Las clases de inglés

Por Pura Coincidencia
Enviado el 08/03/2015, clasificado en Varios / otros
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   Como cada Martes y Jueves, allí sentada, con esa inexplicable sensación de incomodidad que nos acompaña cuando hacemos algo a regañadientes. No era obligatorio asistir a las clases de inglés para adultos, pero era justo dar la razón a quienes tan insistentemente me decían que sin hablar inglés, no iría a ninguna parte.

De todas formas, sospechaba que mis estudios de Humanidades, no me iban a llevar a ninguna parte por más idiomas que lograse dominar. La profesora nativa era una señora agradable y risueña, que se esforzaba lo indecible por tratar de hacernos pronunciar de manera que cualquier sajón pudiera entender qué decíamos sin falta de gesticular como un mono. Conmigo aún no lo había logrado. La pobrecilla ponía cara de pena, y me animaba con un "la próxima vez, segro que mejor ". Pero mi hipocampo se oxidaba al mismo paso que mis ganas, así que lo ponía en duda.

 Volvimos a repasar el verbo auxiliar...pues vaya tontería, tener que pedirle permiso a un verbo para construir una frase. Después de tres meses, seguíamos dando vueltas a los conceptos básicos del principio, ¿ tan inútiles nos veía ?. Eché una ojeada a mi alrededor. Creo que yo era la más avezada. Vale, sí, debía de vernos rematadamente lerdos, y deberían ponerle un monumento por tratar de enseñar a quien es obvio que no va a aprender...

 "To Be ". Dí un respingo en la silla. Mis ojos se abrieron como platos, ví la luz, me dí de bruces contra la realidad, la causa subyacente, ese motivo por el cual aborrecía desde la más tierna infancia los idiomas más que las matemáticas incluso ( y no era porque se me dieran de pena...que también). Sonreí. Lo vi claro, yo, que siempre me había interesado por todo en general, aunque por nada en particular, reconocí, después de tánto tiempo, porqué me arrastraba ,más que acudir a las clases de inglés.

 Cerré el cuaderno de notas y me levanté despacio, aunque era evidente que en un aula con siete personas, mi ausencia se notaría, quería retrasarlo lo más posible. Me dirigí agachada hacia el perchero, y la voz de la profesora surgió con más fuerza de la que solía emplear en sus explicaciones.

-¿ Nos deja ?.- Asentí cabizbaja, el rostro dulce y sonriente se había puesto extremadamente serio. Tampoco era para tanto, supongo que habría más desertores que una servidora.- ¿ Nos veremos el próximo Lunes ?.

  Desde luego, la sutileza británica se le había olvidado a la entrada.

- Pues no.- Respondí. Me estiré lo más que pude, aunque seguía notando mi cara a punto de estallar. Seguramente el color de mis mejillas oscilaba entre el púrpura y el carmesí.- No quiero seguir estudiando inglés.

 Tampoco es que nadie se sorprendiese, parecían aburridos más bien. Alguien aprovechó para mirar su teléfono móvil. Otro compañero se tomó un sorbo de agua y miró el reloj.

- ¿ Ya sabe suficiente ?.- Había recochineo en la vocecita de la profesora. Vaya con la mosquita muerta...Era evidente que saber, no sabía ni decir la hora correctamente, para qué engañarse...

- No es eso.- "Eso, valiente, como debe ser, y levanta la barbilla, es ella la que quiere explicaciones" pensé.- Es que creo que me va a resultar imposible hacerme entender en un idioma que no diferencia entre el SER y el ESTAR.


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