“SUEÑOS PROFUNDOS”

Por Lápiz Andante
Enviado el 25/01/2015, clasificado en Varios / otros
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     “…Al comienzo sentí temor por cosa extrañas que iba percibiendo, mientras dormía. Una noche muy sosegada, comenzó. La cena que preparó mamá estuvo deliciosa. Las tareas del colegio, menos mal, las había adelantado. El sueño me vencía. Hacía mucho frío. Me abrigue en la cama con unas frazadas, riquísimas, de lana. Pensaba en las cosas bonitas que hice durante el día. Y así, mi cuerpo se entrego a los brazos de Morfeo. Sin siquiera notarlo, desperté. Me hice dueño de la oscura habitación. Mi respiración la escuchaba, lenta y gratificante. Observe algo extraño, como si mi cuerpo no pesara, como una pluma entregada al vaivén del viento. Sin voluntad. ¿Qué raro? Pensé…

   Así, cada noche era un sinfín de sensaciones nuevas. Unas veces con miedo; otras, un tanto más seguras. Con el paso del tiempo iba mejorando mi control; hasta que una vez, mientras sentía flotar mi cuerpo, pude girar y como algo penetrante en el alma me vi dormido en la cama. Ajeno a lo que sucedía. Un escalofrío me sacudió; de repente, como si algo me succionara me devolvió a la realidad. Sobresaltado me incorporé, casi ahogándome. Mi madre se percato y acariciando mi sudoso rostro me preguntó lo que me acontecía. En mi poco conocimiento, simplemente, manifesté que no era nada.

   Una y otra vez se repetían estas raras emociones. Logré disfrutar viendo mi cuerpo dormido. Quise ir más allá, hasta encontrarme en lugares conocidos, alejados del lugar donde residía. Veía calles, iluminadas con poca luz, de mi infancia. Era como volar libremente por aquellos sitios del pasado. Escudriñando, palmo a palmo, sin ver gente alguna. En otra oportunidad, me detuve en lo más alto de un edificio y solté mi cuerpo al vacío. La velocidad con que me precipitaba era tan real. No tenía miedo. Casi al llegar al suelo, me detuve de golpe. Mis ojos se encontraban a escasos centímetros del suelo. Era increíble.

   El amor había llenado mi corazón, aunque de manera platónica, con la hermosura de una joven llamada Vivian. No lograba comprender por qué no era capaz de decirle mis pasiones por ella. Hasta que un día me decidí. Lastimosamente fue tarde. Ella marchó con su familia lejos. No sabían darme razón de ella. Que contrariedad.

   Una noche mi alma viajo nuevamente por rumbos extraños, desconocidos, y pude llegar a una casa cerca de una playa. Observe una dirección que pude recordar al despertar, aquella mañana de verano. No le tome atención.

   Un día conversando con unos amigos. Ellos, me dieron una dirección para poder encontrar a Vivian y como cosa rara del destino, esta era la misma que había visto en unos de mis viajes mientras dormía. Pero, de aquello habían pasado muchos años y la pasión se había esfumado. Así como aparecieron estas sensaciones una noche sosegada, desaparecieron sin dejar huella alguna…”

 

 


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