El gatito negro y la locura de Tomas 4ª parte

Por albertocubeiro
Enviado el 01/03/2015, clasificado en Drama
348 visitas

Marcar como favorito

Se les acercó decidido con pasos largos sonrisa al viento y mirada luminosa.

¡Por favor, cuanto tiempo! exclamó situándose junto a ellos en mitad de la pista de baile.    -Como me alegro de veros parejita-

 

Era un palmo más alto que Tomás a pesar de que éste alcanzara el metro ochenta. También era atractivo y muy seguro de sí mismo y eso le hacía sentir muy muy pequeño a Tomás.

Ricardo le dio dos sonoros besos a Cristina, y a él le estrecho la mano con firmeza apretando más de la cuenta, con energía y la decisión de los que saben que siempre actúan de manera correcta.

 

La breve conversación estuvo protagonizada en todo momento por Ricardo y Cristina. Manejando perfectamente la situación consiguiendo que ésta no fuera forzada.

 

-Él no se pasa los días matándose a pajas ¿eh? -la voz sabía dónde pinchar.

 

Aún veía aquellos ojos de Ricardo verdes y vivos llenos de luz. Ojos que por sí solos ya atraían las miradas femeninas.

 

¿Has venido solo?, pregunto el Tomás del recuerdo deseando que no fuera así, deseando que se largase ya.

-No, estoy con una amiga, hemos ido a cenar y hemos venido a bajar la cena un poco, y mientras se explicaba señaló con la barbilla a un rincón del Pub.

Sentada en aquel rincón y junto a dos copas de cava Tomás distinguió a una mujer a la que no se pudo sacar de la cabeza en un tiempo. Era de una belleza salvaje, morena con el cabello espeso y largo, cabello de fiera había pensado. Una mujer que a pesar de estar sentada se le adivinaba una considerable altura y un cuerpo de revista. Aquella mujer les sonrió y Tomás sabía que jamás podría él ni siquiera soñar con acercarse a semejante hembra, su mirada no podía abandonar aquel cuerpo, aquellos generoso pechos, pero la carcajada de Cristina rompió su abstracción sexual.

Recordó perfectamente las carcajadas desinhibidas de su mujer.

_Siempre has tenido una sonrisa preciosa, te hace estar aún más esplendida y mira que ya es difícil, exclamo Ricardo, _ ¿verdad Tomás?

Eso era lo peor que no se parase a pensar si a él le gustaban esos comentarios hacia su mujer.

_Claro, claro ¡y tanto que si ¡se limitó a contestar con una risa falsa y demasiado forzada.

_ ¡Valiente gilipollas estas echo ¡exclamó la voz.

Para Tomas la magia de aquella noche se había terminado al aparecer en escena la estúpida sonrisa de Ricardo.

No recordaba el tiempo que estuvieron allí de pie alegrándose de haberse visto. Fueron minutos eternos, llenos de mensajes secretos entre Cristina y Ricardo. Los ojos de ella tuvieron todo el rato un brillo diferente mientras no se apartaban de los verdes ojos de aquel depredador de mujeres. Ricardo con su fama de mujeriego y de cabeza loca, Ricardo al que todas las del antiguo grupo se habían follado en alguna ocasión. Aquella noche Tomás estuvo más convencido que nunca de que Cristina aunque siempre lo había negado también le chupó la polla a Ricardo.

_! y tanto que se la chupó¡, !y con qué ansias¡, la voz esta vez consiguió un directo al estómago

El Tomás de su recuerdo y el del presente sentado en el sillón resoplaron angustiados y con un pinchazo en el corazón.

El Tomás del recuerdo pensaba todo eso mientras no podía dejar de observar la cara de Cristina, iluminada como con sed de macho.

_Bueno, ¿y tú Tomás que me cuentas?, que te veo muy callado, le pregunto Ricardo sacándole de sus masoquistas pensamientos. Quería que el mundo desapareciera allí mismo, se sentía pequeño, miserable y lleno de odio hacia aquel hombre que conseguía de las mujeres lo que el más deseaba, aquel sujeto que era en definitiva lo que él hubiera deseado ser.

 

Hablaron del trabajo que de aquella desempeñaba, recepcionista en un hotel de lujo, pero enseguida quiso aclarar que no era un trabajo para él, que no iba a estar mucho tiempo, quiso aclarar demasiadas cosas a una persona a la que realmente le importaba bien poco su historia de recepcionista fracasado. Lo único que le interesaba a Ricardo era dedicarle a Cristina sus mejores sonrisas.

Tomás estaba como doblado en sí mismo, una parte de él hablaba sin decir nada perdiéndose en detalles del hotel que no importaban a nadie  y la otra parte acumulaba rencor, cuanto más rencor más pequeño e insignificante se sentía, esa segunda parte veía a Cristina seductora y como la mujer más deseada del mundo  y en la imaginación la veía volviéndose loca de pasión por Ricardo. Una desconocida Cristina que dejaba  empequeñecida a cualquiera de las actrices porno a las que el visionaba con frecuencia...

Aquella noche de su recuerdo terminó de la peor de las maneras.

Ricardo parecía no tener prisa en despedirse y largarse con aquella amiga que esperaba pacientemente, una morena a la que, Tomás estaba convencido, ningún hombre a excepción de Ricardo hacía esperar.

No podía con aquella situación que le desbordaba, la rabia le devoraba por dentro haciéndose camino para salir.

Y Salió.

Aun  tuvo que soportar la despedida, el haber cuando quedamos  con más tranquilidad, las miradas de ella, las miradas de él, el conflicto sexual no resuelto entre su mujer y Ricardo, el adiós , hasta pronto, nos llamamos eh??.

Salió, pero antes el silencio, el no entender nada  ella, el pagar pronto para irse de allí.

El que raro eres Tomás.

El ponerse las chaquetas en el guardarropía y el salir a la noche.

Y allí en la acera salió.

La bofetada resonó en la noche, rompió algo más que el silencio.

Esa noche empezó el principio  del fin.

 

 

 

 


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com