El teatro del destino

Por Zésar
Enviado el 05/03/2015, clasificado en Ciencia ficción
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El hombre está sentado en la escalinata del viejo teatro de Blouton Bale. Su tez, bañada por lágrimas de lluvia, delata su impaciencia. Toda su vida ha estado esperando este día, porque el hombre, conoce su destino. 

En la solitaria noche espera a que algo ocurra. Su vida ha sido larga y tediosa. Nunca ha querido aprender, y ha tratado de olvidar todo cuanto sucedía, pues nada tenía que ver con su destino. 

En el viejo teatro se oyen unos pasos. Algunos creen que está habitado por un hombre, por un viejo mimo. Pero es solo una leyenda, nadie ha visto jamás a aquel viejo, después de que todo ardiera. 

En el viejo teatro se oye descorrer un cerrojo, y la puerta comienza a abrirse, al compás del rechinar de los goznes. El hombre se pone en pie decido a afrontar su sino.  Pronto estará cara a cara con el fantasma del viejo teatro.

Tras la puerta puede ver una sombra, una figura humana vestida con un traje negro. Le resulta familiar. Teatralmente la figura da un paso al frente, y la luz de la luna ilumina su níveo rostro. El hombre lo mira sorprendido. Cree reconocerse en aquella figura. Pero el mimo es viejo, y tiene la cara pintada de blanco. 

Se acerca con cautela al mimo ,y extiende su brazo hasta tocarle la cara. Puede sentir el paso de los años en la yema de sus dedos, pero a pesar de la lluvia, la pintura no se destiñe en la cara del viejo mimo. Este le sonríe. Su mirada es tierna y esperanzada. Con un gesto le indica que lo siga al interior del teatro. Allí todo está oscuro. Las paredes ennegrecidas por el incendio son un triste hogar hasta para un viejo solitario. El mimo señala una vieja caja de madera. 

El mimo abre la caja. El hombre guarda una pistola en el bolsillo de su chaqueta. Pero el viejo mimo le resulta simpático. No quiere matarlo. No comprende su destino. Siente curiosidad por la caja. Mira dentro, pero esta vacía. El viejo mimo le hace gestos para que se introduzca en ella. Y el hombre así lo hace. Espera a que algo ocurra, pero nada sucede. Tras un minuto encerrado en la caja, da unos golpes en la tapa para que el mimo le abra. No se hace esperar, la tapa se levanta y el hombre se pone en pie. Ahora la caja es un baúl y un niño lo mira. El hombre al fin comprende. Saca la pistola de su bolsillo y se la entrega al niño. "Deberás matar al mimo en el teatro, en la fecha que te indico, ese será tu destino", le dice al estupefacto niño. El hombre lo abandona, ya ha contado al niño su destino. Ahora vive en el pasado, sin saber que algún día se convertirá en un viejo mimo.


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