No Beso en la Primera Cita

Por Cuarcita Octo 2
Enviado el 17/02/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Era el último verano antes de entrar a la universidad y, unas dos semanas después de la graduación, me topé con Gil en la sección de regalos de "Virana". Él se acercó y se sorprendido al reconocerme de la preparatoria. Empezó a hacerme plática y, entre frases bobas y risas nerviosas, noté que él veía mi figura con el mínimo de discreción. Yo iba nada arreglada, llevaba unos pantalones deportivos y una playera un poco gastada que probablemente dejaba transparentar mi sostén. Supongo que Gil me evaluó positivamente, porque al final terminó invitándome al cine esa misma noche.

Pensé mucho en cómo vestirme; no quería parecer una fácil, pero tampoco quería verme poco atractiva. Decidí que una falda muy larga pero con una sexy abertura lateral y una blusa de botones sobre el pecho darían el mensaje correcto; sensualidad implícita, pero exponiendo muy poca piel.

Nos vimos en el cine para ver un churro de acción, de su elección. En la fila, casi podía sentir la mirada de Gil recorriéndome, valorando lo poco que mi atuendo dejaba ver de mi cuerpo. Fingiendo descuido y como viendo hacia otro lado, descansó su mano sobre mi cadera, en lo que detecté era una estrategia muchas veces repetida para ir avanzando en lo físico. No me sentí incómoda, pero con una sonrisa juguetona le dije, "Oye, yo no beso en la primera cita". La sala estaba semi-vacía y nos acomodamos en el tercio trasero del lugar.

Pasó la primera mitad de la película, un argumento insufrible que, por aburrimiento, me tenía cambiando de posición cada 2 minutos. En el trajín de esa incomodidad, noté que dos de los 3 botones de mi blusa se habían desabrochado y ambas solapas yacían casi a la mitad de mis hombros, improvisando un generoso escote que dejaba ver la copa de mi sostén y, ¡horror!, incluso uno de mis pezones, por lo menos desde mi perspectiva. Tratando de no llamar la atención, intenté componer mi "error de vestuario", y sólo hasta entonces me di cuenta de lo atento que había estado Gil al proceso; había estado clavando los ojos profundos en mi escote. Apenas medio pude cubrirme cuando Gil pasó su brazo sobre mi hombro, con la seguridad de creer que yo le estaba abriendo la puerta de par en par a un avance.
Algo apenada y como mecanismo inconsciente de defensa, crucé la pierna, sólo para darme cuenta que otro malentendido de vestuario se avecinaba; la abertura de mi falda hizo que quedara al descubierto casi toda mi pierna, haciendo parecer la falda casi como un simple taparrabo. Sin duda, los ojos operados por radar de Gil observaron esto. No hice nada para revertir la exposición, no quería parecer torpe, además, ya era demasiado tarde, mis insinuaciones no intencionales habían echado a andar sus engranes; de inmediato se llevó la mano a la entrepierna y empezó a acariciarse. Se acomodó en el asiento para darle espacio al nuevo bulto en sus pantalones y dejarlo apuntando hacia mí. Luego llevó la mano hacia mi rodilla y recorrió mi pierna desnuda bien arriba del muslo.
Con su brazo sobre mis hombros me acercó a él con autoridad y rápido su mano estuvo palpando mi seno izquierdo sobre una blusa que apenas se mantenía abotonada; cuando lo apretó, mis pezones saltaron bien erectos y se dejaron sentir entre sus dedos, al notarlo, dibujó tres círculos y dio un par de toquecitos, lo que activó una corriente eléctrica que de inmediato bajó directamente hasta mi sexo, que se humedeció rápidamente y el mismo reflejo que me hizo cruzar las piernas, ahora me obligó a separarlas. No es que Gil necesitara más señales, pero al menos esta había sido voluntaria. Aprovechó para llevar su mano hasta mi pubis y me acarició por encima de mis braguitas de algodón, frotando su dedo paralelo a mis labios, que rápidamente trasminaron humedad. Tímidamente llevé mi mano a mi entrepierna y pude sentir mi líquido en sus dedos. Me corrí las bragas hacia un lado para dejar descubierto mi coño; sin perder tiempo, Gil metió un par de dedos, que hicieron que otra corriente, ahora saliendo desde mi coño, provocaron que mi cuerpo tuviera un espasmo que hizo que abriera más las piernas y me deslizara hacia adelante, mordiéndome el labio con fuerza.
Mientras, su otra mano se llenaba con una de mis tetas, sopesándola como saquito de café. De pronto, jaló mi blusa junto con el sostén para dejar al aire uno de mis pechos; si los actores en la pantalla no hubieran estado tan ocupados esquivando balas, hubieran tenido una excelente vista de mi seno desnudo. Gil me tenía bien dominada, masajeando mi seno y "sintonizando" mi pezón; abajo, deslizaba sus dedos tan profundo en el tarro como era posible, cada que llegaban al fondo, yo tiraba una patadita involuntaria. Yo jadeaba silenciosamente con la boca ligeramente entreabierta, mientras él batía mi coño con más velocidad, haciendo temblar el interior de mis muslos al incrementar el vigor, haciéndome levantar la pierna con pequeños espasmos conforme una caliente vibración se preparaba para estallar desde mi centro.
Un último y prolongado calambre hizo que me pusiera tiesa, pandeada sobre el asiento, mis uñas arañaron la tela del descansabrazos y mi pierna se estiró tanto que pateé con fuerza el asiento de adelante, haciendo que la cabeza del ocupante se sacudiera; me vine con un par gemidos temblorosos, que afortunadamente fueron tapados por los sonidos de explosiones. Después de unos segundo exhalé, relajada, como en una tumbona sobre la playa, descansando mi cabeza sobre su hombro; habiéndome venido tan rico, que hasta sentí necesario quedarme ahí, escurrida en el asiento, con un seno al aire y el coño expuesto.

Gil se retiró lentamente de mí, sacó sus dedos empapados, trató con torpeza de regresar mi seno al sostén y se acomodó en su lugar. Un poco entumecida, lo imité, con supuesta coquetería me acomodé blusa y sostén, regresé mi muy mojada braga a su lugar y volví mi taparrabo a su modalidad de falda. Mientras me arreglaba, de reojo advertí que Gil apretaba la punta de su bulto y empezaba a desabrochar su cinturón cuando, para su decepción, aparecieron los títulos finales de la película. Con resignación, levantando la ceja, me dijo, "¿Nos quedamos a la siguiente función?".


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