Los 5 Revolver: El Jinete Maldito (Parte final)

Por Daniel Flores
Enviado el 02/02/2015, clasificado en Fantasía
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Victoria entró al hotel y se dirigió hacia su cuarto.  Lo primero que hizo fue ir a la ventana y observar como se marchaba Galante.  Pobre hombre, ha sufrido más que muchas personas, y aun así piensa en ayudar a otros.  La muchacha se quitó la ropa empapada de agua, se dio un baño caliente y se acostó, durmiendo al instante.

 

A la mañana siguiente, la muchacha se despertó muy temprano.  Tomo sus dos pequeñas maletas y metió su ropa y algunos recuerdos de COBRA.  El sol rebosaba de luz, mientras los pájaros cantaban a la mañana.  Victoria se colocó su sombrero y salió de su cuarto.  Al salir del hotel lo primero que vio fueron los rostros de Galante y Ramón sonrientes arriba de sus caballos.  Ahí estaba ya su caballo propio listo para ser montado.

-Sube Vicky –dijo Ramón sonriente-.  Antes que te arrepientas de volver a tu hogar.

Victoria les dio los buenos días a los dos hombres, luego subió a su caballo y emprendieron el camino a las afueras del pueblo.  En el recorrido vio a otros pueblerinos en sus quehaceres.  Ni uno con la más mínima idea de que estos dos hombres borrachos los estaban cuidando.  Algunos de los pueblerinos le sonrieron a la chica.  Otros le decían adiós y una viejita de la cual se había hecho amiga le dio una bolsa con pan, queso y algunas frutas.

A lo lejos alcanzó a ver el “Cementerio de Los 5”.  No parecía tan tenebroso de día, se veía inofensivo.  Como si estuviera agradecido al Jinete de Hierro por cuidarlo.  Los arboles se meneaban de un lado a otro lentamente pues una leve briza hacia uso de su presencia.

Por fin llegaron a las afueras del pueblo.

-Hasta aquí llegamos Victoria –dijo Galante.

-Si, nosotros ya no vamos más lejos –complemento Ramón.

-Muchas gracias a los dos –dijo Victoria-.  Jamás los olvidare.  Quizá algún día podrían venir a mi pueblo, la pasaríamos bien.

-Solo si hay muchachas tan lindas como tu –dijo Ramón riendo.

Victoria sonrió también, un poco sonrojada.

-Quien sabe –respondió Galante-.  Tal vez, si el tiempo es gentil con nosotros.

Victoria miró a los dos hombres y no pudo resistirlo.  Acerco su caballo hacia ellos y les dio un beso en el cachete a los dos.  Entonces les dio la espalda y emprendió su viaje de vuelta.  Entonces, escucho la voz de Galante Gritarle:

-¡Salúdame a mi esposa e hijo cuando los veas!

Victoria sonrió y se quedo pensativa.  ¿A que se refería con eso?  ¿Que le saludará a su esposa e hijo?

La muchacha no prestó mucha atención y siguió su camino.  Echo un último vistazo hacia el pueblo que se perdió a lo lejos.

Una hora en el camino, la chica alcanzo a observar algo que no había visto en el viaje de ida.  Miró lo que parecían ruinas de una casa quemada.  Paredes solas totalmente negras por las cenizas.  También había pedazos de la casa regados por todos lados, al igual que cenizas.  Pocas quedaban pues seguramente el viento se las llevó.  Alcanzo a divisar una pequeña colina y dos piedras en esta.  Se bajó del caballo y se acercó a ellas.  Dos pequeñas lapidas yacían encajadas en el suelo terregoso, la una al lado de la otra. 

Una de ellas tenia el nombre de “Mariana Galante”, y la otra el de “David Galante”.  Entonces la muchacha entendió lo que Galante quiso decir.  Victoria miró un momento las lapidas, luego una lagrima corrió por su mejilla.  La chica subió a su caballo y siguió su camino.  Su silueta se perdió a lo lejos.

 

 

 

                                                                                                                    FIN


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