere, al igual que usted, preguntar, saber, y de ahí su esfuerzo por hablar con nosotros, sus guías. Ahora aprenderá a comunicarse sin necesidad de esa opción, aprenderá a leer en las mentes de los demás. Pero esto requiere de un proceso de aprendizaje más o menos duradero, según la persona.

¿Todos ustedes... están en la... segunda fase?

No todos. Algunos interfieren aún con la primera porque ese es su deseo, y no podemos ir en contra de él. Y, por otro lado, están nuestros maestros de la tercera fase que, al igual que los que acabo de mencionarle, de forma esporádica nos visitan para hacernos entender la importancia de atravesar por esta etapa, sus objetivos y medios para lograrlo.

¿Puedo-estar... soñando-con-este... hipotético-mundo?

Perdone que me sonría. Es también una pregunta fija en todos ustedes... No está soñando, se lo puedo asegurar. Sencillamente porque ya no se sueña. Su mente se libera de la fase anterior y ahora comienza a tener solo visiones de la presente, visiones reales, no deformadas, fantásticas o, irreales como en la primera.

¿De-cuántas... fases... hablamos?

Esa pregunta no la puedo responder, porque lo desconozco. Al menos las tres. Una cuarta cabría que existiera, pero ya digo que lo ignoro. Y ahora ¿qué le parece si comenzamos a practicar con la telepatía? Esta aptitud era una entelequia en su vida anterior. Quienes decían poseerla eran unos farsantes que se atribuían poderes o dones inexistentes. Ahora sí es una opción real.

 

De pronto calló. Su boca no se movía pero yo seguía oyéndolo en mi cabeza. Mi primer impulso fue abrir la boca y hablar. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo él ya lo había, digamos, oído, porque me contestaba de inmediato. Por el momento era incapaz de 'leer' en la suya. Oía lo que me decía pero no podía saber cuáles eran sus pensamientos. Esto mismo también fue 'visto' por él. Paciencia amigo, fueron sus palabras o, mejor dicho, su idea transmitida.

 

No sería la única sorpresa que vería en mi permanencia en la segunda fase. Pronto advertí que podía trasladarme, en el mismo instante, allá donde se me reclamase. La verdad es que la nueva fase resultaba ser muy placentera, porque los esfuerzos realizados eran mínimos. Por ello, el descanso, tan arraigado en mi mente como una secuela imborrable de la primera fase, perdía virtualidad y ahora entendía lo que se me dijo de dejar de soñar. Pero, aún así, había momentos en los que se permanecía inmóvil para, poco después, llamémoslo, despertar.

 

Fue en uno de esos momentos cuando abrí mis ojos y me vi en una penumbra terrorífica. A mi lado había una persona que me resultaba en extremo conocida, aunque no podía poner en pie de quien se trataba. Estaba como adormecida y no quise alterar su descanso. Yo me encontraba tumbado en una cama, rodeado de innumerables tubos conectados a una máquina que pitaba de forma intermitente. Aquello me resultó insoportable y procedí a deshacerme de los tubos. Poco después se oyó un pitido continuado que se fue apagando hasta que todo quedó a oscuras, solo unos instantes, y de nuevo apareció la intensa luz al fondo del pasillo. Una potente luz que reclamaba mi presencia.

 


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