LA CULPA

Por Galaecia
Enviado el 13/03/2015, clasificado en Drama
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Los cristales q dan a la calle todavía reflejan su nombre, entre la suciedad permanecen marcados sus labios. Más de una vez se propuso limpiar ese último recuerdo, no lo hace porque sabe q es inútil, ¿Quién puede pensar q por borrar sus labios del cristal ya estará olvidada para siempre?, ¿entonces q hace con todo lo q guarda dentro?, como le dice al corazón que la haga desaparecer, que no la recuerde, que no le duela su abandono, que aprenda a odiarla.
En la cocina, el vaso esta medio lleno y la botella medio vacía. Son las doce d la mañana, dos botellas de whisky barato mezclado con lagrimas d dolor, duermen derramadas sobre la mesa.
En el contestador cien mensajes de su psicóloga, dos de su madre, cuatro de su mejor amigo, ninguno de ella.
El frío se adueñó de su cuerpo medio muerto, la sangre de sus heridas está reseca. Alguien llama a la puerta, hace un intento para llegar hasta ella pero no puede.
Desde el suelo ve como un sobre se desliza bajo la puerta, se arrastra a duras penas, demasiadas heridas profundas y muy lentos los latidos. No hay nada escrito por fuera, la abre mientras se sujeta el pecho con una toalla haciendo presión.
Su visión es borrosa, en el interior está la foto que se habían quitado el día antes de su huída, también la pulsera que él le regaló, el pecho comenzaba a doler muy fuerte, siguió un poco más y se dispuso a leer una nota.
Querido Toni:
Sentimos no poder habernos comunicado antes contigo, fue imposible, mi hija era la única conocedora de tu existencia.
Sara falleció, dicen que no sufrió. Estaba en una exposición, parece ser que tuvo un accidente cerebro vascular mientras compraba El jardín del poeta.
Antes de morir dijo tu nombre, llevaba tu dirección escrita tras esta fotografía, también hemos enviado el cuadro, estamos seguros que es lo que ella hubiera querido.
Atentamente Adolfo (su padre)
Cuando se creía sin fuerzas algo en su interior le devolvió un suspiro, se puso en pie, sujetándose con la manilla de la puerta, dejó que se abriera sola, a sus pies, cayó un paquete envuelto a conciencia, allí mismo lo abrió, era el cuadro de Vicent van gogh, su preferido.
La noche que se conocieron, el admiraba ese mismo cuadro y deseaba poseerlo tanto, como a la chica que posaba tras el mostrador.
De rodillas y abrazado al cuadro, sentía que la culpa le arrancaba el alma.la poca sangre caliente que le quedaba brotaba por la herida nuevamente, sus ojos envueltos en llanto, se cerraban lentamente, un sueño agotador lo poseía.
Ahora descansa en paz consigo mismo


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