Llamando a mi puerta

Por cclecha
Enviado el 13/02/2015, clasificado en Varios / otros
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                                                       LLAMANDO   A   MI   PUERTA

 

     Ir en invierno al Pirineo tiene sus riesgos, uno de ellos es que está cayendo una nevada de órdago que me obliga a poner cadenas.

     Al salir del coche, el paisaje está completamente blanqueado, unos caballos que intentan pastar por una hierba ya tapada por la fuerte nevada, tienen sus grupas y lomos también blancos, dándoles una apariencia poco habitual.

       Ya he puesto las cadenas. Me saco la capucha para gozar más del silencio que envuelve la intensificación de la nevada, todo va perdiendo identidad,la vegetación, las hojas de los árboles, casi la carretera, van desapareciendo, sepultados por una pequeña capa blanca.

     La niebla también está ahí, alentada por la altura, desciende rápidamente, si bien el viento se obstina en disolverla.

       Pronto llego al pequeñísimo pueblo donde me espera mi casa. Dejo el coche en la entrada del pueblo, si bien la belleza de la calzada empedrada, los parterres y los tejados de pizarra negros de las casas han sido sustituidos por otra belleza,la de un frio manto blanco que me rodea por todas partes.

       Abro la puerta de mi casa y un frio glacial, me obliga a poner de inmediato la chimenea. Las contorsiones rojas y amarillas de la llamas, pronto me van devolviendo la vida a mis ateridas manos. Me siento al lado del fuego y agradezco que las paredes estén revestidas de tablas de madera de pino claro, la manta peluda del sofá, así como el parquet del suelo. Todo va ayudando a atrapar el calor y a hacer la estancia más agradable.

       Muy lentamente, la temperatura me hace el favor de ir ascendiendo, mientras que afuera la llegada del final de la tarde hace que tenga que poner las luces exteriores.

         El pueblo es muy pequeño, no hay ninguna casa habitada, mejor, así puedes disfrutar de lo que te rodea, salir a pasear solitariamente por las escasas calles del pueblo, no tiene precio,mayormente las casas son de gente de la ciudad, si bien se ven unas débiles luces de la única casa habitada por una persona del lugar.

       Afuera, las características del temporal de viento y nieve se van agudizando, si bien no me importa puesto que me siento más que bien en mi casa,seguro, acogedor, confortable.

       Pero voy a explicar lo que realmente me ha preocupado de la situación. La noche, siguiendo las normas del tiempo, ya aparecido. He cerrado la puerta con llave y me he puesto a leer un libro de relatos de Edgar Allan Poe, junto a la chimenea. Si, ya sé que leer a este autor en una noche desapacible y en un pueblo solitario, alimenta la imaginación de las personas, pero me gustan su relatos.

         Se escucha el viento correr sin orden por la calle, cuando de repente un sonido fuerte en mi puerta, me hace dar un respingo. Me levanto como impulsado por un muelle y me dirijo hacia la puerta,no se vuelve a escuchar ningún ruido anormal, pero creo que tengo que abrir la puerta y ver lo que sucede.

     Al abrir, me tranquilizo,una rama de un viejo manzano cercano a mi puerta, se ha roto por el viento y ha impactado violentamente en mi puerta. Respiro hondo y dando un puntapié a la rama, la alejo de la puerta.

     Continúo con Allan Poe. Al cabo de bastante rato, un nuevo sonido en mi puerta me pone en estado de alerta, algo parecido a un restregarse, acompañado de unos sonidos sordos, me intranquilizan.

       Esta vez, no sé si levantarme,curiosamente, en libro que estoy leyendo, la muerte viene a buscar al protagonista, llamando a su casa. Pero la ficción es una cosa y la realidad otra, aunque nos empeñemos en mezclarlas. He de ser valiente e indagar lo que pasa.

       Mientras estoy accionando la llave, noto como unos cuerpos, arrastrándose por la nieve, corren a toda velocidad. Afortunadamente, fijándome en la oscuridad veo un par de jabalíes que se han alejado a todo correr de mi puerta. He olvidado decir, que mi casa está ubicada en medio de un parque natural y desde la cual, se escuchan las comunicaciones de toda clase de animales,ciervos, jabalíes, lechuzas. Seguramente y debido a la gran cantidad de nieve caída, no encuentran comida en las montañas y han bajado al pueblo.

       Bueno, ahora al sentarme sonrío, por ahora todo es normal, no hay nada sobrenatural en ninguna circunstancia.

         El protagonista del relato Allan Poe, no abre la puerta a la muerte. Pero no puede esquivar a su destino y acaba muriendo.

       Entonces unos golpes claros, me hicieron perder la sonrisa que todavía adornaba mi cara.

       TOC, TOC, TOC, los porrazos resultaban evidentes para los de puertas adentro. Siguieron aporreando mi puerta y yo me negaba a abrir, así pasararon unos interminables segundos, de repente una voz familiar, desde fuera me dijo

         -Carlos, Carlos. Abre, que te quiero pedir algo.

         Volví a inspirar fuerte y me abalancé a abrir la puerta. Había reconocido la voz del único habitante del lugar en el pueblo.

       -Hola, pasa, pasa. Perdona, no te había oído.

       -No quiero molestar,he visto luz y quisiera pedirte un llave inglesa. Tengo que fijar un radiador eléctrico y me falta esta herramienta. Te la devolveré mañana por la mañana.

       -Oh si claro- Le dije con alivio, dándole la llave inglesa y viendo como él, inmediatamente partía para su casa.

         Me volví a sentar junto al fuego y esta vez no quise continuar con la lectura del libro, me encontraba demasiado alterado y no quería dar alas a la imaginación.

         Estos sucesos de los toques en la puerta, me habían arruinado la estancia en mi querida casa del Pirineo. Tanto con Allan Poe, como sin él, mis sentidos y en particular mis oídos, estarían toda la noche en suspenso esperando oír el fatal sonido. Sabía muy certeramente que si volvía a escuchar la llamada en mi puerta, esta llamada representaba que venían a por mí.

         

         Si, ya sé que cuando llega la muerte, tú ya no existes, luego no padeces. Pero esto no me consuela

         Si, ya sé que toda la energía y la materia, no desaparecen, sino que se transforman, pero esto tampoco me conforta

         Si, ya sé que el que mira a la muerte de tú a tú y la contempla en vida, cuando llega esta se disipa el temor, pero esto tampoco me anima.

         Si, ya sé que estamos arrojados a esta vida y que todo aquello que ha nacido, tiene forzosamente que morir, estamos condenados a ello, puede suceder en cualquier momento, pero que te vengan a buscar expresamente llamando a tu puerta...

       


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