Mientras Carlos dormía en el sofá

Por Afrodita iluminada
Enviado el 24/03/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Hay que ver cómo se ponen de cachondos los hombres solo con nombrar el "culo" y más cuando mi novio me tiene en cuatro, follando mi coño con fuerza y con ganas de penetrar en mi virginal trasero.

Al muy desgraciado de vez en cuando se le iba su dedo juguetón directo a mi ano con la esperanza de que algún día le dijera que me follara el culo... pero sus intentos siempre eran en vano.

"Si quieres mi culo dame un anillo de compromiso", le decía en modo de chantaje a Carlos para extinguir sus ansias, mientras él me clavaba con su verga.

Carlos y yo tenemos una sólida relación de cinco años y es el amor de mi vida. Mis padres lo adoran, es un novio detallista, posee estabilidad económica, sabe coger y lo mejor: me ama.

Una tarde llegó de trabajar con una gran noticia, según él. Su gran amigo Juan Manuel había llegado de Francia después de siete años de trabajo y quería reunirse con nosotros esa noche.

En cuestión de minutos, Charlie (como le digo a Carlos de cariño) organizó una cena en un restaurante. Yo aproveché el tiempo y salí a comprar ropa. Conseguí un vestido negro ajustado y muy corto con tirantes en plateado y tacones del mismo color, perfecto para mi cuerpo de 25 años. Mientras me vestía, descarté la idea de usar ropa interior por ser tan marcado el traje. Planché mi cabello castaño oscuro y en las puntas le di unas ondas que caían muy bien hasta mi pequeña cintura.

Luego de un piropo de Charlie, tomamos el auto y llegamos al restaurante. Al rato se presentó Juan Manuel, quien desde el primer momento llamó mi atención. Es blanco, de unos 30 años, alto, ojos miel, cabello hasta los hombros en capas, con visos dorados, musculoso y con estilo bohemio; muy diferente a Carlos quien es trigueño, tamibén tiene 30 años, alto, ojos verdes, cabello oscuro con corte pixie, con cuerpo atlético y estilo ejecutivo.

Sentí como Juan Manuel miró descaradamente mi escote mientras Carlos le daba un abrazo.

-"Juancho, te presento a mi querida Laura", dijo Carlos.

-"Mucho gusto", conteste tomando su mano y apretando sus largos dedos.

-"El gusto es mío Laurita", afirmó como si acariciara con su lengua cada letra de mi nombre.

Ese 'Laurita' hizo que algo se revolviera dentro de mí. Luego de varias horas de buena comida, dos botellas de vino y una charla amena, Charlie propuso ir al apartamento y continuar con la reunión, idea que Juan aprobó y yo acepté.

Cuando llegamos a la casa que comparto con Carlos, mi novio fue a la cocina y Juan aprovechó para hablar conmigo. Me dijo lo bella que estaba y lo afortunado que era Carlos. Pero la frase que comenzó a lubricar mi coño fue "si yo tuviera una mujer como tú, no me cansaría de disfrutarla".

Carlos apareció un poco somnoliento e interrumpió con más vino. Tuve que ir corriendo a mi cuarto con la excusa de cambiar mis zapatos para poder disimular lo caliente que estaba, cuando de repente sentí las manos de mi novio en mi cintura y su boca besando mi cuello.

-"¡Por favor Carlos, tu amigo está en la sala!", le reclamé, pero al darme la vuelta me di cuenta de que el que acariciaba mi cuerpo era Juan Manuel. Sin decir una sola palabra Juan me besó los labios, de inmediato bajó su mano derecha y la metió por debajo de mi vestido. "Sabía que no tenías ropa interior y aparte estás mojada... mojada por mí... ¿verdad??, me preguntó el muy pervertido mientras me dejaba sin respiración estremeciendo mi cuerpo

-"¡Mi novio está afuera y puede llegar en cualquier momento!", exclamé cuando me regresó un poco el aliento.

-"No te preocupes, él piensa que estoy en el baño", dijo divertido.

En ese momento no me importó la fidelidad, los cinco años de relación o el amor que sentía por Carlos. Solo pensé en mí, en mi placer y en comerme a ese escultural hombre, quien me puso de espaldas, metió dos dedos de su mano derecha en mi concha, con la izquierda agarró una de mis tetas sobre el vestido y con sus movimientos hizo que me mojara.

"Córrete para mí... quiero chuparme los dedos llenos de tus jugos", susurró a mis espaldas mientras me aprisionaba con su cuerpo frente al espejo, en el que se reflejaba mi cara de placer. Por mi parte, yo podía sentir lo que parecía su gran polla entre mis nalgas.

Sus palabras fueron como órdenes porque enseguida me vine con squirt incluido. "Esto continuará", prometió mientras chupaba sus dedos y me dejaba en la habitación tambaleando y un poco mareada.

Al instante Juan regresó con una gran sonrisa y señaló "segunda parte... Carlos se quedó dormido en el sillón por culpa del vino". Sin ningún tipo de remordimiento me dejé follar por el mejor amigo de mi novio en nuestra cama.

Juan se quitó la ropa con premura, revelando una verga gruesa, de gran cabeza y roja. Enseguida me la metí en la boca mordisqueando la punta. Un gruñido se escapó de su garganta y aproveché para comérmela toda con fuerza. "mmm Laurita, qué buena eres", dijo mientras con mi mano masajeaba sus bolas y las lamia con mi lengua.

Después de mi oral, Juan me puso en cuatro, alzó mi vestido y dejó al aire libre mi culo, se escabulló entre mis piernas para destrozarme mi sexo. Sentí como su polla entraba con dificultad y mi coño trataba de asimilar su tamaño, mucho más grande que el de Carlos. Luego de varias embestidas con fuerza, Juan me dijo "quiero tu culo y a mí no me lo vas a poder negar", yo estaba tan cachonda por el momento que dejé que me lo rompiera. Abrió mis cachetes con su mano, escupió en mi ano para lubricarlo y despacio metió la cabeza de su verga. Al principio sentí un dolor extraño pero sabiamente Juan acarició mi clítoris y esas cosquillas distrajeron mi molestia. Cuando estuvo cómodo, me penetró tan duro que tuve que ahogar mis gemidos en las almohadas de la cama y clavar mis uñas en sus firmes piernas. "Me voy a venir y te voy a llenar de leche. Tienes el culo tan estrecho... ¡Qué delicia!", dijo antes de que ambos explotáramos en un orgasmo y yo quedara cargada de su semen, el cual se chorreó entre mis piernas después de que sacó su verga.

Cuando se ponía la ropa y yo acomodaba mi vestido tomé valor y le pregunté cómo sabía que yo aún era virgen. Él contestó: "no te llegas a imaginar de todo lo que hablamos entre hombres". Después de esa frase, Juan me dio un beso apasionado (con la promesa de un reencuentro), abandonó mi casa y yo corrí a los brazos de Carlos, quien seguía dormido en la sala.

Una vez acostados en la cama donde hacía pocos minutos me había follado a otro hombre, Carlos comenzó a tocar mi concha y sin avisó me metió su verga de cucharita. Nuevamente su dedo juguetón buscó mi culo, mientras susurró en mi oído "¿Te casas conmigo?".


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