El miserable. Parte 2.

Por Sanny. Lf
Enviado el 04/02/2015, clasificado en Terror
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Al fin. Despues de tanto tiempo seguía intacto. Era un viejo libro de tapas doradas cuya portada modelaba en el centro un circulo sobrepuesto en otro relleno de espirales y simetrías, y en centro del círculo una especie de ojo desfigurado entreabierto que parecía seguirte con la mirada. Era lo único que me quedaba y mi razón para seguir subsistiendo. La punta de una de las hojas estaba doblada hacía dentro haciendo función de marcapáginas. Abrí aquel libro por la página 547 tal y como estaba marcado.


...y los diez orificios profanados contemplaran la imploraración de sus almas desangradas. Bajo el círculo sagrado contemplaran un alma atormentada entregándose a las tinieblas. Y las puertas quedarán abiertas...


Solté el libro de inmediato y volví a abrir la enorme caja de madera. Bajo una pequeña tablilla habia un vasto y pegajoso saco negro que al abrir expulsó un putrefacto olor que me hizo recordar su contenido. Fuí sacando una a una las cabezas amputadas, eran cuatro en total. Dos de ellas eran ya cráneos fosilizados, otra aún conservaba algunos trozos de piel y cabello aunque en un alto grado de descomposición. Y la última, mi preferida, la que mejor supe conservar, ademas de mantener toda la piel intacta, aún mantenía la expresión de horror en su rostro tras padecer una lenta y tortuosa muerte .
Las puse en círculo a mi alrededor y comencé a recitar un texto en un antiguo idioma oculto e indescifrable para la época. 


....sha nethan loi fhigrah, oghethhan, sha nethan loi fhigrah....


Mientrás recitaba una y otra vez y nada acontecía mi deforme cuerpo se estremeció al percatarse de mi error.

¡¡Diez orificios!!,¡¡Diez orificios!!. Diez orificios profanados contemplando mi alma atormentada... Cuatro cabezas, ocho cuencas oculares extirpadas.¡¡me faltaba una!!. 

El cielo tornaba un color púrpura. El sol, ahora una insignificante bola anaranjada sin destellos se escondia lentamente en el horizonte mientras una perfecta amalgama de colores cromaba el tradicional celeste. Culminaba así el más bello de los atardeceres que mi ser jamas contempló dando paso a un nuevo crepúsculo. Aún había gente en las calles, yo observaba desde lo alto de la torre, a nadie parecía interesarle la espléndida bóveda que nos recubría, el ser humano siempre tan ególatra...Me preguntaba si todos los atardeceres serían así..


Descendí por la torre , esta vez con el saco y el libro, no podía volver a dejarlos, no había tiempo. Antes que cayera un nuevo día debia encontrar una última alma, vaciar su cuerpo de sangre, extirpar sus ojos, decapitarla y culminar de una vez por todas el ritual.


Me ocultaba en la penumbra mientrás observaba a una pecosa niña pelirroja de unos diez años de edad que caminaba junto a su madre. En un despiste de esta, fui hacia ella , la cargué en mi hombro y corrí a cuatro patas impulsándome con mi brazos a la mayor velocidad que estos podían admitir. La niña gritó. En cuestión de minutos una avalancha de personas corría en mi busca con palos y rústicas armas. ¡¡Es un monstruo!! decían, ¡¡matadlo!! podía oir los gritos e insultos como si volviesen a estar dentro de mi cabeza. El libro lo tenía sujeto contra mi pecho con mi mano central, el saco lo tenía amarrado con una cuerda que cruzaba mi torso en forma de bandolera y a la niña la llevaba apoyada en los hombros, mientras a la vez que sujetaba el libro con mi tercer brazo empujaba hacía arriba para que no cayese en la carrera. El peso me relentizaba, la muchedumbre estaba a punto de alcazarme, acabe trepando los edificios y saltando de tejado en tejado hasta que alguien me agarró. Empujé con todas mis fuerzas, aquel hombre tiraba de mi costal para intentar hacerme caer del tejado. El saco se rompió y las cuatro cabezas rodaron entre las piernas del pueblo desenfrenado. EL tumulto se paralizó y los gritos que se produjeron a continuacion fueron mucho más tormentosos. Aprovechando el temor y la confusión de todo el pueblo pude escapar de aquella persecución y volver a refugiarme en las alcantarillas, mi hogar.
Las voces seguían dentro de mi cabeza.... "monstruo", "ser repugnate", "no mereces vivir", "engendro"...... ¡¡Dejadme!! gritaba, ¡¡dejadme de una vez!!. Las voces seguían. "das asco" "deforme", "asesino". Me acurruqué en una esquina llorando desconsolado, había perdido las cabezas, no podría acabar el ritual que culminara con la venganza de este monstruo atormentado por una sociedad maligna y retrógada. Las voces de mi cabeza habían vuelto, las mismas voces que me castigaron una y otra vez durante toda mi infancia, se volvían a repetir en un bucle infinito atormentándome de por vida. Quien sabe cuando volverían a desaparecer quizás había pérdido mi única oportunidad.


La niña se acercó a mi, "¿Por que estas llorando?". me pregunto. Me había olvidado de ella, a fin decuentas ya no la necesitaba. Se acercó a mi. Yo seguía discutiendo sólo, ¡¡dejadme en paz!!¡¡vosotros sois los monstruos!!. "¿Con quien hablas?".volvio a preguntar. Me acerqué a ella y la miré de arriba abajo, era muy bonita y la envidiaba por ello. Abrí mi viejo libro, al menos aún lo conservaba. Quizás podía volver a empezar, y que ella fuese ahora la primera en lugar de la última. Las voces no me dejaban pensar. La pequeña se acercó e intentó ojear el libro, el implacable gruñido animal que lanzé la hizo retroceder. Era extraño, no gritaba ni parecía asustada al verme, al contrario, para mi sorpresa comenzó a reir. "¿Por que te ries?" me atreví a preguntar. "Veras pareces un loco hablando sólo e intentando leer un cuaderno que tan sólo tiene páginas en blanco". "¡¡niña estúpida!!" gritaba. "¡¡no tienes ni idea de lo que poseo entre mis manos!!","¡¡podría destruir cuanto conoces con este libro!!" contesté enfurecido mientras la baba que produjo mi histeria caia resvalando por mis manos hasta gotear en el suelo. "Tan sólo es un viejo cuaderno aún sin estrenar". Volvió a contradecirme


Tenía razón.


Tiré aquel estúpido cuaderno vacío y al fin consciente de mi locura me acurruqué en el suelo adoptando forma fetal mientras gritaba y lloraba atormentado por mis transtornos. Y por primera vez en mi vida note como una cálida mano se acercaba a mi desfigurado rostro regalándome una pequeña caricia de consuelo. Ese fue el día más feliz de mi vida...


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