Las Habitaciones del Placer [2]

Por Dvn
Enviado el 12/02/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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  Cuando recordaba todo lo que me había pasado en aquella habitación verde, me ruborizaba.

   Decidí deambular un rato por la casa, a ver que me encontraba. Cuadros de varias temáticas sexuales; esposas enmarcadas, textos metidos en cuadros...  Y al final de un pasillo había una sala enorme, con una lámpara gigantesca colgada del techo, me recordó mucho al comedor de la película "La Bella y la Bestia" . En esa sala se unía gente para charlar, picar y beber algo. Estaban todos desnudos y tenía vergüenza pero de perdidos al rio, me armé de valor y fui a coger medio sándwich y un poco de café.

   Se me acercó un chico con aspecto un poco dejado, pelo largo, barbita espesa pero bien recortada, lo primero que me llamó la atención fue...  su tatuaje. Tenía un tatuaje en el costado derecho, una especie de cadena de eslabones y en cada eslabón, una frase escrita.

   -Hola, soy Tomás ¿y tu? -  me dijo el chico de la melena

   -Me llamo Lucia -  le dije.

   -Encantado Lucia, ¿es tu primera vez en esta casa?

   -Sí, la verdad que nunca me había llamado la atención venir a un sitio de estos hasta hoy. Y tú, ¿has venido más veces?

   -Es la segunda vez que vengo, la primera estaba como tú, nervioso, sin saber que hacer, donde ir, pero aquí, no conozco a nadie y nadie me conoce, no me juzgan por lo que hago en mi vida y el nudismo es algo normal y no alarmante. -  me contestó.

   -Yo acabo de hacer algo que ni me había planteado hasta ese momento.

   -He visto que salías de la habitación verde. Imagino lo que habrás hecho.

   Mis mejillas ardieron al escuchar eso.

   -Me gustaría proponerte algo. A un amigo y a mí nos gusta mucho la habitación roja y...  me preguntaba si te gustaría venir a probarla con nosotros...  - me dijo Tomás, señalando al mismo tiempo a un chico que estaba de espaldas, alto, moreno.

   -¿Y de que va la habitación roja? -  dije sin poder apartar la mirada de la espalda de aquel chico.

   -Ven y lo descubrirás. ¿aceptas? -  me dijo con picardía y guiñando un ojo.

   Yo tenía un serio problema con la gente que me guiñaba un ojo y es que no podía decir que no, así que acepte y fui con él.

   -Entenderemos si en algún momento no quieres seguir en la habitación -  me alertó Tomás.

   Insertó la tarjeta y la luz verde se hizo inminente. Yo cada vez estaba más nerviosa, ¿Qué habría detrás de esa puerta?

   Con la puerta abierta, entré y como la habitación verde, todo estaba ambientado en tonos rojos; esposas, látigos, fustas...  éstos utensilios decoraban las rojas paredes, seguí caminando lentamente observando cada detalle, cuando de frente me encontré con una cama redonda con una sábana bajera negra, y lo que más me impactó? una especie de arco cuadrado con cadenas y grilletes en las esquinas. Esto no me podía estar pasando, esto lo había leído yo en un libro "50 sombras de... " no sé, de un tipo que no recuerdo su nombre, pero nunca pensé que me iba a suceder a mí.

   -Supongo que ya sabrás cuál es la temática de este lugar Lucia -  dijo Tomás.

   -Algo puedo imaginarme - dije yo en tono sarcástico- Pero no creo que esto vaya mucho conmigo.

   Me dispuse a salir corriendo cuando de repente una mano firme me cogió del brazo, alcé la vista y me encontré con sus palabras.

   -No te vayas Lucia, por favor, quédate -  se trataba de aquél chico tan atractivo, llevaba puesta una especie de mascara veneciana, que le tapaba la parte de los ojos.

   Quédate..Quédate.. Yo había escuchado eso mismo, en ese mismo tono y con la misma suavidad que él lo había dicho, parecía un dejavú, aunque no conseguía recordar de que situación.

   La cuestión es que acepté, ni yo misma sabía por qué pero acepté quedarme. Me colocó un antifaz negro y me explicó que es lo que les gustaba hacer y hasta llegué a excitarme con solo escucharlo.

  Me hallaba ahí, de pie, en medio de ese lugar, con los ojos vendados, y el saber que es lo que me iban a hacer pero no en que orden, me producía excitación e hizo que mi zona genital comenzara a humedecerse.

   Tomás me cogió de la mano y me hizo subir un escalón, (intuí que se trataba de aquel arco), me dijo que me abriera de piernas y manos y me engancho con los grilletes, tocó mi entrepierna y dijo:

   -Me encanta que te humedezcas para mí.

   Durante un minuto no sentí nada, solo escuchaba pasos y susurros, ¿Qué estará pasando? Hasta que de repente un azote me sacó de dudas, alguien comenzó a azotarme, algunos más fuertes que otros, lo peor de todo es que cada azote era un grado más de excitación en mí, cada azote era un gemido de placer.

   Se colocó detrás de mí, y comenzó a estimular mis pezones, apretándolos, bajó una mano hasta mi sexo y continúo estimulando esa zona, metía los dedos, los movía rápidamente dentro de mí y los sacaba, cuando parecía que estaba llegando al orgasmo, lo retenía, parecía el cuento de nunca acabar. Sin apenas darme cuenta, me introdujo de una estacada lo que parecía ser un vibrador, lo introdujo hasta el fondo varias veces sin compasión ninguna, fuertemente y lo que parecía que podía producir dolor, para mí fue un estallido de placer que no había experimentado en mis 35 años de vida y de qué forma.

   Cuando me retiraron las cadenas, las piernas me flaqueaban. Sin retirarme aún el antifaz volví a escuchar esa voz: "¿Vendrías conmigo a una sala privada?" . Presa de aquella voz, acepté.

   Me cogió la mano y caminamos un minuto en silencio.

  Me sentó en un sitio cómodo, y escuché como el cerrar de una puerta, me cogió de los hombros y me tiró muy lento hacía atrás, la calidez de esas manos y la delicadeza que tenía me resultaban conocidas, como su voz. Me tumbó sobre aquel sitio y se colocó encima, "déjate llevar"  - me dijo entre susurros. Y noté como con sumo cuidado abría mis piernas mientras las acariciaba y comenzó a penetrarme muy suavemente, mientras sus manos se posaban en mis caderas, como cual ángel que toca su arpa deslizando los dedos, sintiendo cada golpe de cuerda en la yema de sus dedos, pues así sentía yo sus manos, como las cuerdas de aquel arpa.

  No recuerdo cuanto tiempo continuó así, perdí la noción del tiempo en aquella habitación, aquello me excitaba de una forma diferente, no sabría cómo explicarlo, él estaba sobre mí, acariciando cada milímetro de mi pecho, aumentando cada vez un poco más el ritmo dentro de mí, entrando y saliendo, en silencio, volviéndome loca, con mil sensaciones distintas, estaba a punto de estallar si, me quedaba poco, solo un poco más rápido, sí, si, sii...  llegué en silencio pero las contracciones de mi cuerpo me delataron. Cayó sobre mí y nuevamente entre susurros me dijo "Quédate, por favor Lucia, no te vayas"  y en ese momento mil recuerdos agolparon mi mente,  recordé quien era él, y sin poderla retener,  una lágrima se deslizó  por mi mejilla.


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