En cámara lenta 2

Por Cortez
Enviado el 24/02/2015, clasificado en Ciencia ficción
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Transcurrió casi un mes desde que la ola de calor pasó por valle escondido, sin que ocurriera algo relevante. De hecho, este nuevo incidente, que sucedió el jueves 24 de agosto, sólo lo experimentó Jorge Ruz... de nuevo. Y no fue por la mañana, si no al salir del trabajo. No lo notó de inmediato porque habían pocas personas a su alrededor. Un insecto pasó junto a él, aleteando muy lentamente. Tan lento que pudo ver el movimiento de sus alas. Tan lento, que pudo atraparlo con la mano izquierda, sin esforzarse en perseguirlo. Lo mantuvo en la palma de su mano y lo observó con detenimiento. Tal vez, estaba herido. Pero no era así. Lo soltó y el insecto se alejó volando de nuevo, como si fuera en cámara lenta. 

Miró a su alrededor en un ángulo de 360 grados y descubrió al primer grupo de personas. Avanzó hacia ellos. Sus pasos eran normales, por lo que no le dio tanta importancia a lo que observó en el insecto. Pero al estar cerca de los jóvenes, notó que movían sus labios y sus extremidades con demasiada lentitud. Y lo más sorprendente: Ellos no se percataban de su presencia. Se aproximó tanto a los muchachos que accidentalmente, rozó el hombro de uno de ellos. El joven giró su cabeza con tanta lentitud, que cuando terminó de hacerlo, Jorge ya se había retirado y marchaba rumbo a su casa. 

En el trayecto hasta su casa, fue descubriendo que hasta las hojas de los árboles se movían o caían con una lentitud asombrosa. Golpeó una piedra con el zapato y ésta se desprendió del suelo lentamente, como si el aire la frenara con exageración en su ascenso. Con la misma velocidad mínima fue cayendo y rebotando. Jorge intentó algo. Recogió una piedra y la lanzó hacia el frente. Luego caminó lento pero con su velocidad normal, en la misma dirección del bólido lanzado. ¡Y lo detuvo en el aire! 

- ¿Qué me está pasando? - Pronunció en voz baja - Esto debe ser un sueño. 

Pellizcó su brazo. Y le dolió. Vaya, que le dolió. Quiso saludar a sus vecinos cuando se aproximó a su hogar. Pero no le respondieron. Y es porque no lo vieron. 

- ¿Por qué todos se mueven demasiado lento? - Continuaba inquiriéndose - ¿O es que yo me muevo demasiado rápido? Eso me parece más convincente. ¿Pero por qué lo hago?

 

"Al día siguiente me desperté con la ilusión de que todo se hubiera normalizado. Que todo hubiera sido un sueño. Sin embargo, desde que me levanté escuché hablar a mis sobrinos y a mi tía, con voces tan lentas que parecían de párvulos. Estaban en la cocina, desayunando. Así que fui a saludarlos. Pero no se percataban de mi existencia. Y curiosamente, hablaban de mí.

- ¿Se dieron cuenta, si su tío llegó a dormir? - Preguntaba la tía preocupada por mí

- No llegó - Dijo mi sobrino Alberto - Y eso que me dormí bastante tarde

- Yo tampoco lo vi - Respondió Graciela, la más pequeña - Porque me dormí después de cenar

- Aquí estoy - Les grité - ¿Pueden escucharme? ¿Pueden verme?

Pero, como si yo fuera invisible. Y lo era. A la vista de todos. ¿Qué van a pensar sobre mí, después de un tiempo de no verme? ¿Me darán por desaparecido? Debo hallar la manera de revertir el efecto de esto que me está pasando.     

Salí a recorrer las calles de Valle Escondido. Pasé por la oficina del palacio municipal. Nadie podía verme ni escucharme. Pero yo sí miraba a todos hablar y moverse en cámara lenta. Al Secretario del ayuntamiento, se hizo muy extraño que yo no llegara a trabajar. Lo comentó con mis compañeros y hasta me dejó una nota sobre el escritorio. Entonces recordé lo que hice en el parque que queda enfrente del palacio municipal, con aquellos jóvenes. Cuando rocé sin querer a uno de ellos. Y tomé la nota que me había dejado Fernando. Y con una pluma le respondí, que había salido a tratar un asunto familiar y que por eso no me había presentado. Pero todo el trabajo estaba de la oficina estaba terminado y archivado. Le indiqué el lugar exacto donde podría encontrarlo. 

Entonces sí estuve en mi trabajo. Tuve tiempo de sobra para terminar los asuntos pendientes de toda una semana, y archivarlos. Luego me retiré. Todavía era temprano cuando lo hice. Así que seguí caminando por calles y callejones de mi pintoresco pueblo. De pronto, sin darme cuenta andaba por la casa de mi ex novia. Pero ella seguramente estaba en la tienda de artesanías donde trabajaba. Así que fui a buscarla allá. Mis pasos eran normales. No me sentía caminar en cámara lenta. Y cuando decidí correr, no sentí nada extraordinario. Hasta que se me ocurrió tomar el tiempo del trayecto de la casa de Lidia hasta la tienda. Fue increíble. Hice una fracción del tiempo que normalmente me haría. ¡Sólo una fracción de tiempo! Si antes ese recorrido lo hacía corriendo, en 22 minutos... Ahora fue en 4 minutos tan sólo. 

Entonces, soy yo quién está acelerado. Me desplazo tan rápido, que nadie puede verme ni escucharme. Pero, ¿Cómo adquirí esa velocidad? Y si tengo esa velocidad, ¿Por qué no puedo detenerme? 

Cuando eran poco menos de las tres de la tarde, Jorge Ruz, tuvo necesidad de alimentarse. Y cerca de la tienda de artesanías, había un vendedor ambulante de salchichas calientes. Como Lidia salía a las tres en punto de su trabajo, tenía Jorge tiempo suficiente para comer algo. El vendedor ambulante preparaba unas salchichas con mayonesa y mostaza para un cliente. Y no supo a dónde fue a parar ese bocadillo. Lo vio desvanecerse tan rápido de su mano que tuvo dudas de haberlo preparado. Extrajo otro de la cajonera portátil y empezó a prepararlo. 

Las siguientes salchichas calientes, Jorge mismo las preparó y las engulló sin que nadie lo notara. Por lo menos, había encontrado algo favorable para la extraña condición que vivía. 

Lidia, ya se alejaba del local donde laboraba. Jorge Ruz se le acercó de frente. Y por vez primera pudo contemplar aquellos ojos claros de color castaño a su antojo, por varios minutos. Iba caminando de espaldas sobre la ruta que llevaba ella. Entonces, le dio un beso en la boca. 

- ¿Qué...? - Dijo Lidia muy desconcertada por aquella sensación en sus labios

Jorge se dio cuenta. Y también le agradó aquella sensación. Volvió a besarla, una y otra vez. Lidia se detuvo y llevó los dedos de su mano a su boca. Se le hacía conocida aquella humedad y presión sobre sus labios. Jorge insistió en besarla. Entonces Lidia lo recordó. Jorge, la abrazó. Lidia suspiró. Y ahí frente a ella, pudo ver a su ex novio Jorge Ruz.

- ¿Qué haces aquí? - Dijo una Lidia bastante asustada - ¿De dónde apareciste?

Era cierto. Era como si Jorge hubiera aparecido.

 

 


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