Agenda sexual

Por Tazzia Mayo
Enviado el 02/03/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Se conocieron por casualidad. Una fiesta, amigos en común y malas experiencias les conectó de manera inmediata. Hablaron, se rieron, su conexión era perfecta y sin apenas darse cuenta ya estaban hablando de sexo. Ambos habían tenido un par de parejas duraderas pero al final el problema era el mismo, necesitan más sexo del que les proporcionaban.

Un par de citas y lo vieron claro, no había nada más que esperar, retrasar el paso no llevaría a nada. Compartir una agenda sexual sería la solución. Sin ataduras, convivencia, reproches ni obligaciones?todo sería más fácil.

07.30h

Silvia llamó a su puerta, estaba nerviosa, expectante por cómo se desarrollaría todo, excitada por el día que tenían por delante.

Juan no tardó en abrir, sin camiseta y en bóxer, lo que vio era mejor de lo que había imaginado. Musculado pero no en exceso, brazos fuertes, vientre plano y… ¡vaya! buena idea haber quedado a primera hora, todo estaba listo para su llegada.

La agarró fuerte en el rellano y Silvia pudo percibir lo único que no podía ver. Su beso era dulce a la vez que vehemente, sus manos fuertes se aferraban a su cintura y no necesito más, su humedad comenzó a emerger entre sus piernas. Juan bajo sus manos, y la subió dejando que entrelazara sus piernas y pudiera notar su erección.

Pasaron, cerraron la puerta y sobre el mueble de la entrada introdujo sus dedos en ella apartando su ropa interior “perfecta, preparada tal y como esperaba”. Silvia no lo dudó e hizo lo mismo, bajo su bóxer pudo sentir cómo deseaba entrar en ella, grande, rígida y consistente, la acercó hacía donde Juan aún tenía sus dedos y se fundieron apenas en cinco minutos. Impetuoso y enérgico sentía como sus paredes se dilatan por él y sus aguas bañaban su sexo, recorriéndole de principio a fin, no tardaría mucho más en inundar ese nuevo hogar donde había comenzado tan bien la mañana.

14.30h

Un pequeño hotel cercano a ambos trabajos era el punto de encuentro. De nuevo no tendrían mucho tiempo y eso solo hacía que aumentaran sus ganas de descubrirse, de conocer cada recoveco y cuando cerraron la puerta de la habitación, Silvia se vio contra ella con su lengua buscando la de Juan “llevaba siete horas contando cada segundo esperando este momento”. “Hazlo, hazlo como esta mañana, necesito sentirte dentro de nuevo. No esperes, lo quiero ahora”.

Era demasiado pronto, sintió dolor y su cara no pudo disimularlo. Con suavidad, Juan se movía más despacio, volvió a subirla sobre él y la llevó a la cama sin salir de ella, de esa calidez donde tan cómodo se encontraba. Tumbado sobre Silvia la miró a los ojos por primera vez, una mirada intensa sin necesidad de palabras. “No pares, ya no siento dolor, solo a ella, grande y firme por mí”, no necesitó más. Oprimió fuerte sus pechos, sus pezones duros hicieron que aumentara la velocidad con la que sin querer una parte de él salía de ella antes de volver a entrar. La besó fuerte y justo cuando sus piernas se preparaban para acoger un nuevo y deseado coito, mordió su labio obteniendo un gemido en su oído que le hizo vibrar como hacía mucho tiempo.

21.30h

Por fin llegaba la hora de encontrarse despacio, sin prisa. Estaba aún más nerviosa que esta mañana. Juan podría ver cada imperfección, podría pedirle algo que en ese momento no estuviera dispuesta a dar. Antes de poder llamar, se abrió la puerta. Vaqueros, camisa y una mirada completamente diferente a la de hace algunas horas.

”Hola princesa, como ya hemos cenado, te preparé el postre”. Silvia no sabía realmente el posible doble significado de sus palabras, pasaron al salón y una luz tenue proporcionada por unas velas perfectamente dispuestas rodeaban a una mesa con dos platos de postre, pequeñas tartas de chocolate, varios siropes y nata aparte, hacían que la noche prometiera.

Se sentó junto a ella, cogió una cuchara y le dio un pequeño pedazo acercándolo a sus labios, Silvia le miró sensualmente, lamiéndose los labios, y siguiendo el juego, cogió la nata, rodeo su tarta y la bañó con sirope, pasó la yema de su dedo por encima y con su lengua recorrió sus dedos, despacio, observando como el fuego aumentaba en esos ojos verdes que tanto la gustaban. Juan se puso en pie, apartó los platos y la colocó sobre la mesa. Apartó despacio el final de la camiseta que la cubría y rebosó su ombligo de nata. Se inclinó y lo rodeó con su lengua saboreándolo, subió despacio y dejó sus pechos desnudos esperando más, los humedeció con sirope y de nuevo su lengua recorrió cada poro de sus pezones endurecidos, perfectos, que esperaban su lengua. Sus labios cubiertos de chocolate recorrieron su cuello, sus lóbulos, sus mejillas, y al llegar a la boca paró...”Degústame, soy todo tuyo, cómo y cuánto quieras”. Silvia se incorporó y sentada frente a él desabrochó cada botón de su cremallera, sin dejar de mirarle. Despacio acomodó su sexo para ella, la acarició sin desnudarla notando su suavidad y besó su extremo erecto, rozándola con su lengua haciéndole gemir. Bajó los pantalones despacio para poder verla bien, de cerca, se deslizó por la mesa hasta llegar al suelo y colocándose de rodillas cubrió con nata todo cuanto quería saborear.

Sin ningún recodo más por descubrir, Juan se sentó sobre el sofá y Silvia sobre él comenzó a moverse en círculos, sin dejar que ninguna de sus paredes no sintiera su maravilloso sexo. Juan movía sus caderas con sus manos sobre ella contemplando su cuerpo sobre él, sus curvas perfectas deslizándose, buscando ese orgasmo que hiciera desaparecer el mundo.

Extasiados uno sobre otro, comenzaron a organizar su próxima agenda.


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