Mutilación

Por JUANCHO777
Enviado el 09/02/2015, clasificado en Drama
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 MUTILACION

 

Las botellas reflejaban el destello de las luces sobre el vidrio -y los ojos fijos- testigos de la escena recibían las palideces de una claridad difusa.

El boliche Le Coq era un lugar de onda que había adquirido su  ?ser? con el añejamiento de horas y de años entre copas eternas y charlas lentas de nihilistas aficionados.

El hombre maduro pero no viejo, había estado en ese lugar hacía muchísimos años y durante muchas noches, y ahora lo sentía como la espina de un cruel recuerdo.

Era un personaje del que se diría bello y de buen porte pero que un buen observador descubriría  en el fondo de esas pupilas muy suyas, una mirada decaída y unos ojos vacíos y atemporales.

Había algo casi glacial en  el gesto anunciando que ningún estimulo seria lo suficientemente intenso como para elevarlo a la satisfacción de la alegría, de la felicidad y aun menos al umbral del placer.

Después de tantos años evocaba aquellas noches con la mujer que hoy era el objeto de tantos desvelos, recordando innumerables horas que derrochaban  por el placer de convivirlas y dilapidarlas juntos, y que el transcurrir de esa época las hacía muy cortas por lo intensas.

Pero a veces el presente y el futuro no cumplen con las decisiones del pasado, y no solo que no las cumplen sino que las desvirtúan en la ruleta misteriosa y trágica de la vida.

Lo cierto era que por muchas razones, no debería encontrarse con esa mujer, -y no ahora únicamente- sino que ese encuentro no debería acontecer jamás.

Tuvo necesidad de visitar el boliche Le Coq al que no había

visto en muchísimos años, y nunca se le ocurrió pensar que

fuera probabilísticamente posible encontrarse después de               

 tanto tiempo con esa mujer y en aquel bar.

¿Qué extraño designio trajo al hombre a este lugar?.

Mi amigo no habría sabido responder esa pregunta si se la hubieran formulado en ese momento.

Pero tengo conocimiento de los terribles sufrimientos que ha padecido y de las dudas eternas de lo bien o lo mal que pudo haber procedido, dadas las circunstancias, con su amante.

Había abandonado bruscamente y sin aviso a la mujer hacia demasiado tiempo y treinta años lo contemplaban y lo atormentaban.

Ahora era mi buen amigo un zombi, un espectro, un alma en pena, un ser destrozado por la vida.

Y el tortuoso destino ya había dispuesto con su arbitrariedad que esa noche se encontraran.

¡Y esa noche se encontraron!...¿Será cierto que Dios dispone?...

El hombre estaba profundamente reconcentrado en el caos de sus pensamientos que giraban alocadamente por los laberintos emocionales de su memoria y por las oscuridades de su conciencia en las honduras extrañas de su mente.

Y de pronto?¡ ocurrió!...Ella había llegado y sus ojos, por cosas que solo el destino puede explicar, lo primero que encontraron fueron los ojos del hombre?

Abruptamente sus miradas quedaron prendidas una de otra?quedaron congeladas en el aire como aves de mal agüero, como negras aves de malos presagios.

Fueron segundos, fue el pasado, fueron reproches que flotaban con malignos designios?fue la eternidad.

El tiempo quedó paralizado en el ángulo cerrado del estupor y se quedó sin movimiento como un reloj de cartón.

La música sonaba acariciada por la voz de Edith Piaf con su aterciopelado color de pasión, orfandad y extraño dolor que hacia de coro a los recuerdos de amargura brotando de aquellas miradas que guardaban el sufrimiento mas profundo.

Ella estaba erguida como un junco rígido, estilizada, tenue, real y fantástica al mismo tiempo, con la mirada de siempre de lejanía y de ausencia. Vestida de blanco como una paloma, como un jazmín, etérea como una nube de gasa que se reflejaba como una aparición extraordinaria en el pesado y dorado espejo  Luis xv.

Llevaba por único joyel una rosa roja en el corpiño que resaltaba sobre su piel de porcelana.

La elocuencia del momento eran las palabras que no se pronunciaban.

Y?ahí comenzó la danza del champagne en el desafío de un rudo copeo, como queriendo encontrar las respuestas en el fondo de los vasos agotados que volvían a llenarse con asiduidad y con apurado anhelo.

Muy borrachos estaba como para preguntarse cosas y reflexionar.¿Porqué había desaparecido el hombre hacia casi treinta años en forma tan abrupta?.

Cuando por fin llegó la intimidad, nada fue paz, y estalló el pasado, como mil tormentas de odio, de venganza y de desesperación?

Vendaval de mil pasiones en erupción, agresión verbal, emocional?animal, con la rabia de años de incógnita , de angustia y de rencor.

Ambos borrachos estaban extraviados entre el desconcierto y la profunda intoxicación de vino?el hombre cerca del coma alcohólico.

Las ropas comenzaron a desnudar los cuerpos y a caer liberadas al piso.

Los ojos desorbitados del hombre eran llamaradas y la horrible carcajada descontrolada era como la de un alienado total.

 Una náusea  sartreriana y los esfínteres sin contención provocaron el estallido final y le cubrieron de vómito, de orín y de excremento el cuerpo?salpicando el piso y la pared y empapando a la mujer borracha con la inmundicia que se deslizaba por su piel de terciopelo y de jazmín.

Ella también culminó en fuertes arcadas y vómito, derramando la tibieza de su orinar sobre la piel de ambos.

?y el espantoso destino acabando todo?con un delirante final?

 Las fláccidas piernas apartadas del hombre expusieron a la mirada de la mujer, diez centímetros de una horrible cicatriz que exhibía diez puntadas cosiendo el tajo de una feroz mutilación.

El repugnante y pequeño orificio que había dejado el bisturí se mostraba impudoroso, manando en suave reguero como continuada lágrima, lo que dificultosamente brotaba de su vejiga.

Porque no solo su virilidad?había sido lo que el viento se llevó hacia treinta años.

Las miradas de incredulidad, de locura y de espantoso horror no encontraban la mas mínima respuesta a la inquisitoria desgarradora del alma hundida en la mas profunda tragedia existencial.

La expresión del hombre vencido era diabólica.

 

Entonces de nada sirvieron las palabras.

Ni la existencia, ni las dimensiones, ni los colores, ni el tiempo; había dos cuerpos estrechados yaciendo en el piso.

Y estaban sonriendo en paz.

¡Un hombre y una mujer estaban muriendo de amor!

 

???? 


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